Psicología de mesa y mantel

Psicología de mesa y mantel

La motivación y el estado de ánimo condicionan nuestras decisiones sobre la dieta hasta el punto de resultar determinantes en la aparición de enfermedades ligadas al sobrepeso y la obesidad

FERMÍN APEZTEGUIA

Siempre se ha dicho que somos lo que comemos, pero por lo visto también comemos según estamos. La primera de estas dos máximas, atribuida tradicionalmente a Hipócrates –incluso a Shakespeare–, pertenece en realidad al filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach, según explica el investigador David de Lorenzo, autor con otros del libro 'Nutrigenómica y Nutrigenética'. La dieta, está claro, determina el estado de salud. Un equipo de la universidad inglesa de East Anglia ha demostrado ahora la segunda parte de la frase de arranque al constatar que la motivación y el estado de ánimo determinan nuestras decisiones sobre la dieta hasta el punto de que resultan definitorias en la aparición de enfermedades ligadas al exceso de peso. ¿Quién en algún momento no se ha hinchado a comer o ha dejado de hacerlo por puro desánimo? ¡Pues eso!

«Tendemos a compensar la tristeza con alimentos que nos proporcionen un ratito de placer, generalmente ricos en azúcares y grasas, que favorecen la diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. En cambio, cuando estamos contentos, pensamos más en nuestra salud a largo plazo», resume la coordinadora del hospital de día de trastornos alimentarios de IMQ Amsa, la psicóloga Begoña Charro. Se entiende con un ejemplo. Desde hace tiempo se sabe que la toma de algunos alimentos, como el chocolate, contribuye a la felicidad porque incrementa los niveles de serotonina y dopamina. El responsable de semejante chollo es el cacao. Cuanto más cacao contenga el chocolate, mejor; más sanos y más felices estaremos.

Productos para la felicidad

La suerte chocolatera puede aplicarse a todos los alimentos sin procesar, que está demostrado que fomentan un estado de ánimo positivo y una buenísima salud mental. Apunte: verduras, frutas como el plátano («fantástico, porque además sacia»), café, bayas y productos ricos en omega-3, como nueces, atún, bonito y sardinas, suben el ánimo. Lo bajan el azúcar, el trigo y los productos ultraprocesados. Ahora, un grupo de investigadores británicos ha querido buscar respuestas haciendo el ejercicio al revés. ¿Hasta qué punto el estado de ánimo influye en las actitudes que adoptamos con lo que comemos?

Las decisiones se toman, según se explica en este estudio –no es el único que se ha hecho sobre el asunto, pero sí el último– en función de dos tipos de comportamientos, que se denominan promoción y prevención. En general, en unas personas prima más el primero y en otras el segundo. Las que, consciente o inconscientemente, se guían por la promoción buscan que sus acciones les lleven a un estado ideal, piensan en positivo. La prevención, en cambio, constituye un intento de protegerse, se prefiere la seguridad frente a los riesgos.

Lo esperado

Basados en este planteamiento, los investigadores analizaron la conducta alimentaria de 1.125 taiwaneses. Estudiaron la manera en que fueron evolucionando sus costumbres alimentarias y el modo en que sus hábitos influyeron en la obesidad, el sobrepeso y otras enfermedades metabólicas. Descubrieron lo esperable. Los consumidores en los que primaba el espíritu de la promoción participaban más activamente en las decisiones sobre su nutrición, comían mejor y se cuidaban bastante más.

El estado de ánimo influye incluso a la hora de hacer la compra, lo que significa, según detalla Begoña Charro, que la familia comerá peor si la persona responsable de cocinar en casa está más decaída. Hay que cuidarse. Cuando baje al supermercado, ya sabe: elabore una lista de la compra, vaya sin hambre para no llenar la cesta de chorradas y deje la tristeza y la ansiedad en otro cajón. Que luego todo se come.