La confesión de los menores del crimen de Otxarkoaga no aclara por qué se ensañaron con las víctimas

Un ertzaina conduce al segundo de los detenidos, de 14 años, al registro de su domicilio, en el barrio de Otxarkoaga./LUIS CALABOR
Un ertzaina conduce al segundo de los detenidos, de 14 años, al registro de su domicilio, en el barrio de Otxarkoaga. / LUIS CALABOR

Uno de ellos, de 14 años, está tutelado por la Diputación y sus padres se encuentran en prisión. El mayor y último de los arrestados, de 16, niega su participación en los hechos y alega que se quedó durmiendo en casa

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

Las declaraciones de los tres menores ante la fiscal de menores, que instruye el asesinato de Lucía y Rafael en su casa del barrio bilbaíno de Otxarkoaga, han aportado algunas luces al caso, pero también dejan sombras. Mientras que los dos primeros detenidos, ambos de 14 años -miembros de familias desestructuradas-, han asumido que entraron a robar en el domicilio del matrimonio octogenario, ubicado en el número 16 de la calle Zizeruena, ninguno de ellos confiesa que cometiera los crueles crímenes de los dos ancianos de 87 años, según ha podido saber este periódico en fuentes cercanas al caso.

El considerado por los investigadores como autor material de los homicidios, detenido el domingo de la semana pasada en Balmaseda, donde estaba escondido en la casa de un tío, alega que estaba «empastillado» y bajo el efecto de drogas y alcohol. Así, dice que sufre una laguna mental que le impide «recordar» lo que hizo aquel día. Admite que, en compañía del otro chico de su edad, treparon por una tubería de la fachada y entraron en el segundo piso del matrimonio por una ventana trasera que aseguran «estaba abierta» en ese momento. Según la autopsia practicada a los cadáveres, los asesinatos debieron de perpetrarse entre las nueve y las diez de la mañana del pasado día 18, jueves, cuando ambos deberían estar en clase. No llevaban guantes ni tomaron otras medidas de seguridad, por lo que dejaron numerosas huellas dactilares en la vivienda de las víctimas.

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Este joven, cuyos padres se encuentran en prisión cumpliendo condena y que está tutelado por la Diputación vizcaína, confesó que había cometido otros robos similares en domicilios con anterioridad, aunque aseguró que siempre que encontraba gente dentro echaba enseguida a correr. Su abuelo y una educadora social le acompañaron en su estancia en la comisaría y en dependencias de la Fiscalía.

Se encontraba fugado desde hace meses del último centro foral de protección en el que había ingresado -con anterioridad ya había escapado de otros-, y había llegado a dormir en portales y en casas de amigos. Pesaba sobre él una orden de detención desde noviembre por haber pegado a un profesor del colegio de Otxarkoaga y a varios alumnos. No hacía ningún caso a los educadores sociales que le intentaban reconducir. De hecho, la noche previa al crimen, pernoctó en la casa del tercer arrestado, de 16 años y vecino de las víctimas.

Los tres arrestados se encuentran en el centro de Zumarraga, donde no tienen contacto entre ellos

El segundo detenido -que fue entregado por su familia a la Ertzaintza en la gasolinera de Miribilla la tarde del domingo de la semana pasada-, ha declarado que entró con su amigo a robar en la vivienda, también bajo el efecto de pastillas, aunque asegura que su cometido pasaba exclusivamente por registrar el domicilio en busca de joyas y dinero, y que salió corriendo sin ver nada más. Después se repartieron el escaso botín de dinero y joyas que habían conseguido. También este adolescente ha estado bajo la tutela foral, aunque en la actualidad tenía la custodia su madre.

La Diputación ejerce la tutela cuando no hay progenitores ni familiares que puedan hacerlo. Suelen ser casos relacionados con graves problemas mentales y drogadicciones severas. Según explican fuentes forales, la institución actúa en cuanto tiene conocimiento de que un adolescente puede estar en situación de desprotección o desamparo y se intenta que el tiempo en los centros sea el menor posible.

Denuncia por amenazas

Por su parte, el tercer arrestado, que se presentó en la subcomisaría de Zabalburu el pasado lunes, niega su participación en los crímenes. Sostiene que cuando el otro implicado se fue de la casa de su madre donde habían pasado la noche, él se quedó dormido. Rechaza que realizara labores de vigilancia o que planificara el robo con los otros dos implicados marcándoles el objetivo, aunque, curiosamente, reconoce que no salió de casa hasta cinco o seis días después de los asesinatos. Su madre ha denunciado ante la Ertzaintza que ha sufrido amenazas y que el nombre y la imagen de su hijo se han hecho públicas en las redes sociales, por lo que valora cambiarse de domicilio al sentirse «en peligro».

En su contexto

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Los juzgados de menores de Bilbao procedieron el pasado 9 de enero, antes del doble crimen de Otxarkoaga, a recordar la vigencia de una treintena de órdenes de búsqueda y captura de adolescentes infractores, dictadas en 2016 y 2017, de las que unas 20 están sin cumplir, según explicó el juez decano, Aner Uriarte. Estas órdenes persiguen que los menores sean localizados para su ingreso en un centro.
Reunión de coordinación
Uriarte anunció que convocará una reunión de coordinación con los distintos operadores «implicados en justicia de menores» para analizar posibles mejoras a abordar. El decano recuerda que los jueces centrados en este colectivo están en contacto con los fiscales, los servicios sociales, la Diputación y los centros.
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Bilbao cuenta con dos juzgados de menores y con tres fiscales, una cifra «insuficiente», a juicio del coordinador de fiscales de menores del Tribunal Supremo, Javier Huete, que ejerció como fiscal antidroga en la capital vizcaína hasta 1996.
Madrid
Con seis millones de habitantes, la capital madrileña dispone de nueve fiscales de menores en el área de protección y de tres en el de reforma. Estos profesionales instruyen las investigaciones de todos los delitos protagonizados por menores, y también llevan el control administrativo en los casos en que la Diputación provincial detecta una situación de riesgo o de desamparo.

Los tres chavales se encuentran en el centro de internamiento cerrado de Zumarraga, donde les envió la titular del juzgado de menores número 1, a petición de la fiscal, y donde no tienen contacto entre ellos. Sólo han salido de allí para los registros domiciliarios en Otxarkoaga y Balmaseda del pasado jueves, y uno para volver a declarar.

Los responsables de la investigación de la Ertzaintza esperan a conocer el resultado de los análisis de las evidencias biológicas para clarificar la participación de cada uno en el doble asesinato. Se recogieron más de 350 muestras en la vivienda, muchas de ellas restos de sangre que serán cotejadas con el ADN de las víctimas y de los acusados. La Policía también cuenta como pruebas incriminatorias con algunas prendas de vestir, huellas dactilares y de calzado y testimonios de personas que aseguran haberles visto por la zona.

Uno de los dos chicos más jóvenes alega que estaba «empastillado» y que sufre lagunas de memoria

Ninguno de los testimonios de estos tres jóvenes ha aclarado, sin embargo, la violencia extrema con que se cometieron los crímenes. «¿Era necesario para robar acuchillar, tirar al suelo, patear, romper la cabeza?, ¿qué criterios están operando en estos chicos?», se pregunta horrorizado el coordinador de fiscales de menores del Tribunal Supremo, Javier Huete, que conoce la realidad bilbaína ya que ejerció como fiscal antidrogas en la capital vizcaína hasta 1996, cuando, amenazado por ETA, se trasladó a Madrid. En su opinión, la violencia «desmesurada» refleja «una pérdida del valor de la dignidad humana» y aprecia detrás «la influencia de elementos externos del tipo videojuegos, donde la violencia es el primer recurso».

Mientras la Diputación vizcaína mantiene el silencio, Huete advierte de que en este caso puede haber habido un error de diagnóstico del equipo técnico, que «no detectó la realidad de estos chicos».

El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha anunciado firmeza y más medios al aprobar un plan de seguridad, que incluye 25 medidas, entre ellas un incremento de la plantilla de la Policía Municipal. Una de las primeras acciones para intentar diluir la alarma social ha sido aumentar el número de efectivos que patrullan el barrio, a pie y en coche, en la última semana. «Nunca ha habido tantos policías en Otxarkoaga», comentan los vecinos.

Dos detenidos, con las mismas zapatillas de marca nuevas

Los dos primeros detenidos el domingo de la pasada semana, ambos de 14 años, aparecieron en la comisaría de la Ertzaintza en el barrio de Ibarrekolanda con las mismas zapatillas ‘Nike’, de color amarillo, con la suela blanca y reluciente, recién compradas. Los chicos llevaban varios días en paradero desconocido. Uno fue arrestado en Balmaseda, oculto en casa de un tío, y el otro fue localizado por su familia en un municipio próximo, en Güeñes, sentado en un banco y aturdido. En la vivienda donde se cometieron los crímenes se han localizado huellas de pisadas con restos de sangre y la Ertzaintza analiza unas zapatillas incautadas en uno de los registros domiciliarios.

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