Los perjudicados

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa. /
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa.
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Para ser un asesino perfecto se requiere, además de tener buena puntería, no equivocarse de víctima. Matar a Sánchez hubiera puesto las cosas peor para todos, especialmente para el difunto, pero esta vez no lo han conseguido. Ojalá no lo intenten más veces porque el que la sigue la mata, aunque también perezca en el tumulto. El presidente es hombre de buena fe y de mejor esperanza, pero eso no es suficiente porque no basta. Se habla y se escribe de que no hay que tocar el déficit porque muerde. ¿Qué podemos hacer o dejar de hacer los españoles? Complacerse en la condición de perjudicados no conduce a ninguna salida porque todas están cerradas.

El gran perdedor en este torneo de derrotados es el Tribunal Supremo, dejando aparte a usted y a mí y a todos los contribuyentes, incluso a los que no hemos contribuido al desastre, pero somos muchos los que creemos que existe una salida, aunque la tapia esté cerrada por lo que llaman «diferencias ideológicas», como si abundaran las ideas, que son pocas y siempre las mismas.

Los que somos creyentes aproximados seguimos confiando en que la verdad nos hará libres, pero lo primero es liberarla a ella. Quienes seguimos deseando a Pedro Sánchez una vida algo más larga que ancha no nos podemos desalentar porque ya hemos perdido el aliento y sólo hablemos de las hipotecas, que son de todos los colores, aunque el que más abunde sea el negro, porque el celeste sigue siendo un color que no acaba de decidirse. Está lleno de dudas y ese es su único contenido.

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