Descubren una trinchera con restos de cinco combatientes de la Guerra Civil en Zeanuri

Los milicianos murieron en combate en abril de 1937, según miembros de la Sociedad Aranzadi dirigidos por el antropólogo forense Paco Etxeberria./Borja Agudo
Los milicianos murieron en combate en abril de 1937, según miembros de la Sociedad Aranzadi dirigidos por el antropólogo forense Paco Etxeberria. / Borja Agudo

Al proceder ayer la exhumación de uno de los cuerpos, localizado en una prospección rutinaria, han aparecido cuatro cadáveres más, presumiblemente, integrantes de un batallón comunista que «murieron en combate»

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Pedro San Millán Beitia tenía 27 años cuando su familia dejó de saber de él. Los suyos dieron por hecho, con esa amarga resignación que imponen los tiempos terribles, que el miliciano, natural de Elantxobe y vecino de Bilbao, había muerto. Se lo había tragado la guerra, como a otros muchos. Formaba parte del batallón Perezagua del Ejército de Euskadi, integrado en su mayoría por combatientes comunistas de la zona minera y la Margen Izquierda. Junto a otros compañeros, Pedro había sido enviado a la zona de Barazar en la primavera de 1937 para tratar de impedir el avance de los franquistas hacia Bilbao. Y su historia se pierde en este punto, en un lejano mes de abril... hasta ayer, cuando miembros de la Sociedad de Ciencias Aranzadi exhumaron unos restos humanos en el monte Altun, en la localidad vizcaína de Zeanuri, que resultaron ser los suyos.

Miembros de un equipo de prospección los había localizado hace dos meses en una exploración rutinaria de la zona, considerada durante la contienda una posición estratégica. Estaban en una trinchera, donde encontraron también una placa que tenía grabado el número 21967, lo que permitió su identificación. Un hallazgo relevante por sí mismo, pero que cobró un inesperado relieve al descubrirse que Pedro no murió solo. Al trabajar en el enclave, se han encontrado otros cuatro cuerpos, presumiblemente, compañeros suyos que, como él, «fallecieron en combate», afirman a pie de trinchera efectivos de la sección de Antropología de Aranzadi.

«Es uno de los mayores hallazgos he hemos realizado, nos va a proporcionar mucha información. En ocasiones hemos encontrado 12 ó 14 cuerpos, pero habían fallecido en accidentes, explosiones... no en combate, como ocurre en este caso», aclaran. De momento, los cuatro últimos cadáveres descubiertos no han sido identificados, aunque han aparecido más placas militares, que, después de restaurarse, podrían permitir poner algún nombre más. Un casco de acero, platos de aluminio y cubiertos, cartuchos, peines cargadores... los cinco fallecidos están rodeados de los enseres que usaban en su día a día. Llevan las botas puestas, bastante bien conservadas, una evidencia algo macabra de que algunos enseres humildes y cotidianos son mucho más resistentes que los cuerpos humanos al paso del tiempo. El equipo de Aranzadi, dirigido por el antropólogo forense Paco Etxeberria, trabaja en la zona para rescatar todos los vestigios posibles y descarta la existencia de más cuerpos en la trinchera.

«Para los familiares, por mucho tiempo que haya pasado, siempre es un momento emotivo cuando se encuentra a uno de los suyos» sociedad de ciencias aranzadi

Con el material recogido, tratarán de poner nombre a todos los fallecidos y recuperar su historia, esa que quedó enterrada en 1937 y que ahora sale a la luz, en un espléndido fin de semana de otoño, en forma de huesos y objetos embarrados. De momento, lo que tienen claro es que los milicianos perdieron la vida combatiendo. ¿Quién los enterró? A veces, el propio ejército franquista, al avanzar, dejaba a los enemigos muertos en la trinchera y les echaba tierra encima. Una tumba improvisada, casi siempre cavada por sus propios usuarios. «Otras veces, eran los vecinos de la zona quienes los tapaban para que no quedasen expuestos», explican desde Aranzadi. Un signo de humanidad en medio de una espiral de locura que dejó muchas biografías truncadas y gran cantidad de cabos sueltos en muchas familias. Algo que los miembros de Aranzadi tratan de 'arreglar', arrojando luz con sus investigaciones sobre episodios especialmente oscuros. Ayer mismo tuvieron ocasión de hacerlo: pudieron ponerse en contacto con los parientes de Pedro San Millán -el primer combatiente fallecido encontrado en la trinchera de Zeanuri- y 'zurcir' un roto en la historia de su familia. «Dimos con una sobrina. Sabía poco de su tío, que había muerto en la guerra y poco más -indican fuentes de Aranzadi-. Aun así, para los familiares, por mucho tiempo que haya pasado, siempre es un momento emotivo cuando se encuentra a uno de los suyos».

La exhumación

A la exhumación ayer de Pedro San Millán asistieron la directora del Instituto Vasco de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos 'Gogora', Aintzane Ezenarro, el alcalde de Zeanuri, Eusebio Larrazabal, y el parlamentario de Elkarrekin Podemos y secretario general del Partido Comunista de Euskadi, Jon Hernández, entre otros representantes y ciudadanos. Este domingo continuaban con los trabajos, aunque descartaban encontrar restos de más personas en este enclave del monte Altun, situado entre los puertos de Zumeltza (en Dima) y Barazar.

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