El filósofo que quiso ser futbolista

Miembro de una conocida familia donostiarra, deberá aplicar la reforma de Bolonia

ANTTON IPARRAGUIRRE
Gabilondo ha desarrollado toda su vida profesional en la Universidad Autónoma de Madrid. / ROBERTO RUIZ/
Gabilondo ha desarrollado toda su vida profesional en la Universidad Autónoma de Madrid. / ROBERTO RUIZ

El nuevo ministro de Educación y Universidad, Ángel Gabilondo Pujol, nació el 1 de marzo de 1949 en la calle Churruca de San Sebastián. Su familia es muy conocida en la ciudad, ya que su padre era propietario de una carnicería en la ciudad. Es el quinto de nueve hermanos. Estudió en el colegio Sagrado Corazón de Mundaiz -incluso llegó a dar clases como fraile en los Corazonistas de Vitoria- y se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) en 1980 con una nota de sobresaliente. Es un apasionado del fútbol, tal vez por eso entiende la vida «como un juego de acción volcado a los otros».

Y como buen donostiarra, se confiesa forofo de la Real Sociedad. Recuerda con cariño el regalo de su padre cuando hizo la Primera Comunión: un carné de socio del club txuri urdin. De pequeño disputó torneos de fútbol playero e incluso partidos importantes de juvenil en el añorado campo de Atotxa de centrocampista, aunque admite ser «un delantero frustrado». También desarrolló su afición en Madrid mientras estudiaba la carrera e incluso después de ser nombrado rector de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Está casado y tiene dos hijos, Román, de 23 años, y Hugo, de 20.

Vuelve varias veces al año a San Sebastián para visitar a su familia, pero al contrario que su hermano -el conocido periodista Iñaki Gabilondo- sus estancias se circunscriben al ámbito privado. No es miembro de ninguna sociedad gastronómica ni participa en eventos festivos como la tamborrada. Reconoce, sin embargo, tener «la enfermedad de admirar Donosti».

Desde Madrid sigue con detalle la actualidad vasca y sobre la violencia tiene claro que «hay que buscar fórmulas de consenso y reconciliación». «Los vascos somos el remedio», sostiene. Sobre su forma de ser, Ángel Gabilondo se propone «llegar un día a ser sencillo». Su receta para vivir es «cuidar los detalles, darle mucha intensidad a cada instante». Le gusta nadar y confiesa que no tiene carné de conducir.

Este hombre «de frente despejada», como bromea él mismo, es calificado desde su entorno como muy trabajador, dialogante, tímido, de hablar convincente y sosegado y de gestos amables. A partir de ahora, como nuevo ministro de Educación y Universidad, podrá poner en práctica su máxima de que «en política me interesa la innovación, lo atrevido y lo discutible».

Gabilondo será el encargado de recuperar el 'viejo' Ministerio de Educación, incluidas las competencias sobre universidades que le quita a su paisana Cristina Garmendia. Deberá enfrentarse a un escenario de pancartas, manifestaciones y alumnos encerrados en las facultades, imágenes que aparecen en la fotografía de la universidad española en los últimos meses. El motivo, el 'plan Bolonia' o, lo que es lo mismo, la transformación total de las universidades europeas para que usen el mismo sistema educativo. Desde Cádiz hasta la sueca Uppsala. Y para defender esta política paneuropea, el presidente del Gobierno ha sacado de las aulas a un hombre hecho desde y para la universidad: Ángel Gabilondo.

Tesis sobre Hegel

El nuevo ministro ha desarrollado toda su carrera profesional en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), donde se estrenó como docente colaborador el 1 de octubre de 1980. Tres años después pasó a ser adjunto interino de Metafísica, Ontología y Teodicea y en 1986 cuando fue ascendido a profesor titular de Filosofía (Metafísica). El 9 de febrero de 1983 se doctoró en la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis sobre Hegel titulada 'El concepto como experiencia y sistema', para lo que residió durante un tiempo en las localidades alemanas de Bremen y en Bochum. Obtuvo la nota de sobresaliente con opción a premio.

Desde 2001 es catedrático de Metafísica, asignatura que impartía hasta ayer, junto a las materias optativas de Hermenéutica y Teorías de la Retórica y de Pensamiento francés contemporáneo. De hecho está considerado como uno de los mayores especialistas esta última disciplina.

Fue elegido rector de la UAM el 27 de abril de 2002. Su eslogan fue «hacer universidad de otro modo, sin exclusiones, innovadora y que se involucre en lo social». En 2006 fue reelegido para un segundo y último mandato, ya que los estatutos de la UAM establecen un máximo de dos. Entonces manifestó: «Hay que mejorar en la búsqueda de una mayor cercanía a los asuntos cotidianos de la vida universitaria y es necesario abrir un debate sobre la incorporación de la Autónoma al espacio universitario europeo».

Respetado y apreciado

Tras presidir la organización de responsables de las universidades de Madrid (CRUMA), de 2004 a 2006, Gabilondo fue designado como máximo responsable de la Conferencia de Rectores de España (CRUE), que aglutina a 50 universidades públicas y 24 privadas. Para este último cargo, Gabilondo fue el único candidato que se presentó y contó con un respaldo de 58 votos de los 62 asistentes.

Ángel Gabilondo defiende la creación de redes entre los distintos centros universitarios y que la colaboración «esté por encima de la división autonómica». «No podemos aspirar a que todo el mundo que estudie en España haga un máster», sostiene. También considera erróneo «investigar sólo lo que requiera el mercado».

Sus compañeros en la CRUE destacaron ayer el hecho de que el nuevo titular de Educación y Universidad sea «una persona conocedora de sus problemas». Incidieron sobre todo en que Gabilondo es «respetado y apreciado» por todos los rectores de las universidades españolas, tanto públicas como privadas, ya que consideran que ha realizado «una gran labor» al frente de la institución. «Es una persona muy querida entre los docentes y universitarios por su capacidad de aglutinar y de respetar la pluralidad», destacaron.

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