Pasos blindados: la fortaleza de Atxorrotx

Vista del monte y la ermita de Atxorrotx, que se alza sobre un peñasco que garantizaba el control absoluto del entorno./Joxebi
Vista del monte y la ermita de Atxorrotx, que se alza sobre un peñasco que garantizaba el control absoluto del entorno. / Joxebi

Las ruinas de este enclave guipuzcoano y el museo de Ibarraundi ayudan a comprender el papel del castillo en el control de personas y mercancías

IRATXE LÓPEZ

Te gustan las fortalezas? ¿Andar? ¿Emplearte a fondo en actividades lúdico-didácticas? Si eres de esas personas que disfrutan caminando mientras aprende un poco de historia, no dejes de leer estas líneas. El reto que proponemos es sencillo, subir hasta la guipuzcoana peña de Atxorrotx, en el parque natural de Aizkorri-Aratz, para admirar los restos de su castillo. «Una vez allí, no solo se ve este interesante lugar sino su biodiversidad, con numerosas especies animales y vegetales protegidas, el fantástico paisaje y las vistas que se extienden sobre las vertientes atlántica y mediterránea», explican los responsables de guiarte en esta aventura en la que, por supuesto, irás acompañado, escuchando antiguas narraciones de luchas y defensas, batallas y asedios.

Viaje a la Edad Media: Gipuzkoa

Dónde
: Museo Ibarraundi. Intxaurtxueta s/n (Eskoriatza)
Cuándo
: lunes a viernes: 9.00-13.30 horas. Segundo domingo mes: 10.00 horas
Precio
: 10 €
Duración
: 4,5 horas
Idiomas
: castellano y euskera
Reservas
: viajesporeuskadi.es

En el enclave histórico-arqueológico radica el mayor atractivo de la ruta, en los hechos que marcaron su historia. La excursión parte del museo Ibarraundi. Dentro de este antiguo palacio comienza la jornada, visionando un breve documental sobre la Tenencia de Atxorrotx. El objetivo es retroceder en el tiempo, situar al visitante en la Edad Media, cuando los tenentes navarros se encargaban de vigilar el castillo, de cuidar su defensa y administrar el lugar. La tenencia estaba constituida por un territorio administrativo en el que el responsable ejercía por mano real tareas como recaudar impuestos, administrar justicia y defender la demarcación. Ferrerías, montes y salinas formaban parte de las arcas de la corona, y el tenente debía asegurar su funcionamiento.

Tras el vídeo es hora de partir hacia la cima, a 750 metros de altura. Abrupta, de roca caliza, muestra reseñables fenómenos cársticos que la convierten en favorita de los geólogos. «Durante el trayecto disfrutaremos del entorno que brinda esta parte del parque natural», aclaran los organizadores. Con tranquilidad, deteniéndose en los detalles para no perder interés. Llegados a la cima, los participantes entenderán el motivo por el que el enclave resultaba estratégico, característica que no pasó desapercibida a los maestros de obras que lo eligieron, sin dudar, para levantar la fortaleza.

Excavaciones arqueológicas en la fortaleza.
Excavaciones arqueológicas en la fortaleza. / Joxebi

«Tal y como constatan los estudios arqueológicos de la zona, era una ubicación codiciada pues el campo visual que ofrece resulta muy amplio. Permitía controlar el camino de unión entre Castilla y Europa». Ninguno de los presentes dudará de esta certeza, solo hace falta observar desde esa altitud lo que la mirada alcanza.

El ineludible paso del tiempo rubricó su labor. El mundo cambiaba de rumbo y, en 1199, Sancho el Fuerte dividió la tenencia en dos, Gipuzkoa y Donostia. No pararon ahí las variaciones. «El rey castellano Alfonso VIII atacó el reino de Navarra desde Pancorbo, sitiando Gasteiz y consiguiendo ocupar las plazas defensivas de Gipuzkoa, Duranguesado y Álava. La conquista castellana, junto a la desaparición de las tenencias, fortaleció el feudalismo de bandos, de oñacinos y gamboínos». Después, la historia de Atxorrotx continúa reflejada en documentos de la época en que Enrique IV atacaba a los parientes mayores, pero las referencias se pierden a partir de 1463.

Un hombre examina piezas expuestas en el museo.
Un hombre examina piezas expuestas en el museo. / Joxebi

Aunque no se ha documentado ninguna ocupación militar durante los siglos XVI y XVII, el yacimiento guardaba una pica que hace pensar en su toma. También se han hallado palabras francesas en la ermita de la Santa Cruz, lo que podría suponer otra ocupación en la guerra napoleónica. Algunos creen, además, que el castillo fue ocupado de nuevo durante los enfrentamientos carlistas. «También aparecieron trincheras y vainas de bala pertenecientes a la guerra civil en las excavaciones de 1968 y 2009».

Como los moradores

Para vivir la experiencia de retroceder al pasado lo mejor es tratar de hacerlo en carne propia. Resulta imposible replicar la situación pero la zona abrupta ayuda a dejar volar el imaginario y a pensar en uno mismo vestido con un traje medieval, divisando atento el horizonte en busca de cualquier señal de peligro. En caso de localizarlo, los antiguos habitantes del castillo se comunicaban ayudados por diversos ingenios. Quienes deseen imitarlos podrán probar cuernos. Para acabar de sentirse invadido por el medievo lo mejor es finalizar la visita con la degustación de un pequeño almuerzo con sidra, queso, nueces y otras delicias, parecido al que probarían en la época. Abrir los sentidos, no solo el oído para escuchar, la vista para observar y el tacto para sentir, también el gusto, fundamental a la hora de mantener las fuerzas y defender la plaza.

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Dónde Museo Ibarraundi. Intxaurtxueta s/n (Eskoriatza). Cuándo #Lunes a viernes: 9.00-13.30 horas. Segundo domingo mes: 10.00 horas. Precio: 10 €. Duración 4,5 horas. #Idiomas Castellano y euskera. Reservas viajesporeuskadi.es.

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Las ruinas de la fortaleza de Atxorrotx y el museo de Ibarraundi ayudan a comprender el papel del castillo #en el control de personas y mercancías

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