El Correo
Kukai triunfó en el Campos.
Kukai triunfó en el Campos. / David Herranz

Dos llenazos más

  • Dos propuestas diferentes de raíces actualizadas: en ballet vasco Kukai celebrando 15 años en el Teatro Campos, y el quinteto getxotarra de country asesino Dead Bronco, en el Kafe Antzokia

El sábado hicimos doblete. Antes de empezar la tarea devolvimos las invitaciones que no usamos en la Sala BBK, donde llenó la pianista japonesa de jazz Eri Yamamoto. Luego nos encaminamos al Teatro Campos, a una sesión del tercer festival Loraldia, a la protagonizada por Kukai & Lagunak, o sea por Kukai Dantza y un tropel de amigos colaboradores que se han juntado para cuatro fechas de celebración del 15º aniversario de la compañía de danza de Rentería. Era a las 8, llegamos con antelación y aun así nos recomendaron entrar de prisa a ver si había algún hueco en primera fila, que estaba todo lleno… ¡y la sesión no era numerada! Pues desde dos butacas centradas en la primera fila atendimos al show, bautizado ‘Adiskeak’ (compañeros), y desde ahí veíamos asomada a la gente expectante a los palcos y hasta oíamos los ‘croc’ de los tobillos batientes cuando los bailarines se adornaban en los saltos.

‘Adiskideak’ duró 103 minutos para una veintena larga de viñetas en los que el director Jon Maya y los suyos repasaron varios de sus espectáculos previos. Reconocimos números del desasosegante ‘Oskara’, del fascinante ‘Hostoak’, creo que de ‘Herritmo’… Faltó en el plantel anunciado el folklorista Juan Mari Beltrán, pero es que los partipantes van cambiando en estas cuatro representaciones: San Sebastián, Bilbao, Biarritz y Vitoria.

El arranque fue espectacular, digno de entrar en nuestra lista de lo mejor del año, con el piano de Iñaki Salvador cruzándose moderno con el DJ DZ, el tango de los dos chicos entreverado con la ezpatadantza, la aparición de una suerte de xilófono gigante propio de Les Luthiers, y la magia de las txalapartas de piedra de Oreka TX, tan sugerentes, tan consumibles por cualquier grupo humano en cualquier lugar del mundo.

El repaso a su coreografía sobre la muerte ‘Oskara’, con el invitado estelar Erramun Martikorena (el evocador cantor de Iparralde), a pesar de sus vahos tétricos mantuvo el nivel y el interés mediante las contorsiones de los bailarines y los cantos solemnes. Una sorpresa fue el baile en el patio de butacas sobre un baúl a hombros, y el afán ‘recopilatorio’ de este concierto danzado se dilató y se atascó con las viñetas más populares, las centrales, como las de las chavalas con los chales (una treintena de chicas en escena), el baile popular de plaza con atisbos de pasodoble, o el populismo de la canción grabada de Elvis.

Menos mal que por el epílogo remontó el asunto cuando regresaron Oreka TX con su magia, Iñaki Salvador con su piano, la voz enlatada de Mikel Laboa o vivimos la cima de la cita, con Erramun Martikorena cantando a solas ‘Xalbadorren heriotzean’ con el público coreándolo por entero. Muy bien, aunque poco largo este ‘Adiskideak’. Le habríamos metido tijera a los bailes populares del centro, pero seguro que hubo damas que fue lo más les gustó.

Broncobilly

Luego, tras abrevar por Ledesma en un bar de bocatitas carnívoros donde repetimos ronda porque pinchaban a Queen, AC/DC, Kiss y cosas así, llegamos a las 11 al Kafe Antzokia, en cuya taquilla ya estaba colgado el cartel de ‘entradas agotadas’. No pudimos ver a los teloneros de la velada, los Mamagigi’s, pero es que conocíamos a qué hora iban a salir los cabezas de cartel, Dead Bronco, superquinteto de Getxo (peña de General Lee, Dinamita Pa Los Pollos o el barbado Dani Merino en sus filas) liderado por Matt Horan, un treintañero inmigrante de Miami que canta con voz nasal vaquera, siente devoción por Hank Williams y suena a menudo como su nieto Hank III.

Los getxotarras Dead Bronco.

Los getxotarras Dead Bronco. / David Herranz

Fue un bolo estupendo de 27-28 temas en 92 minutos con la peña entregada: moteros con sus colores, chicas subiendo por las escaleras, el antifeatro superior lleno y todo el respetable bailando y ondeándose con el country rock genuino que Dead Bronco etiquetan como ‘broncobilly’. El sábado era el estreno oficial en casa de su cuarta rodaja, ‘Bedridden & Hellbound’ («‘Bedridden’ es cuando el medico te manda reposo total, y ‘Hellbound’ significa ‘destino, el infierno’. Este disco se escribió durante una época muy dura en mi vida», nos tradujo Horan), y los cinco forajidos superaron las altas expectativas. Sus temas cañeros tan cow-punk, esos torbellinos propios de persecuciones del Coyote al Correcaminos, con guiños, fusilamientos e inspiraciones en Hank III, el Reverendo Horton Heat (esas canciones de trenes…), Hank Wayne y si nos fuerzan Jason & The Scorchers, Slim Cessna’s Autoclub o el psychobilly crepuscular de Blood On The Saddle (por ejemplo el tema de su último clip oficial, el que nomina al álbum, ‘Bedridden & Hellbound’), títulos como ‘Keg Stand’ o ‘Stupid Man’, con el tupé de Horan agitándose endemoniado, la guitarra solista de Manu Heredia sin dejar de recorrer el mástil y la steel de Merino ora gañendo ora echando chispas, les salían estupendos, verosímiles y super exportables sin necesidad de estibadores, por la vía rápida. No en vano, van a tocar mucho este año por USA y Europa.

Pero si se descuidan, a Dead Bronco les quedan mejor los medios tiempos evocadores, esas composiciones redondas y también creíbles con regusto a Waylon Jennings, Johnny Cash, Wayne Hancock, Hank Williams II y hasta Carl Perkins y Jimmie Rodgers, en títulos tipo ‘Devil Woman’ o ‘Mama Tried’. Qué nivel, oigan.

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