El salto secreto de Peñaladros

El agua y la vegetación convierten este rincón en un lugar apacible y refrescante./ENRIQUE DEL RIVERO
El agua y la vegetación convierten este rincón en un lugar apacible y refrescante. / ENRIQUE DEL RIVERO

Alcanzar esta cascada del Valle de Mena no requiere caminatas agotadoras para disfrutar del agua y la tranquilidad

GAIZKA OLEA

Allí, entre valles encadenados, carreteras comarcales que claman por un asfaltado, praderas, bosquecillos y cuadras, se encuentran algunos de los secretos mejor guardados de ese valle desconocido para la mayoría de los vascos que es el Valle de Mena, a pesar de que se encuentra en los límites de Álava y Vizcaya. Angulo, a medio camino entre Villasana de Mena y Artziniega, es un rincón bucólico encajado entre la Sierra de la Carbonilla y los muros de Sierra Salvada, tan parecidos a los de Orduña que tendrás la sensación de encontrarte en suelo conocido.

Cascada de Peñaladros (Valle de Mena)

Cómo llegar
La BU-554, que une Artziniega y Villasana de Mena, enlaza con la BU550 a 3 km. de la localidad alavesa. Seguimos por esta carretera y a 10 km. encontramos el desvío hacia Angulo. Cozuela se encuentra a 5 km. y para llegar a la cascada de Peñaladros seguiremos otros 200 metros hasta encontrar a mano izquierda una pista de hormigón. Para alcanzar Peña Angulo, basta con regresar a la BU-550 en dirección a Tresppaderne y llegaremos al alto en 5 km.

Y el agua. El terreno está surcado por arroyos, regatos y riachuelos de mayor o menor caudal que alimentan los pastos y garantizan el sano verdor de la comarca. El agua abre caminos, horada paredes para regresar al subsuelo y, en algunos lugares, salta con alegría y estrépito. En ocasiones, sólo cuando llegan las lluvias torrenciales o el deshielo; en otras, durante todo el año. El espectáculo de la Naturaleza en el valle de Angulo bien merece una escapada.

En Cozuela, cerca de la carretera que une Artziniega y Trespaderne, el agua ha formado un espectacular salto, pero son pocos los que tienen la oportunidad de visitarlo: no encontrarás un cartel que diga 'aquí está la cascada de Peñaladros'. Es un secreto bien guardado que no requiere caminatas agotadoras ni botas de monte. Basta con dejar el coche en la pista de hormigón, asomarse y contemplar la catarata. Y si somos prudentes, bajaremos por el sendero (ojo, porque hay un escalón peliagudo) hasta la orilla misma del río.

La cascada de Peñaladros salta sobre una profunda poza.
La cascada de Peñaladros salta sobre una profunda poza. / G. OLEA

El agua tiene en la poza el color verde de los sueños, porque así vemos el mar en esas fotografías que nos llevan a paraísos caribeños. La información oficial cifra en 30 metros la altura del salto, aunque a primera vista el cálculo parece un tanto excesivo, pero, como bien sabemos, el tamaño no importa. Lo relevante es la tranquilidad, el sonido arrullador y constante del agua y la sensación de que hemos visto algo que merecía la pena. Eso, y nuestra voluntad de no enfangar la naturaleza con basura arrojada sin cuidado o rompiendo ramas. Está bien que el paraje sea casi un secreto, pero eso no quita para mantenerlo medianamente limpio.

De regreso a la carretera de Trespaderne, conviene subir hasta el alto de Peña Angulo y detener el coche en el estacionamiento habilitado sobre el trazado de la antigua carretera. Una vez allí veremos el torno que permite acceder a los montes vallados de La Carrascosa y La Carrasquera, nombres que indican que alguna vez hubo allí encinas carrascas, aunque han desaparecido: predominan los pinos de repoblación y algunas hayas y robles centenarios.

Una vez dentro de la zona vallada, tres consejos: uno, nos hallamos en un cerrado para reses y es recomendable dejarlas en paz; dos, aquí hozan los jabalíes, aunque no los veas; y tres, es zona de palomeras, así que en determinas épocas del otoño es mejor prescindir del paseo. Pero con la prudencia debida, la caminata por el borde de los farallones resulta espectacular, con el valle al fondo y el salto de San Miguel como objetivo. Esta cascada, idéntica a la del nacedero del Nervión, es esquiva y sólo exhibe su poderío en ocasiones, pero entonces, el salto de 200 metros estremece.

El pinar dispone de senderos y una pista por las que caminar con tranquilidad, aprovechando las vistas y la calma del lugar. Comer un bocadillo, jugar o echar una siesta parecen una alternativa estupenda para una jornada de ocio... a poco más de una hora de Bilbao y Vitoria.

La niñez del Cadagua

De vuelta a Villasana de Mena, remontaremos el curso del Cadagua para aproximarnos a su nacedero, un espacio boscoso en el que el agua salta y se precipita con rapidez, consciente quizá de que 500 metros más abajo se convertirá en un río más apacible. Dejamos el coche en la aldea de Cadagua, al fondo ya del valle, y descendemos por un sendero hasta encontrar en un cruce los carteles que nos conducirán hasta el origen del río. Tras atravesar una pradera llegamos a un bosquecillo de ribera que dispone de varias veredas para aproximarnos a la orilla. Con precaución, este espacio natural ofrece serenidad, un rincón para la tortilla y la posibilidad de sacar buenas fotos.