ajustes de Verano

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Reuters
Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

Hay dos opciones, pero cada una es peor que la otra. Estamos en tiempo de batallas perdidas, que dijo Caballero Bonald, y el Tribunal Supremo ha perdido la que tenía entablada para juzgar a Puigdemont por rebeldía. El alto tribunal español tiene que elegir entre renunciar a la entrega o llevar el enojoso asunto ante la justicia de la Unión Europea. Mientras, la ministra de Economía, Nadia Calviño, eleva el objetivo del déficit porque las previsiones anteriores «no eran realistas». Hay que acomodarlas para reducir los números rojos de las distintas administraciones, incluso de la más distinta de todas, que es la catalana. El ajuste de este año se cifra en unos 6.000 millones de euros, que son únicamente cinco décimas más de lo previsto por Mariano Rajoy, cuyo mandato ya tiene algunos nostálgicos.

Le estamos llamando reducción de penas a impedir que sigan aumentando. ¿Qué es lo mejor entre lo pésimo?, ¿renunciar a la entrega o llevar el caso ante la justicia de la Unión Europea? La indignación ha cundido en los centros católicos por la reforma de la enseñanza concertada, que algunos dicen que no tiene ni orden ni concierto. El regreso del líder fugado depende de la hospitalidad de su jefe, que es Quim Torra. A la Justicia le tiemblan los platillos, pero está bien recordarle al prófugo que si regresa a España llegaría con las pedigüeñas manos esposadas. Se ha acabado lo que se daba y lo que se pedía a sabiendas de que no podía darse, que es la independencia de un trozo. Los que acumulan más mérito son los que hablan de euroorden mientras aguantan la risa. Saben que es un camelo, pero les conviene.

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