Auvernia, el país de los volcanes dormidos

La cima volcánica de puy de Pariou./
La cima volcánica de puy de Pariou.

Viejos cráteres, iglesias románicas, paisaje y una gran gastronomía se combinan en esta desconocida región del centro de Francia

MIKEL MADINABEITIA

Hay una región en el corazón de Francia donde se respira aire puro y tranquilidad, ideal para cargar pilas en esta sociedad que vive en alta velocidad. En Auvernia podrán disfrutar con un paisaje único y espectacular. En Auvernia podrán subir a volcanes que están dormidos. En Auvernia podrán conocer bellas iglesias románicas. En Auvernia podrán saborear una gastronomía deliciosa, con cinco denominaciones de origen en sus quesos. En Auvernia podrán descubrir los secretos del Macizo Central, que son muchos. Vámonos a Auvernia.

Auvernia (Francia)

Dónde
Clermont-Ferrand, la capital de la región, se encuentra en el centro de Francia, a 600 kilómetros de Irun y a 160 de Lyon.
Web
es.france.fr/es/auvernia (en castellano).

Como es habitual, les sugeriré una ciudad con todos los servicios para instalar el campamento base y moverse desde ahí con excursiones para pasar el día. En esta ocasión elegimos Clermont-Ferrand, capital del departamento del Puy-de-Dôme. Una localidad tranquila que se conoce enseguida y cuyos monumentos principales llaman la atención por estar construidos con piedra negra de Volviq, especialmente la catedral de Nuestra Señora de la Asunción. Pero la palma se la lleva la basílica románica de Notre-Dame-Du-Port, la auténtica joya de la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Además de los dos edificios religiosos, merece la pena dar una vuelta por su casco histórico y caminar por la calles du Port, Pascal y Du Terrail, llenas de anticuarios y galerías de arte. La rue des Grass, que cae desde la escalinata de la catedral, es la más frecuentada, al igual que las plazas de Jaude y de la Victoire, donde imperan las terrazas y el saber vivir.

Al Puy de Dôme

Cuando tengan una previsión meteorológica soleada, acudan al Puy de Dôme (1.485m), símbolo de la región, antaño lugar de grandes gestas ciclistas. Este simétrico cono volcánico, situado a apenas 15 kilómetros de Clermont-Ferrand, ha atraído al ser humano desde tiempos inmemoriales y aparece en casi todas las postales de la región. Se puede llegar a la cima andando por el Chemin des Muletiers o, de forma más cómoda, a bordo del tren de cremallera Panoramique des Dômes, abierto en 2012. En cualquier caso, la recompensa es una panorámica imponente de la Chêne des Puys, una cadena montañosa de 40 kilómetros trufada de extintos conos volcánicos que se prolonga hasta el horizonte. Si tienen suerte y la atmósfera está clara podrán divisar a lo lejos el Mont Blanc, techo de los Alpes.

Una antena preside la cima del Puy de Dôme.
Una antena preside la cima del Puy de Dôme.

En cualquier caso, es una gozada disfrutar de la panorámica, dar la vuelta a la cumbre presidida por una enorme antena de telecomunicaciones y ver en acción a los parapentistas, que se lanzan al vacío con enorme confianza. Cerca de la cima hay unas ruinas del templo galorromano dedicado a Mercurio, construido en el siglo II, lo que aporta un toque histórico a la visita. En definitiva, una excursión muy completa.

Nuevamente en el valle, toca conocer los encantos del románico auvernés. En 50 kilómetros de oeste a este tienen tres ejemplos extraordinarios, incluidos en el top 5 de la región debido a la homogeneidad y pureza de su estilo. Comenzaremos por Orcival, una aldea ubicada en un paraje apacible rodeado de vegetación. Esta joya fue construida probablemente a principios del siglo XII por voluntad de los condes de Auvernia y del obispo de Clermont. Además de su espléndida cabecera, los magníficos capiteles esculpidos del interior despiertan la admiración, así como la extraordinaria estatua de la Virgen en Majestad que atrae a numerosos peregrinos el jueves de la Ascensión.

Basílica de Notre-Dame-Du-Port, en Clermont-Ferrand.
Basílica de Notre-Dame-Du-Port, en Clermont-Ferrand.

A poco más de media hora en coche está Saint-Nectaire, que también posee otra iglesia coqueta, situada en un promontorio. La decoración de su cabecera es sobria, pero luce un friso de mosaicos figurando rosetas, que sobresale por encima de las tres capillas radiales del deambulatorio. Y de su interior destacan los capiteles y sus detalles. El pueblo, por cierto, da nombre a un queso (de vaca) de pasta cremosa y con ligero sabor a avellana. Un queso que se toma solo, sin esfuerzo.

La trilogía de iglesias románicas de Auvernia la completamos en Saint-Saturnin, seguramente el pueblo más bonito de los tres. Domina desde lo alto de su colada de lava las gargantas del Monne y ha servido de inspiración a numerosos pintores y escritores. La iglesia del siglo XII, rematada por un bello campanario octogonal, el castillo-fortaleza medieval que antiguamente fue propiedad de las reinas Catalina de Médicis y Margarita de Valois, la fuente renacentista y las callejuelas pintorescas de este pueblo, incluido entre los más bellos de Francia, son algunos de los atractivos que se descubren paseando por sus calles. Aquí tuvimos un encuentro con una simpática guía, sorprendida por nuestra procedencia. Lo cierto es que en cinco días en Auvernia no escuchamos nada de castellano y eso que esta región no está más lejos de Euskadi que Bretaña, Normandía o los castillos del Loira.

Auvernia también tiene castillos y, de todos ellos, destaca el de Murol, dominando el valle y con una preciosa vista sobre las montañas de Sancy. Muy cerca está Chambon-sur-Lac, donde un lago acapara las postales. Como lo hacen casi todos. Un buen lugar para comer.

Las columnas de Lavaudieu

Para otra jornada podemos desplazarnos al sureste e indagar por el departamento del Alto Loira, perteneciente a la misma región. Camino de allí, al lado de la autopista que baja hacia Issoire, Millau y Montpellier, tenemos el pueblo de Montpeyroux, que forma parte de la lista de los pueblos más bonitos de Francia, uno de esos que invita a callejear. Una vez traspasada la puerta fortificada, se pueden ver unas bonitas mansiones de piedra a los dos lados del elevado torreón medieval. Además, entre mayo y septiembre se puede subir a lo alto del torreón ('donjon', en francés) y disfrutar de una magnífica vista del valle del Allier, la cadena de los Puys y el macizo de Sancy.

Ascensión al puy de Sancy.
Ascensión al puy de Sancy.

Dejamos para el final la coqueta Lavaudieu, donde se puede admirar su abadía y un bellísimo claustro románico. Se fundó en el siglo XI y llama la atención la variedad de sus columnas. No hay ninguna igual que otra; unas rotan sobre sí mismas, son cilíndricas o poligonales y sus capiteles presentan decoración vegetal y animal. Bajen luego a la vera del río, crucen al otro lado del puente y saquen esa foto de la que se acordarán siempre. Auvernia es esto y mucho más. Vayan, vayan, que no se arrepentirán.