El permanente desprestigio de la sgae

La entidad es una fuente permanente de descrédito para los creadores y los derechos de autor

El permanente desprestigio de la sgae
ADOBESTOCK
Enrique Portocarrero
ENRIQUE PORTOCARRERO

Los creadores y los artistas españoles no saben gobernarse. Les falta criterio y visión de largo plazo, porque no se ponen de acuerdo a la hora de decidir y entender la forma de gobernar la SGAE, el órgano que gestiona y recauda sus propios derechos de autor. La historia es bien conocida, porque desde el 2011 la SGAE no ha sido otra cosa que una fuente permanente de descredito para los creadores, para sus derechos de autor o incluso para la propiedad intelectual.

Recuérdese, si no, la detención de Teddy Bautista por la Guardia Civil, el desmantelamiento de la red Arteria y su deuda de 40 millones de euros, la sucesión de broncas, juntas directivas y presidentes, el recurso continuado a las demandas y las querellas judiciales, las luchas fratricidas por el poder y ya finalmente la amenaza de intervención por parte del gobierno Sánchez. Y, ¿por qué todo esto? Pues, en primer lugar, porque desde que no gobierna con mano de hierro Teddy Bautista -por cierto, todavía imputado por apropiación indebida- el poder en la SGAE se lo disputan diferentes e irreconciliables grupos de creadores con intereses demasiado evidentes en la trazabilidad y en el reparto de los ingresos por derechos de autor.

Encima, no se puede negar la existencia de ese auténtico cáncer que es la llamada 'rueda', la música emitida por las televisiones en horario de madrugada -la de menos audiencia-, cuyos ingresos e intereses en la estructura financiera y de gobierno de la SGAE producen demasiadas influencias y perturbaciones. Francamente, el que ahora la Audiencia Nacional decidiera la intervención de la SGAE por parte del Ministerio de Cultura podría ser una eficiente solución temporal a ciertos problemas, al menos para atajar el enfrentamiento en su gobierno, para dibujar el esbozo de unos estatutos racionales o incluso para instaurar el voto electrónico. Ahora bien, que los poderes públicos tuvieran que hacerse cargo de la SGAE por su desgobierno no sería sino el reflejo de la vergonzosa incapacidad de los autores para decidir sobre sus propios asuntos. Y entonces, ¿cómo convencer a la sociedad sobre el respeto a los derechos de autor, si los propios autores no se respetan ni se ponen de acuerdo entre ellos?