La Bizkaia de la Edad del Hierro

El castro de Arrola abre una ventana al mundo indígena del Cantábrico de hace 2.200 años, antes de la invasión romana

L.A. GÁMEZ , @LAGAMEZBILBAO
Recreación de la puerta de entrada al castro de Arrola. / Fernando G. Baptista./
Recreación de la puerta de entrada al castro de Arrola. / Fernando G. Baptista.

Tenían telares, juegos de mesa, molinos de mano, útiles de labranza y armas de hierro, joyas de bronce... Los habitantes de la Bizkaia de la Segunda Edad del Hierro, allá por el año 300 antes de Cristo, disponían ya de los mismos avances que después tendría un romano y, más tarde, un europeo de la Alta Edad Media. "Ya estaba todo inventado", indica Mikel Unzueta, arqueólogo de la Diputación de Bizkaia.

En lo alto de un monte a caballo entre Nabarniz, Arratzu y Mendata, Arrola es el mayor poblado de Bizkaia y el más importante del Cantábrico oriental de la época. Ocupa 8 hectáreas, en las cuales puede apreciarse que estuvo fuertemente fortificado. "Como tenía muy buenas defensas, es el castro mejor conservado del País Vasco". Por eso, ofrece una oportunidad única para asomarse al mundo indígena de hace 2.200 años, plasmado en una exposición que ha podido verse en el Museo de Arqueología de Bizkaia y que en junio se instalará con carácter permanente en las inmediaciones del yacimiento.

Culturas superpuestas

La Bizkaia de la Edad del Hierro estaba salpicada de castros, poblados amurallados situados en lo alto de montañas para la protección de sus habitantes. Cultivaban trigo, centeno y panizo, pastoreaban ganado vacuno, ovino y porcino, practicaban la minería y comerciaban con otros enclaves similares, con los que intercambiaban materias primas como el hierro, útiles de metal y cerámica.

La cultura castreña, como antes la agricultura y la ganadería, había llegado a la Península desde Centroeuropa. Influencias indoeuropeas se habían incorporado a la cultura indígena de la Edad del Bronce que habían encontrado a su paso, que a su vez era fruto de mestizajes anteriores debidos a otras migraciones. "Hay espacio para todos. Las culturas se mezclan y se superponen", explica Unzueta.

Traen los castreños una lengua indoeuropea que influye en las indígenas y bautiza ríos como el Deba, el Nervión, el Oka y el Barbadún. Será el idioma de Bizkaia hasta la llegada de los romanos con el latín, que a su vez será sustituido por el euskera que llegará con otros inmigrantes hacia el siglo VI, según los últimos estudios.

Una sociedad compleja

"La estructura social es ya compleja, con reyezuelos, una especie de pequeña 'aristocracia', una élite religiosa y el campesinado y los artesanos". Los diferentes poblados conviven y compiten por los recursos naturales, y se fortifican ante posibles ataques. Y es que, al margen de ocasionales alianzas, no hay una organización mayor que ponga orden. "Además de como protección, las murallas son identitarias. Son muy monumentales porque dan prestigio".

Las defensas del castro más grande de Bizkaia son impresionantes. "Arrola tuvo que ser un poblado capital", apunta Unzueta. Estudiado en 1827 por Martín Novia Salcedo y Antonio de Echevarria, ha sido excavado parcialmente desde 2009 dentro de un proyecto conjunto de la Diputación de Bizkaia y la Universidad del País Vasco. Su puerta está considerada como "uno de los mejores ejemplos de fortificación de entrada de todo el norte de la Península". Convierte el acceso al poblado en un laberinto en el que el forastero está a expensas de los defensores.

Los arqueólogos calculan que Arrola pudo llegar a tener unos 400 habitantes. Vivían en casas apoyadas en la muralla, edificios rectangulares de unos 20 metros cuadrados, construidos sobre zócalos de piedra, con paredes de barro y techumbre de paja. La muralla era uno de los lados cortos del rectángulo -hacía las veces de pared trasera-, y cada casa compartía las paredes laterales con otras dos cabañas. Una réplica de una vivienda puede verse en la exposición, con todo su equipamiento.

Bajada del monte

La muestra incluye piezas de cerámica, útiles de hierro, adornos de bronce y el ajuar completo de un guerrero, que solía llevar dos lanzas. "Básicamente, son infantes". Un par de estelas ágrafas con decoraciones geométricas simbolizan la necrópolis de Arrola, que todavía no se ha encontrado y donde descansaban en piezas de cerámica las cenizas de aquellos hombres y mujeres. La exposición montada por la Diputación de Bizkaia podrá visitarse a partir de este verano en el propio yacimiento y ayudará a que nos acerquemos a un mundo que desapareció con la romanización, en el siglo I.

"Entonces, cambia el paradigma del poblamiento. Ya no hace falta vivir en lo alto de un monte para protegerse", explica Unzueta. Roma pone orden entre los indígenas del norte peninsular. Todos formarán parte del Imperio, abandonarán los castros y bajarán a las orillas de los ríos y de la costa. El Imperio construirá los puertos del Cantábrico, que servirán en Bizkaia para dar salida al hierro, la madera y contingentes militares, además de como apoyo a la ruta comercial atlántica. Y que abrirán el norte peninsular al mundo.

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