Madrid, extremadura, euskadi

El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara./EFE
El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. / EFE
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

Todo el mundo está hablando del gran avance social que supone la primera visualización de unos Presupuestos a la medida de las fuerzas de izquierdas estatales. No se habla de otra cosa que del salto en el Salario Mínimo Interprofesional hasta 900 euros, del aumento de la baja paternal a 8 semanas, del incremento del 43% en programas de urgencia social de vivienda. Los debates están monopolizados por el impacto en bienestar social que generará el incremento del 59% del gasto en dependencia. Las portadas de los periódicos destacan el objetivo de sacar a 80.000 niños de la pobreza infantil severa.

No es así. Eso no está pasando. La realidad es que, a pesar de estar en el poder, la izquierda está más desorientada y desmovilizada que nunca, completamente incapaz de alterar la agenda pública hacia los temas tradicionales de su agenda expansiva del estado de bienestar y descolocada por los resultados electorales en Andalucía que confirman el dominio de la agenda por el bloque conservador y su dificultad para hacer frente en las urnas a la nueva ola reaccionaria que ha activado la presencia de Vox en las instituciones.

Con elecciones territoriales a corto plazo, en mayo, era previsible que los candidatos de los partidos de izquierda intentasen cambiar una tendencia que les conducía irremediablemente hacia el precipicio. Quedarse quieto en este contexto es suicida y supondría regalar el poder al nuevo tridente que se va haciendo fuerte en todas las plazas. Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, donde el candidato elegido por Podemos para hacerse con el poder autonómico en esa comunidad ha decidido romper la disciplina de partido para subirse a un carro que podría resultar ganador si atendemos al éxito de la alcaldesa Manuela Carmena. No sabemos si esta apuesta logrará cambiar las malas expectativas electorales del espacio social y político representado por Podemos. No sabemos si no es ya demasiado tarde y la figura de Íñigo Errejón ha perdido parte del encanto que tenía tanto para los simpatizantes de Podemos, como, sobre todo, para esos votantes huérfanos de partido hacia los que dirige su nueva plataforma. Pero este movimiento desesperado debería de ser entendido por la dirección de Podemos como un último intento de evitar una derrota electoral anunciada.

Con menos glamour y peor oratoria, el líder del PSOE extremeño y de la Junta, Guillermo Fernández-Vara, también ha dinamitado la posición de su partido en el debate territorial para proteger sus intereses electorales y poder competir en el tema que domina la agenda política en su comunidad: el agravio que sufre Extremadura por culpa de los malvados independentistas catalanes que tienen secuestrado al Gobierno de Sánchez. La dirección estatal del PSOE se ve obligada a mirar hacia otro lado para permitir a sus líderes autonómicos proteger de la mejor manera sus intereses aunque estén equivocados y estén ayudando a proyectar la idea de que también hay dos partidos diferentes dentro del actual PSOE.

El problema es que ni Errejón ni Fernández-Vara pueden rentabilizar los Presupuestos de mayor gasto social de la democracia fruto de un acuerdo tantas veces pedido entre sus dos partidos a nivel estatal. Y la suma de las derechas puede cerrarles el acceso al poder en el caso madrileño o hacérselo perder en el caso extremeño. En Euskadi, la amenaza no la representa la suma del tridente reaccionario, que no sumará. Pero las expectativas de las izquierdas estatales son manifiestamente bajas y también se entendería que intentaran recuperar la iniciativa mediante alguna acción política arriesgada. El repertorio es amplio y seguramente seguiremos viendo más ejemplos de aquí a las elecciones de mayo.