Los jefes de la Ertzaintza procesados se echan en cara su responsabilidad en el 'caso Cabacas'

Los padres de Iñigo Cabacas, a las puertas del juzgado./Manu Cecilio
Los padres de Iñigo Cabacas, a las puertas del juzgado. / Manu Cecilio

El ertzaina con mayor rango niega que tuviese mando sobre el resto, mientras los otros imputados le señalan como el jefe del sector

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

–¿Eran ustedes conscientes de que podían matar a una persona?

–No, no era consciente. Nadie nos lo había dicho. Nunca había pasado nada. Y se suponía que nunca iba a pasar nada. Igual habíamos tenido suerte. No éramos conscientes del poder letal de estas pelotas.

De esta manera se expresó este lunes el ertzaina de mayor rango sobre el terreno durante la noche de abril de 2012 en la que Iñigo Cabacas falleció como consecuencia del impacto de una pelota de goma lanzada por la Ertzaintza. Lo hizo a preguntas de los abogados durante la primera sesión del juicio por la muerte del joven hincha del Athletic que, seis años y medio después de los hechos, se está celebrando en la Audiencia Provincial de Bizkaia. Una vista oral en la que se juzga a seis agentes de la Policía vasca –tres agentes de base que admitieron disparar pelotas y tres mandos de otras furgonetas– para los que la acusación particular pide, entre otras penas, 4 años de cárcel para cada uno por un supuesto delito de homicidio por «imprudencia grave profesional».

La declaración del agente 3.389, ya jubilado, supuso el arranque de una jornada judicial de casi 8 horas. Un testimonio que dejó en evidencia la profunda división que existe entre este hombre, que era el oficial con más galones del sector, y el resto de mandos. Y es que más allá de tratar de determinar quién efectuó el disparó que dejó herido de muerte al joven basauritarra, lo que también se dirime en esta vista oral –que se prolongará hasta el próximo 9 de noviembre– es quién tiene la responsabilidad de la carga con pelotas de goma en el callejón. Ya sea por acción u omisión. De hecho, los tres mandos fueron procesados al existir indicios de que incumplieron los «principios básicos de proporcionalidad, prudencia, necesidad y seguridad». Todos los acusados contestaron también a las preguntas de la acusación particular que representa a los padres de Iñigo y de la Fiscalía a pesar tener el derecho a no declarar.

Este ertzaina, que se encontraba al frente de la furgoneta 12, explicó que cuando llegaron al callejón de María Díaz de Haro alertados por la comisaría porque se estaba produciendo una pelea multitudinaria, se encontraron con un «cacao». Afirmó que allí, donde había unas 500 personas, fueron recibidos por una «lluvia impresionante de objetos» y él, dijo, dio la orden en principio de no salir de la furgoneta. Lo hizo –apuntó– para «recabar datos» en vez de «salir como locos».

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A partir de ese momento, insistió en que, a pesar de ser el agente de mayor rango sobre el sector, sólo tenía mando directo sobre su furgoneta, aunque reconoció que antes de los altercados los responsables del resto de furgonetas de la zona le preguntaron dónde colocarse durante el dispositivo. El 3.389 también dijo que ya en el lugar no tuvo la sensación de que los incidentes por los que les habían movilizado hasta el callejón siguiesen en activo. De hecho, subrayó que él se habría marchado de allí en cuanto llegó con el vehículo policial, negó que diese la orden de cargar y cuestionó que desde la comisaría mandasen «gente uniformada a la Herriko». Un lugar en el que si ven «llegar a los 'zipaios' y tienen un botellín» se lo vas a «tirar», dijo.

Lanzamiento de objetos

El oficial aseguró además que los agentes de seguridad ciudadana que intervinieron no tenían experiencia suficiente y que el Departamento de Interior les utilizaba como una especie de «cajón de sastre» para todo tipo de cometidos. Manifestaciones críticas con el operativo que el jefe policial –que llevaba unos cinco años sin salir en una furgoneta en un dispositivo– acompañó de otras reflexiones en apariencia contradictorias como reconocer que la única forma que tenían de intervenir contra el lanzamiento de objetos era con material antidisturbios.

La existencia de altercados fue una de las pocas cosas en la que coincidió con los otros dos mandos procesados. La otra en la que estuvieron todos de acuerdo es que cuando llegaron los ertzainas acusados había agentes de otras dos furgonetas (la F1 y la F6) cargando contra el callejón. Ninguno de estos últimos se sienta en el banquillo de los acusados. La tensión se respiró, sobre todo, entre los mandos que estaban al frente de las furgonetas 12 y 14, en la que estaban los tres 'escopeteros' imputados, los únicos que reconocieron haber disparado durante la instrucción judicial. De hecho, el responsable de este último dispositivo –el único que reconoció haber dado la orden de disparar– afirmó que el ataque que recibieron fue «espantoso», una «encerrona premeditada» que puso en peligro al resto de ciudadanos. «Nos tiraron absolutamente de todo. Disparar era necesario. A pesar de las salvas (cargas sin pelota) no se fueron», dijo, antes de acusar de dejación de funciones al oficial «al mando», que a su juicio debería haberse bajado de la furgoneta.

Este agente, el 5.351, que también está jubilado, negó la falta de experiencia de los ertzainas que esgrimió el mando que le precedió. Insistió en que no quiere enfrentarse con él, pero afirmó que la mayoría de los agentes de su generación salieron de la academia «con casco y verduguillo», dijo en referencia a las actuaciones antidisturbios.

El tercer mando procesado negó que diese la orden de disparar a pesar de los testimonios que dieron en ese sentido dos 'escopeteros' y otro de los jefes intermedios, que afirmaron haberle escuchado. En todo caso, señaló al 3.389 como el responsable del sector y negó no tuviesen experiencia en esas actuaciones.

En su contexto

9 de noviembre.
Es el último día previsto para la vista oral. Esa jornada se procederá a la lectura de las conclusiones y los informes de las partes. El juicio arrancará mañana a las diez de la mañana con las declaraciones de los seis encausados. Después será el turno de los testigos y después se realizará el examen de las pruebas periciales.

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