para los restos

Valle de los Caídos./
Valle de los Caídos.
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

¡Qué negro era nuestro Valle de los Caídos! Mover a los muertos es siempre una tarea difícil, porque ellos están atareados en seguir muriendo, como el poema de César Vallejo, y eso exige continuidad. Los difuntos son muy perezosos y más si les abreviaron la vida y se la llevaron «casi en flor cortada». El gran Rafael Azcona, al que conocí cuando éramos poetas o queríamos serlo, en el café Varela que era casi todo nuestro Madrid de entonces, escribió un libro titulado 'Los muertos no se tocan, nene'. Muchos años después, tantos que parecen siglos, los seguimos traqueteando, pero ellos, como Lázaro insepulto, siguen desprendiendo gusanos por las viñas y el independentismo catalán, que por aquel entonces no sabíamos lo que era, quiere favorecer los límites legales para acometer su proyecto, que no es otro, aunque le llamemos de diferentes maneras, que la disgregación de España.

El presidente catalán ha reabierto el servicio de propaganda del llamado Diplocat, mientras rescata TV3. El objetivo exige «una relación bilateral», pero los independentistas son insaciables y el Estado muestra su desgana, aunque se siente a la misma mesa. Los muertos no sólo se tocan, sino que se traquetean. El president ha restituido el servicio de propaganda Diplocat. Quiere ser un jefe de Estado y no se conforma con presidir una región. Más difícil todavía, como en el circo, se lo estamos poniendo a Pedro Sánchez, que está haciendo más de lo que puede y quiere convertir en un museo de la memoria todo lo que no se ha llevado el olvido. Es un sitio donde cabe lo que se ponga, porque no tiene límites. Hay que apoyar a Pedro Sánchez, porque el que hace lo que le dejan hacer es un héroe de paisano y no lleva medallas. Quizá para que no se las quiten.

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