Errejón, el podemista moderado

Errejón, el podemista moderado

El exnúmero dos de Pablo Iglesias antepone el pragmatismo electoral a sus profundos ideales de izquierda

ANDER AZPIROZMadrid

Con tan solo 35 años, Íñigo Errejón ha vivido casi todo en política, en la que tan solo le falta ya la experiencia de gobernar. Lo suyo viene de vocación. Fue la que le llevó hasta la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, el hervidero de la izquierda juvenil en el que se gestó Podemos y donde Errejón y Pablo Iglesias entablaron una estrecha amistad que se resquebrajaría años después en la guerra fratricida de Vistalegre II.

Como estudiante primero y como docente después, el candidato a la Comunidad de Madrid ya dejó claro su perfil ideológico. Como el resto de cofundadores de Podemos prestó especial atención a los movimientos de la izquierda latinoamericana surgidos con el comienzo de siglo. En el caso de Errejón, su objeto de estudio fue Bolivia. Su tesis doctoral se titula 'La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo'. El MAS es el partido de Evo Morales.

Junto a Iglesias, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero y Luis Alegre pergeño después Podemos, partido que hoy cumple cinco años desde su presentación en un pequeño teatro del madrileño barrio de Lavapiés. Fue el pistoletazo de salida para un irrupción fulgurante en la política nacional de la que Errejón fue un factor esencial. Primero logró armar una campaña para las europeas de 2014 sin tiempo ni fondos. El resultado: cinco eurodiputados para Podemos que ninguna encuesta aventuró.

Fue entonces cuando el dirigente con cara de niño comenzó a ser tomado en serio en las tertulias. Su verbo ágil y conocimiento de los temas le ayudaron a serlo. También su capacidad para sorprender; aunque madrileño de cepa, es capaz de dar discursos en catalán. También creció dentro del partido, donde se consolidó como número dos tras la abrupta salida de Juan Carlos Monedero, quien se marchó por la puerta de atrás entre críticas a «los generales mediocres». Errejón nunca se ha dado por aludido, pero el mensaje del profesor de Ciencia Política no pudo ser más claro.

Los malos tiempos

Los tiempos buenos para Podemos, en los que incluso llegó a liderar los sondeos, llegaron a su fin con las generales de 2015 y 2016. Se consolidaron como tercera fuerza nacional, una irrupción nunca vista en democracia, pero según repetían Iglesias y Errejón, Podemos nació para gobernar. Y no hacerlo supuso un fracaso.

A las decepciones electorales le sucedieron las guerras internas. Y la del secretario general y su número dos abrió unas heridas que nunca se han terminado de cerrar. Ganó Iglesias en Vistalegre II y mandó a Errejón a Madrid, donde ahora ha pactado con Manuela Carmena y, si puede, lo hará con los socialistas tras las elecciones.

En Madrid, Errejón tiene la oportunidad de poner en práctica las tesis que los inscritos rechazaron en Vistalegre II. La principal es la de la transversalidad, terminó con el cual se refiere a la capacidad de pescar votantes de un lado y otro, no solo de la izquierda radical. Para Errejón, el objetivo es captar a los descontentos con un sistema político en crisis. Y para lograrlo hay que poner una cara amable y escuchar lo que le obliga a primar el pragmatismo electoral sobre sus profundos ideales de izquierda. Este perfil más moderado ha llevado a muchos a situar al exnúmero dos de Podemos en la órbita del PSOE, algo que él ha repetido que no ocurrirá.

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