Zaorejas y el Mirador del Tajo

Las impresionantes vistas sobre el cañón del Tajo desde el mirador de Zaorejas./iñigo muñoyerro
Las impresionantes vistas sobre el cañón del Tajo desde el mirador de Zaorejas. / iñigo muñoyerro

Zaorejas, considerado la capital del Alto Tajo, es el punto de partida de las excursiones por los cañones de este desconocido Parque Natural

IÑIGO MUÑOYERRO

Zaorejas (Guadalajara), la capital del Alto Tajo, es un pueblo serrano a 1.250 metros de altitud de plazas y calles bien cuidadas, con numerosas casas con escudo, fuentes, frontón y una iglesia parroquial advocada a santo Domingo de Silos en mediano estado de conservación. Tiene 130 habitantes censados aunque en invierno parecen menos. Esta cifra se triplica en verano, pero se nota que está en regresión. El despoblamiento de La Alcarria y el Alto Tajo continúa imparable: en Zaorejas no hay ni un sólo comercio, el cuartel de Guardia Civil está cerrado y el bar abre en fiestas y vacaciones. Afortunadamente, el hotel restaurante Peñarrubia (949816129) es un faro para los viajeros que quieran explorar la comarca.

El Centro de Iniciativas Turísticas del Alto Tajo también atrae visitantes. Está dedicado al escritor barcelonés José Luis Sampedro, que en su libro 'El río que nos lleva' (1961) noveló la vida de los 'gancheros', nombre que recibían los encargados de bajar por el Tajo los troncos de pino para su venta. Llegaban incluso a Aranjuez. Los embalses y el ferrocarril terminaron con esta actividad que ha quedado retratada para siempre en la obra del escritor. El principal y sorprendente atractivo de Zaorejas es su acueducto romano, próximo al casco urbano, al que se llega por una calzada que sale de la Plaza Nueva. Aulagas y retamas cierran el paso, pero es fácil de seguir. A poco rato vemos una fuente-abrevadero para ovejas y detrás aparece el acueducto.

Parque Natural del Tajo

Cómo llegar
Zaorejas se encuentra a 120 kilómetros de la ciudad de Guadalajara y a 95 de Sigüenza.
Descripción de la ruta
3 horas. Distancia: 10 km. Desnivel: 305 m. No hay fuente en todo el recorrido.
Web
turismoenguadalajara.es/rutas/alto-tajo.

Vistas espectaculares

La construcción se halla en mediano estado de conservación y sólo tiene un arco sobre el que discurre una acequia ahora en desuso. Está claro que es una obra provincial que abastecía al Zaorejas romano. Cuentan en el pueblo que después de la guerra cavaron junto al acueducto para hacer una traída de aguas y encontraron una tubería romana de plomo de varios metros de longitud.

Una vez visitado el acueducto nuestra siguiente etapa es el Mirador de Zaorejas. Vamos en coche por la CM-2015 en dirección a Molina de Aragón. A 5 kilómetros del pueblo (derecha) sale una pista bacheada utilizable por vehículos que asciende sin pérdida, aunque nosotros elegimos caminar. El aroma a espliego, romero, ajedrea y tomillo, a pino, sabina, enebro, jara y retama es tan intenso que marea. El paraíso de abejas y abejorros que zumban a nuestro alrededor.

Restos del acueducto romano de Zaorejas, la senda del Ciño Negro y el santuario de la Virgen de la Hoz.

Queda atrás un cruce señalizado con un poste del GR-113 y pronto estamos en el alto. El mirador está situado al borde del precipicio, protegido por una barandilla de madera. El paisaje es fantástico. Además del río Tajo, que serpentea en meandros 250 metros más abajo, divisamos las peñas, acantilados y agujas que se recortan contra el cielo entre un cerrado bosque de pinos y encinas. Las choperas ciñen los cursos de los ríos y los campos de cultivo añaden su nota ocre de color. Una mesa de orientación ayuda a identificar cimas y lugares, entre ellos la desembocadura del río Gallo, principal afluente del Tajo bajo la peña del castillo de Alpetea.

De vuelta, ya en el collado, seguimos las señales GR-113 que nos guían por la pista que desciende entre pinos y sabinas centenarias. Al rato se estrecha y penetra en un barranco que se abre en la surgencia donde nace el río Ciño Negro. Hay chopos, sauces y mimbreras, aves rapaces en el cielo y un silencio casi total en este paraje poco visitado. La pista aún continúa de frente y al rato llega a la orilla del Tajo para luego retornar por Puente de San Pedro.

Santuario de La Hoz

Durante el trayecto de regreso vemos alguna tenada pastoril abandonada y derrumbada. Otro recordatorio del despoblamiento que se abate sobre este rincón de España. Volvemos al vehículo para seguir la excursión y poco después, en el Puente de San Pedro, comienza un recorrido llamado 'Marcha de los Meandros', que permite seguir el curso del Tajo, pasar por las cascadas del Campillo y La Herrería y apreciar la transparencia de las aguas de este río aún sin contaminar. Nosotros tiramos hacia adelante para adentrarnos en los cañones, barrancos, hoces y vallejos que millones de años de lluvia, nieve y erosión han tallado en las rocas del Parque Natural.

La carretera es una sucesión de curvas que entra en el barranco de la Hoz, una entalladura del río Gallo en las calizas tobosas y uno de los más espectaculares del Parque. Una espesa chopera cubre las orillas del río, que está enmarcado por unos acantilados vertiginosos. Tras un recodo aparece el santuario de la Virgen de la Hoz al pie de unos descomunales monolitos de conglomerado de cerca de 100 metros de altura. Sus siluetas caprichosas reciben con nombres como Cobertera, Huso, Rueca, etc.

El santuario fue erigido en el siglo XIII en estilo románico por los señores de Molina, pero el conjunto actual data del siglo XVI. La leyenda cuenta que un pastor encontró en el año 1129 la imagen de la Virgen milagrosa que se venera en su interior. El convento lleva cerrado mucho tiempo, pero la iglesia tiene culto y está abierta a fieles y curiosos.

Hoces y bosques

El Parque Natural del Alto Tajo preserva el extenso sistema de cañones que este río y sus afluentes (Hoz Seca, Cabrillas, Gallo, Bullones, Arandilla, Ablanquejo y Linares) han horadado durante millones de años en la elevada altiplanicie caliza que comprende las tierras del antiguo Señorío de Molina de Aragón, en las provincias de Guadalajara y Cuenca. Una sucesión de hoces, desfiladeros, páramos, despeñaderos y extensos bosques que no se podrían explorar a fondo en una vida y que ocupan una superficie de 105.721 hectáreas en un total de 44 municipios. Un amplio territorio que se ha ido vaciando desde los años 50 del siglo XX y llega al siglo XXI vacío, con una de las densidades poblacionales más bajas no sólo de España, sino de Europa. Por esta razón y por lo inhóspito del clima, que alcanza en la zona las temperaturas más frías de toda la península se ha ganado el título de La Siberia del Sur. Y es ahí donde reside la belleza y el atractivo de estas parameras que superan de media los 1.000 metros de altitud. En la soledad, en los espacios infinitos, en los bosques interminables y de manera especial en los cañones de los ríos, muchos inexplorados desde tiempos de los 'gancheros', los hombres que se ganaron la vida bajando troncos hasta Aranjuez o Toledo.

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