Una joya de la industria medieval en Leitza

La torre defensiva de Ibero y el cercano puente. /FÉLIX LOIARTE
La torre defensiva de Ibero y el cercano puente. / FÉLIX LOIARTE

El conjunto histórico incluye una antigua ferrería a orillas del río, un puente, una borda y un caserío sin uso

ELISA BELAUNTZARAN

Una torre medieval guarda en sus muros numerosas historias acontecidas a lo largo de varios siglos y muestra los vestigios de una de las primeras zonas industriales de Navarra. La fortaleza defensiva de Ibero forma parte del conjunto fabril de la antigua ferrería medieval, situada en Leitza y a menos de un kilómetro de Goizueta, por la carretera que une las dos localidades navarras. El conjunto histórico incluye las ruinas de la antigua ferrería a orillas del río Urumea, un puente medieval, una borda y un caserío sin uso.

Torre de Ibero (Leitza)

Cómo llegar
La localidad se encuentra a 110 kilómetros de Vitoria y 170 de Bilbao.
Webs
www.leitza.eu y www.navarra.es.

Las orillas de este río, que nace precisamente en Leitza, están consideradas por los historiadores como un escenario de gran importancia para la industria fabril, 'zeharrolak' en euskera. Para hacerse una idea de lo que esta cuenca representaba en los albores de la industria siderúrgica, Juan Pérez de Tolosa reseñaba en 1581 que «en el río nombrado de la Hurumea donde es el mayor el concursso que ay de herrerías en la dicha provincia que de diez y ocho herrerías que estan a distancia de legoa y media, todas ellas».

Cada una de las piedras de Ibero rezuma pasajes de desavenencias entre sus propietarios y mandatarios, de idas y venidas entre vecinos. La torre se levantó en el siglo XIV durante el reinado de Carlos II de Evreux (1349-1387) para defender el complejo ante los continuos ataques que se producían en la frontera con Castilla. Este pequeño tesoro, rehabilitado tras años de deterioro, conforma uno de los restos industriales más antiguos de Navarra y numerosos documentos acreditan que desde mediados del siglo XIV tuvo un gran peso en la economía de la zona.

Muga de malhechores

La propia ferrería llegó a considerarse en el siglo XVIII como ferrería mayor, con una producción de más de cien toneladas de hierro al año. Sin olvidar la importancia de la torre por ser un enclave defensivo en la línea fronteriza que a partir de 1200 separaba Gipuzkoa, ya conquistada por Castilla, y Navarra, la llamada «frontera de malhechores».

La torre es rectangular, de 14 metros de alto por 10 de ancho, unos 12 de altura de promedio, aunque en origen llegó a alcanzar varios metros más. Su planta es cuadrada en fábrica de mampostería, de dos pisos que servían de granero hasta hace poco. El tejado es de cuatro aguas y su origen se podría situar en la época de Carlos II de Navarra, hacia mediados del siglo XIV. Cuenta con numerosos elementos medievales como la puerta de arco de medio punto de dovelas de piedra caliza y sus ocho saeteras.

La torre y su complejo industrial eran un foco de conflictos y el consistorio de Leitza, investigando archivos y documentos antiguos, comprobó que «los pleitos entre los propietarios de la torre y el pueblo vienen desde hace más de cinco siglos. Las primeras referencias de estos conflictos datan de 1536». Según los documentos de la época, los dueños de Ibero extraían de los montes comunales de Leitza la madera y el agua que necesitaban para hacer funcionar sus ferrerías y fabricar así sus armas, algo que los vecinos no aceptaban. «De ahí el origen del conflicto», asegura Juan Mari Barriola, exconcejal y miembro de la asociación cultural ALKE.

Barriola relata, además, que «en el siglo XIX llegó la industrialización, y con ella, la decadencia de las ferrerías». Los propietarios optaron por arrendar el caserío a cambio de que los inquilinos mantuvieran el conjunto histórico. Las instalaciones fueron adquiridas en 1892 por la Sociedad Contra Incendios de Leitza, conformada por el Ayuntamiento y un numeroso grupo de vecinos, con idea de ponerla en marcha y usar sus réditos a modo de seguro frente a accidentes, incendios o desastres naturales. Pese a ello, nunca llegó a estar operativa aunque hasta hace pocos años el caserío estuvo ocupado.

Conscientes del deterioro de Ibero, en 2012 los representantes del Consistorio y las 124 familias que conforman la Sociedad de Seguros Mutuos Contra Incendios, llegaron a un acuerdo para la compraventa de los edificios y 33 hectáreas de monte, cuya limpieza fue la primera tarea acometida.