«Doña Letizia se llevó tomates a casa»

Los Príncipes se mostraron cordiales y con apetito en el almuerzo celebrado el jueves en Bilbao

JOSÉ MARI REVIRIEGOBILBAO.
Feli Prada pone en manos de su marido, Abelardo García, gestores de la 'La Viña' de Henao, una bandeja de anchoas rebozadas. ::                             MIREYA LÓPEZ/
Feli Prada pone en manos de su marido, Abelardo García, gestores de la 'La Viña' de Henao, una bandeja de anchoas rebozadas. :: MIREYA LÓPEZ

Los Príncipes de Asturias se llevaron un buen sabor de boca de su visita a Bilbao, celebrada el jueves pasado con motivo de la presentación de la Fundación Girona en el Palacio Euskalduna. En su quinta comparecencia oficial en el País Vasco en lo que va de año, se mostraron devotos de la cocina casera en un almuerzo organizado en el restaurante 'La Viña' de la calle Henao, uno de esos locales con un puñado de mesas y aires de tasca de toda la vida que ofrece las viandas en bandejas y cazuelas de barro. Don Felipe y Doña Letizia compartieron mesa y mantel con el alcalde, Iñaki Azkuna, anfitrión de la cita y del siguiente menú de raíz vizcaína: ensalada de tomate, bacalao al pil-pil, rape a la plancha y, de postre, torrijas. Todo ello regado con txakoli y un tinto de Rioja alavesa. Tanto les debió gustar que la Princesa quiso de alguna forma rememorar los sabores en La Zarzuela. «Se llevó en una bolsa unos tomates de la huerta para casa», recuerdan los propietarios del establecimiento.

Pero antes de la celebración de la comida se produjo toda una labor de preparación y protocolo real. 'La Viña' de Henao es gestionada desde hace cinco años por la pareja formada por Feli Prada Rodríguez y Abelardo García Salvador, junto a sus dos hijas y una empleada en la cocina. En sus paredes cuelgan fotos de comensales como el propio Azkuna, el ex consejero de Interior y ex presidente del Parlamento vasco Juan Mari Atutxa, las actrices Concha Velasco y Ana Duato, y ex jugadores del Athletic como Andoni Goikoetxea. Sin embargo, nunca habían tenido una visita tan distinguida como la del heredero de una Corona.

La asistencia de los Príncipes de Asturias 'se cocinó' días antes en la más absoluta discreción. Primero, un representante municipal preguntó a los gestores si estaban dispuestos a cerrar el local para atender a unos clientes «muy importantes». Después, les desvelaron su identidad. «Me sorprendió, pero nos dijeron que les ofreciéramos nuestra cocina de siempre», explica Abelardo. Por protocolo, les dieron unas lecciones rápidas de cómo dirigirse a unos Príncipes: Alteza o Don y Doña.

A medida que se acercaba la cita, se registraron algunos cambios de mobiliario urbano en las inmediaciones. Los equipos de limpieza pulieron la acera y retiraron temporalmente por razones de seguridad los contenedores y las papeleras. El jueves a las 13.30 horas, después de una visita a una empresa de Mungia, entraron por la puerta los Príncipes junto al alcalde, acompañados por asesores del Ayuntamiento y de la Casa Real. En la mesa del centro se sentaron codo con codo Don Felipe y Doña Letizia. De frente, Azkuna, que hizo de maestro de ceremonias y se encargó de repartir las viandas en los platos de sus dos ilustres invitados. A la entrada y al fondo del establecimiento se sentaron el resto de asistentes, en un intento por crear cierta privacidad. Apenas hay seis mesas y la barra está al lado.

Cazuela de morros

«Al entrar nos saludaron a todos muy cordialmente. Se mostraron encantadores, sencillos, como es la mayoría de la gente. Con normalidad», destacan los dueños. La Princesa se interesó por la cocina y recordó que en su tierra, Asturias, el rape, conocido como 'sapito' en Euskadi, se llama 'pixín' y se come rebozado en taquitos. Además de cultura gastronómica, Doña Letizia mostró apetito, lo que desmiente de alguna forma las especulaciones sobre su escueta alimentación. No se privó de probar unos morros que había en una cazuela, una de las especialidades de la casa. Luego, el menú. Los platos volvieron vacíos de regreso a la cocina.

«Comieron bien. La cocina casera les gustó», subrayan los gestores. Tras despedirse de los propietarios y del resto de trabajadores, los Príncipes dejaron el local a las 15.45 horas para reposar algo en un hotel antes de la presentación de la Fundación Girona en el Euskalduna.