Solemne recorrido de luz y cristal

Un momento de la procesión./Igor Aizpuru
Un momento de la procesión. / Igor Aizpuru

Miles de vitorianos asisten a la procesión del Rosario de los Faroles, que volvió a recorrer Dato

Sara López de Pariza
SARA LÓPEZ DE PARIZA

Es el primer gran acto religioso de las fiestas en honor a la Virgen Blanca y miles de vitorianos volvieron a demostrar este domingo su devoción a la patrona. Solo cuatro horas después de que el chupinazo diera inicio a seis jornadas de jolgorio, los cofrades se colocaron el pañuelo rojo al cuello e hicieron posible el solemne espectáculo de luz y color que recorrió las calles del centro de Vitoria. Cerca de 370 personas participaron en la procesión del Rosario de los Faroles portando ante la admiración del público 270 faroles y las carrozas.

Este año con una novedad, y es que además de los elementos habituales se mostraron dos nuevas incorporaciones a la colección, un conjunto excepcional a nivel mundial y el único completo junto al Rosario de Zaragoza. «Procesionamos con dos ciriales pequeñitos que acompañan a la Cruz Procesional», explicaba el abad de la Cofradía de la Virgen Blanca, Ricardo Sáez de Heredia. Se trata de una pareja de candeleros del siglo XIX que pertenecían a la parroquia de San Miguel y fueron cedidos a la Cofradía, institución que se encargó de su restauración.

El silencio, solo roto por el rezo del Santo Rosario, fue protagonista durante un recorrido en el que el paso de los cofrades estuvo arropado por devotos que siguieron con emoción el acto e incluso dejaron constancia con sus teléfonos móviles en alto. Ante todos ellos quedó patente que a pesar de lo que pueda parecer, hay relevo generacional. Una treintena de niños y adolescentes -hace dos años eran 16- portó los incensarios y velones que recuerdan a los cereros que fundaron la Cofradía.

Este año no hubo cámaras profesionales para registrar la procesión e incluirla en la película de 'El Silencio de la Ciudad Blanca', pero al igual que en 2018 se repitió el paso por la calle Dato. Hacía más de veinte años que el Rosario de los Faroles no transitaba por la céntrica arteria debido a las dificultades para hacer pasar los elementos más altos entre los magnolios. Sin embargo, tras una poda selectiva el año pasado se recuperó la tradición. «La experiencia de volver a la calle Dato fue muy bonita y constatamos que podemos pasar sin problema, así que este año estamos encantados de repetir el recorrido por allí», celebraba el abad.

Presencia de autoridades

Como marca la tradición, la procesión comenzó su recorrido a las 22.00 horas después de avanzar hasta la Virgen Blanca todos los faroles y carrozas desde el Museo, en Zapatería. La plaza que horas antes era escenario del encendido de puros, éxtasis incontenido y ríos de bebidas de dudosa calidad, aguardaba ahora expectante un colorido espectáculo mucho más sosegado. La comitiva avanzó con por las calles Prado, Becerro de Bengoa, San Antonio, Manuel Iradier, Dato, General Álava, Becerro de Bengoa, Prado y Virgen Blanca para finalizar en la Zapatería.

Por el pasillo creado por vitorianos y algunos visitantes caminaron junto a los cofrades un importante número de autoridades en la primera de las noches festivas. Acudieron el alcalde de la ciudad, Gorka Urtaran portando la makila; el concejal de Administración Municipal, Borja Rodríguez sosteniendo la bandera de Vitoria; la teniente de alcalde, Maider Etxebarria; la segunda teniente, Ana Oregi; el tercer teniente de alcalde, Felipe García; la concejala de Deporte, Livia López; la portavoz popular, Leticia Comerón o la concejala de EH Bildu, Iratxe López de Aberasturi. Cerraba la comitiva el abad de la Cofradía, Ricardo Sáez de Heredia acompañado de otros miembros de la junta y el obispo, Juan Carlos Elizalde.