Osakidetza, 35 años de salud y solidaridad

El hospital de Basurto pasó a Osakidetza en 1992./E.C.
El hospital de Basurto pasó a Osakidetza en 1992. / E.C.

El Servicio Vasco de Salud afronta el reto de responder al desafío de una sociedad muy envejecida y, por tanto, con más enfermos

María José Carrero
MARÍA JOSÉ CARRERO

En mayo de 1983 el Parlamento vasco daba a luz al Servicio Vasco de Salud. Euskadi, con Carlos Garaikoetxea de lehendakari, se convertía en la primera comunidad autónoma que iba a gestionar su Sanidad. Al organismo encargado de hacerlo se le bautizó con el nombre de Osakidetza, un término difícil de pronunciar al principio para la gran mayoría de los ciudadanos, pero que no era gratuito: «El origen semántico de su denominación euskérica refleja las ideas de salud y solidaridad», dice la ley 10/1983 del 19 de mayo que aprobó la Cámara de Vitoria un jueves «en un ambiente de consenso», decían los periódicos de entonces.

El nuevo organismo era muy pequeño. Su principal misión era gestionar los hospitales denominados 'del tórax': Santa Marina, en Bizkaia; Amara en Gipuzkoa; y Leza en Álava. Tres centros sanitarios que tenían el estigma de cuidar a pacientes de tuberculosis, una enfermedad que todavía evocaba demasiado a la postguerra. Pero, además, debía ir dando pasos para asumir las grandes transferencias que estaban por llegar. La plantilla inicial no alcanzaba las 1.000 personas. Hoy supera las 33.000, entre personal fijo (25.600) y eventual.

Las transferencias

A partir de 1985 y como consecuencia de la Ley de Territorios Históricos (LTH), comienzan a llegar transferencias. Hasta ese momento, una serie de servicios asistenciales dependían de las diputaciones. De esta forma, se incorporaron a Osakidetza los hasta entonces hospitales provinciales de Gipuzkoa, de Álava (Santiago) y de Bizkaia (Gorliz), así como los psiquiátricos de Bermeo, Zaldibar, Zamudio y Las Nieves. Más tarde se integró el comarcal del Alto Deba. Estas incorporaciones supusieron tener más de 4.000 trabajadores.

La Sanidad vasca alcanzó la mayoría de edad el 1 de enero de 1987, cuando entró en vigor la transferencia de los centros de salud, ambulatorios, servicios y personal procedentes del desaparecido Instituto Nacional de la Salud (INSALUD), entre los que destacaban los tres grandes hospitales de Cruces, Aranzazu y Txagorritxu. Se sumaron así a la red otros 14.000 trabajadores. Tan solo restaban por incorporarse los servicios sanitarios municipales, como el hospital de Basurto, en 1992, y el Instituto Social de la Marina, cuatro años después.

El acelerador lineal puesto en marcha en Cruces el lunes pasado.
El acelerador lineal puesto en marcha en Cruces el lunes pasado.

Las inversiones han sido constantes para modernizar instalaciones e incorporar las últimas tecnologías porque, desde sus orígenes, una de las vocaciones de Osakidetza ha sido ofrecer servicios sanitarios como los de los países europeos más avanzados. 35 años después, aquella población joven que, con sus impuestos, empujó el crecimiento del sistema sanitario se ha hecho mayor. El reto ahora es responder a las necesidades de una sociedad envejecida y que, por tanto, demanda más atención.

En estos momentos, la organización está conformada por 321 centros de salud, once hospitales de agudos, tres de media y larga estancia, más los psiquiátricos y los centros de investigación. ¿Va a seguir creciendo? De momento, parece que hay margen. A final de año abrirá sus puertas un hospital de media estancia (enfermos crónicos) en Eibar. Y días después, se incorporará a la red el Oncológico de San Sebastián.

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