Olatz, un valle en el que perderse

Las ovejas pastan en un bello prado al resguardo de los nogales. /GORRITIBEREA
Las ovejas pastan en un bello prado al resguardo de los nogales. / GORRITIBEREA

Descubrir sus cuevas, convivir con los betizus o probar el queso de oveja latxa, tres de las muchas posibilidades que ofrece este enclave perteneciente al municipio de Mutriku

En Mutriku se le conoce popularmente como La pequeña Suiza, por lo verde, lo frondoso de sus árboles, lo cuidado y lo bonito que es el valle cerrado de Olatz. Para llegar hasta él hay que perderse para terminar descubriendo algo insospechado que agrada la vista, se hace notar, te hace sentirte en paz, te impulsa a conocer, a descubrir, a gozar en definitiva. El barrio de Olatz, con su típico paisaje de campiña atlántica, se sitúa hacia el oeste del macizo de Arno, Zona de Especial Conservación e integrado dentro de la Red Natura 2000.

El espacio cárstico cuenta con una superficie de 1.011 hectáreas de las cuales el 75% pertenece a Mutriku y el resto a Mendaro. Es, sin duda, el paradigma del encinar atlántico que cubre hasta el 75% de su superficie, pero cuenta también con robledales en las zonas de mejor suelo o de alisos en el entorno de las regatas. Este manto verde crea el hábitat de una fauna que incluye especies amenazadas como el gavilán, el alimoche o el milano real, pero también de especies en clara expansión como el jabalí y últimamente el corzo. El karst ha posibilitado la constitución de cuevas, simas y diversas cavidades, hasta el punto de que la Sociedad de Ciencias Aranzadi tiene localizadas cerca de 150. Sin duda es el lugar idóneo para el paseo montañero y el excursionismo, sobre todo cuando calienta el sol, protegidos en todo momento por su arbolado.

Cómo llegar

Acostumbrados a las vías rápidas, para llegar a Olatz hay que levantar el pedal del acelerador. Saliendo de Mutriku en dirección a Ondarroa por la GI-633, a mano derecha tomaremos la carretera GI-3562. Pasaremos en primer lugar por la nueva calle Olatz bidea, posteriormente junto al abandonado campo de Ondabarro, para subir hasta divisar los magníficos caseríos Ibiritxo a la izquierda o Irabaneta en una pequeña depresión, a la derecha. Continuaremos por la zona asfaltada dejando a la izquierda el cruce a la ganadería Arno en el caserío Korostola y superado el alto, el resto será bajar hasta la plaza habilitada frente a la ermita. Ahí aparcaremos el automóvil, si bien se puede cubrir la ruta Olatz-Korostolamendi-Larruskain en Markina o en su caso la otra ruta Olatz-Korostolamendi-Arnoate-barrio Plaza en Mendaro. Ambas rutas son idóneas para hacerlas en bicicleta de montaña o a pie.

Imagen del valle, con el caserío 'Iturritza' al fondo.
Imagen del valle, con el caserío 'Iturritza' al fondo. / GORRITIBEREA

Pero sin duda la ruta recomendable es la pequeña ruta PR-GI 47 que nos llevará por Abeletxe, Kredoarri, Agerretxo, Eguzkitza, Ziñua, el sedal de Lete y Beliotegi para volver al punto de partida. Una especie de vuelta por las crestas del valle cerrado. En la primera parte de la citada ruta es más que previsible que nos topemos con caminantes que cubren el Camino de Santiago por la costa, que, llegados hasta la ermita del Calvario, suben hasta el nuevo albergue Izarbide para llegar hasta el collado de Apain a los pies del Arno y bajar hasta Olatz. El pasado año han sido más de ocho mil los peregrinos de toda índole que han superado este tramo.

Ziñua, el caserío vasco

Superar las canteras de Miruaitz, de las que se extrajeron las grandes piedras calizas para la construcción de la parroquia neoclásica de Mutriku, o el propio frontón municipal, que conserva el mismo nombre, es toda una sorpresa dado que nos topamos con el caserío Ziñua, totalmente rodeado de árboles, con los prados que bajan hasta el propio edificio. El prototipo del euskal baserria y de su cultura.

Hasta hace bien poco prácticamente aislado, sin más vistas que el cielo y la tierra, pero con calero propio, herrería, molino, horno de pan, tolare o prensa para la elaboración de sidra o serrería. Un caserío autosuficiente, incluso para el deporte, no en vano el afamado harrijasotzaile Pedro María Txurruka (1894-1964) nacido en el vecino caserío Aritza residió en el citado Ziñua, donde aún se conservan todas las piedras y plomos para sus competiciones.

A escasos minutos hacia el noroeste se encuentran las tres cuevas de Jentiletxeta, las dos primeras excavadas por el antropólogo Joxe Miel Barandiaran el año 1927, y la tercera, en 1997. Es estas cuevas se encontraron cerámicas, puntas de flecha, raspadores o conchas perforadas. La tercera de ellas se sitúa entre el paleolítico y el neolítico, hace unos 11.000 años.