Dieta contra el estreñimiento

Dieta contra el estreñimiento

El envejecimiento de la población ha disparado la incidencia de los problemas de las personas para liberar sus intestinos. El ejercicio diario y una alimentación adecuada pueden ayudarle de manera drástica a sentirse más ligero

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

S é que un suplemento sobre gastronomía puede resultar un lugar cuando menos extraño para abordar el asunto que hoy nos ocupa; pero piénselo bien. Prácticamente todas las personas sufren de estreñimiento en algún momento de su vida y para muchísimas de ellas, nada menos que una de cada cuatro, las pocas ganas o ninguna de ir al baño pueden convertirse en una complicación grave y crónica. Dicho de otro modo, digamos que más de medio millón de vascos se las ven y se las desean. La falta de regularidad intestinal constituye uno de los principales motivos de consulta en los servicios de patología digestiva y nutrición, que es de lo que trata este espacio. Y lo cierto, sea dicho de paso, es que la alimentación también sobre esto tiene mucho que decir. Ahí va.

Lo primero en que debería pensarse a la hora de intentar recuperar la sonrisa diaria –que así es como se publicita cierto remedio contra el estreñimiento– es en la dieta. La alimentación condiciona el estado de salud de las personas hasta el punto que se considera ya como una de las medidas terapéuticas que deben cuidarse con mayor esmero, según se explica en la recientemente publicada 'Guía de la alimentación saludable...', coordinada por el médico nutricionista vasco Javier Aranceta, junto a los también especialistas de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria Carmen Pérez Rodrigo y Lluis Serra Majem, con el apoyo de cinco sociedades científicas.

Como la diabetes o la artritis

Hablando claro –todo lo que nos sea posible–, los especialistas entienden que existe un problema cuando una persona se ve incapaz de realizar, al menos, tres evacuaciones por semana, sin gran esfuerzo y de cierta consistencia. Esto es algo muy dado a chistes y gracietas pero, insisto, no se trata de una cuestión menor. Más bien al contrario, los médicos especialistas lo consideran como «un problema social», que afecta a la calidad de vida de los pacientes tanto como la diabetes o la artritis. Limita las actividades diarias, la capacidad laboral, las relaciones sociales y, ¡ojo!: aunque no es lo normal, puede ser la advertencia de una enfermedad intestinal, un trastorno de salud mental o neurológico, un embarazo e incluso de un cáncer de colon.

¡No se asuste, hombre! Respire hondo, que lo más seguro, si lo padece, es que el suyo sea, como la mayoría, un problema de malos hábitos alimentarios. Por eso, la educación al paciente suele ser la primera herramienta terapéutica utilizada para corregir la situación. La primera medida que se propone es intentar crear el hábito de ir al baño siempre a la misma hora. Es importante no reprimir las ganas, acudiendo en cuanto se sientan los primeros síntomas y, si es posible, que no es fácil, intentar ir siempre a la misma hora.

¿Adivina, si esto falla, en qué consiste el tratamiento? ¡Exacto! Dieta mediterránea y ejercicio. Habituarse a una alimentación rica en frutas (con piel), verduras (mejor crudas) –entre cuatro y cinco raciones al día, con legumbres (lentejas, garbanzos, habas, alubias...)– y frutos secos constituye posiblemente la receta más eficaz. Habría que aderezarla con ejercicio físico, claro. Lo bueno sería practicar alguna actividad deportiva todos los días o al menos cinco hasta alcanzar los 150 minutos semanales. Si lo piensa bien, no es tanto, 30 al día, de lunes a viernes.

Beber litro y medio diario

Aún hay más medidas que pueden adoptarse. Los expertos aconsejan consumir pan integral o elaborado con cereales de grano entero. También es necesario beber abundante líquido, al menos un litro y medio diario entre agua, zumos, sopas, consomés o infusiones. Las hortalizas como judías verdes o espárragos constituyen también una importante fuente de hidratación, lo mismo que frutas como naranjas, melocotones, peras y fresas.

El envejecimiento de la población ha convertido el estreñimiento en uno de los principales desafíos de salud de Occidente. La dieta puede ayudar mucho. Si no funciona, lo mejor sería consultar al médico y olvidarse de herboristerías y pócimas. Y si las toma, coménteselo a su médico. Algunas de ellas podrían interferir con el tratamiento.