Sigüenza, la ciudad sin prisa

Plaza Mayor de Sigüenza./
Plaza Mayor de Sigüenza.

Un castillo convertido en hotel, la escultura funeraria de un joven caballero y un entorno natural para practicar senderismo son algunas las joyas de esta localidad

LUIS GARCÍA

Sigüenza es una de las ciudades con más historia de España. Sin duda, este municipio está marcado por su castillo, actual Parador de Turismo. Pero también por la leyenda medieval del Doncel de Sigüenza y una artesanía única. Además, su entorno natural es de los mejores de España, especialmente el Parque Natural del Río Dulce y las Hoces del Río Salado.

Su castillo fue edificado en el siglo XII sobre una alcazaba árabe que dominaba la ciudad, bañada por el río Henares. El primer señor de Sigüenza fue el arzobispo de Toledo, Bernardo de Agen. Fue él quien recuperó la ciudad a los musulmanes en 1123. Quince años después, Alfonso VII concedió a los obispos de Sigüenza la propiedad sobre la ciudad y sus gentes, de ahí que se la conociera como la de los cien obispos de armas tomar.

El castillo actual, que fue objeto de restauración en los años setenta, se ha convertido en un hotel de habitaciones amplias con espectaculares camas con dosel. Todo, bajo la protección de sus rotundos muros, que enmarcan un espectacular patio de armas empedrado.

El castillo se alza sobre los tejados.
El castillo se alza sobre los tejados.

En este caso, la leyenda no espera en una torre del castillo, sino en una capilla de la catedral: el Doncel de Sigüenza , considerada una de las mejores esculturas funerarias del mundo.

Se trata de la figura de un caballero de la Orden de Santiago que lee un pequeño libro mientras reposa recostado durante un descanso de la campaña de Granada. Fue allí donde encontró la muerte el joven aristócrata y militar Martín Vázquez de Arce (1461-1486), que así se llamaba el Doncel, que alcanzó una gran popularidad en la época. Su padre, secretario de la poderosa familia Mendoza, mandó construir este monumento de amor fraternal, sin duda, una de las joyas del Renacimiento español.

Escultura funeraria del Doncel de Sigüenza.
Escultura funeraria del Doncel de Sigüenza.

El castillo es el mejor punto de partida para conocer la localidad. Desde la plaza del castillo, la calle Mayor nos lleva a la plaza Mayor, que se empezó a construir en 1494, y a la catedral, de estilo gótico cisterciense.

El paseo continúa hacia la ermita del Humilladero (donde se encuentra la Oficina de Turismo), el Palacio Episcopal, la Antigua Universidad y las tres puertas (de Hierro, Mayor y del Toro) que franqueaban el paso de la muralla que protegía la ciudad.

En esta ciudad no se puede tener prisa. Sigüenza ofrece un recorrido curioso que lleva al pasado. Sería imperdonable no entrar en las diversas tiendas de artesanía local, como las de la calle del Cardenal Mendoza. Supone toda una experiencia conocer estos oficios prácticamente extinguidos: talleres como los de Canfrán Díaz, especializado en espejos; alfombras Tohede, o el estudio del pintor Santos Viana.

Vista del Parque Natural del Río Dulce.
Vista del Parque Natural del Río Dulce.

Fuera del recinto histórico, el entorno ofrece varias posibilidades de senderismo. Las dos principales llevan al Parque Natural Barranco del Río Dulce, con un paisaje salpicado de frondoso bosque mediterráneo (encinas, enebros, quejigos...). Otra opción es dirigirse a las Hoces del Río Salado, donde habita una escasísima colonia de buitres leonados, alguno de cuyos ejemplares podremos divisar si tenemos suerte.