Líos de 'famiglia'

Marella y Lapo, durante un funeral./Reuters
Marella y Lapo, durante un funeral. / Reuters

La muerte de Marella, la matriarca del clan Agnelli, recrudece los enfrentamientos en la saga más poderosa de Italia

IRMA CUESTA

A seguran que Marella Caracciolo di Castagneto tardó cinco minutos en enamorarse. A Gianni Agnelli, el todopoderoso empresario, dueño del mayor imperio industrial de Italia, le bastaron esos 300 segundos para que la hija del duque Filippo, miembro de una estirpe que llegó a reinar en Nápoles, le jurara amor eterno. Guapo, culto e inmensamente rico, Gianni fue hasta el último día de su vida la destilación perfecta de todo lo que se le supone a un príncipe transalpino: atractivo, elegante, poderoso y crápula.

La propia Marella ha contado que aprovechó que un accidente de coche obligó a Gianni a permanecer en la cama durante casi un año para convencerle de que ella era la mujer llamada a convertirse, si no en la mujer de su vida, porque habría otras muchas, en su esposa; en la madre de sus hijos y, con el tiempo, en la matriarca de una dinastía acostumbrada a navegar, al más puro estilo clásico, entre el éxito y la tragedia. Elegante y sofisticada, fue el último miembro de selecto 'club de cisnes' que creó Truman Capote.

Hace unos días, cuando Italia despedía a la jefa del clan, fallecida en Turín a los 92 años, los analistas que aventuran una nueva y cruenta guerra por su herencia se apresuraron a recordar que el día en que la elegante Marella se casó con el carismático Gianni confluyeron dos mundos privilegiados. Por parte de la novia, el de la rancia aristocracia italiana; por parte del novio, el de la poderosa estirpe de industriales del norte, fundadores de la Fiat y lo más parecido a una familia real en la República de Italia.

La historia de esta dinastía de príncipes sin corona comenzó a escribirla Giovanni Agnelli, un chaval espabilado crecido en una próspera familia dedicada a criar gusanos de seda y que nunca se conformó con la carrera militar que parecía haberle preparado el destino. Impresionado por lo que había visto durante una visita a la Exposición Universal de Turín, Giovanni montó un taller en el sótano de su 'palazzo' en Verona y empezó a darle vueltas a la idea de crear un sofisticado motor de explosión. Hasta que un buen día el improvisado taller saltó por los aires y él decidió volver a casa. En Turín le esperaba una larga vida que repartiría entre la política y los negocios. En 1899 fundó la Fabrica Italiana Automobili Torino (Fiat) y, con el tiempo, los suyos se convirtieron en la versión piamontesa de los Medici.

Los Agnelli han pasado por todo lo imaginable para mantener a salvo una fortuna incalculable. Un imperio en el que, además de la Fiat, una de las empresas de automoción más importantes del mundo, destacan el Grupo Industrial Fiat, el Grupo C&W, el Grupo Alpitour, fuertes inversiones en Ferrari, los diarios 'The Economist' y 'La Stampa' y, por su puesto, la Juventus. A la 'Vecchia Signora' es imposible entenderla sin la 'famiglia'.

Los 'principes' Agnelli: John, que dirige el imperio familiar; Lapo, con traje naranja y Ginevra, la más discreta. / Reuters/ AFP

Marcados por la tragedia

Como si el destino insistiera en recordar que los cuentos de hadas no existen, mientras los Agnelli amasaban ingentes cantidades de liras una suerte de maldición se prendería a ellos para siempre. El primer gran golpe llegaría con la muerte de Edoardo, el hijo de Giovanni y el hombre llamado a heredar las riendas del imperio cuando su padre ya no estuviera. El delfín millonario murió decapitado por una hélice el 14 de julio de 1935 cuando regresaba de Forte dei Marmi en el hidroavión de su padre, un Savoia-Marchetti S.80 que pilotaba Arturo Ferrarin, que resultó ileso. Aquel accidente, además de vestir de luto a los Agnelli, convertiría en heredero a su nieto Gianni. El hijo mayor de Edoardo sería el jefe de Fiat desde 1966 hasta 2003 y el encargado de convertir a la compañía en la empresa más importante de Italia. Quienes lo conocieron aseguran que fue un hombre vital, irónico, seductor, impetuoso; un playboy que adoraba el mar, a la Juve y a las mujeres (no necesariamente por ese orden), al que pocas veces vieron abatido aunque tuviera que superar la muerte de su padre cuando solo tenía 14 años; la desaparición de su madre, estrangulada por su pañuelo en un accidente de coche, y mucho más tarde la de su único hijo varón. Los italianos, que mostraron sus respetos al empresario el día de su sepelio (150.000 personas pasaron ante el féretro), lo convirtieron en el símbolo de lo que Italia era capaz de hacer; en una especie de alegoría del renacimiento.

El 'auténtico rey de Italia', como le bautizó Federico Fellini, apuntaló su imperio mientras construía una familia con Marella y atendía a su interminable cadena de conquistas. El problema llegaría a su muerte, tres años después de que el cuerpo sin vida de su hijo Edoardo fuera encontrado a los pies del acueducto Fossano, en la autopista Turín-Savona. Tenía 46 años y nunca se sintió a gusto con su vida.

Como si ambas pérdidas no fueran suficientes, Marella y su hija, Margherita, se enfrentaron entonces en una lucha sin cuartel por la herencia que hizo trizas la poca paz que le quedaba a la familia. Tras meses de batallas intestinas, la matriarca y su única hija firmaron un acuerdo que dejaba en manos de Margherita buena parte de la larga lista de palacios, casonas, viñedos y obras de arte de los Agnelli, y la alejaba del conglomerado Fiat, la auténtica joya de la corona, cuyo timón llevaba entonces John Elkann, el mayor de los tres hijos que Margherita tuvo con su primero marido. De hecho, John, el controvertido Lapo y la discreta Ginevra Elkann son ahora los 'príncipes' Agnelli, enfrentados a una madre que nunca se dio por satisfecha con el acuerdo y que, quince años después, sigue reclamando en los tribunales lo que cree que le corresponde.

Aseguran que a John, actual jefe de la casa, no le gusta la notoriedad. Casado con Lavinia Borromeo –hermana de Beatrice, la mujer de Pierre Casiraghi–, tomó las riendas del imperio a los 30 años al morir Umberto, el hermano de su abuelo, cuando la cosa pintaba fatal. En contra de lo que algunos supusieron, John ha logrado devolverle la fortaleza de sus mejores tiempos aunque fuera Lapo el ojito derecho su abuelo, tal vez por ser el más parecido a él.

Un secuestro fingido

Abonado a los excesos y los escándalos, Lapo dio el campanazo cuando fue detenido en Nueva York en 2016 por fingir presuntamente su propio secuestro para conseguir 10.000 dólares con los que pagar 48 horas de sexo, drogas y alcohol en compañía de una prostituta. Dos años después, asegura haber madurado y encontrado la estabilidad al frente de Italia Independent, una óptica especializada en gafas de diseño 'made in Italy' de la que es fundador y con la que ya ha ganado un montón de dinero.

Quien siempre ha mantenido un perfil bajo es la hermana de ambos, Ginevra. Cineasta, miembro del comité asesor de Christie's y de los comités de adquisiciones de la Fundación Cartier, tampoco ella parece estar de acuerdo con su madre aunque, según la legión de 'expertos Agnelli', lo único que quiere Margherita es que la tengan en cuenta; a ella, y a los cinco hijos que ha tenido en su segundo matrimonio. Los mismos que aseguran que a los Elkann no les costaría demasiado tener un gesto con su madre y devolver la paz a la familia. Lo que nadie duda es que la muerte de Marella tendrá consecuencias imprevisibles. Guerra o tregua. Nadie lo sabe.

Un amor indestructible

Poco antes de morir, Gianni dijo a su mujer que él se encargaría de las felicitaciones navideñas. Eligió tres fotos: una de su velero, otra de dos 'ferraris' y la tercera de Trezeguet, delantero de la Juventus durante una década. «La Juve es para mí el amor de una vida. Motivo de alegría y orgullo, de frustraciones y desilusiones. Emociones semejantes a las que puede provocar una verdadera e infinita historia de amor», escribió.