Así se comía en el antiguo Hospicio de Vitoria

Hospicio y Casa de Piedad de Vitoria, 'Revista pintoresca de las provincias bascongadas' 1846./
Hospicio y Casa de Piedad de Vitoria, 'Revista pintoresca de las provincias bascongadas' 1846.

La Casa de Piedad, fundada en 1777, daba de comer a los pobres sopa, potaje y pan

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

Casi todos los vitorianos conocen aún el edificio de la residencia de ancianos San Prudencio como el Hospicio, a pesar de que lleve muchas décadas sin recoger huérfanos. La Casa de Piedad, de Misericordia u Hospicio de Vitoria (que todos esos nombres recibió) fue fundada en el año 1777 en las dependencias del antiguo colegio seminario de San Prudencio, en la calle San Vicente de Paúl.

Un grupo de benefactores, pertenecientes en su mayoría a la ilustrada Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, junto con el Ayuntamiento y el obispo Diego de Rojas y Contreras (gobernador del Consejo de Castilla de origen vitoriano) decidieron abrir una institución caritativa que diera techo, comida y educación a los vecinos más desfavorecidos de la ciudad. La junta, denominada entonces Diputación de Pobres, instaló en las viejas dependencias del seminario por un lado a los adultos necesitados y por otro a los menores y niños expósitos, que contaban allí con una escuela.

Ingreso por recomendación

Tal y como nos cuenta su reglamento de 1827, las admisiones se hacían a través de recomendaciones de los párrocos de la ciudad y en aquellos tiempos se daba amparo a unos 300 pobres, a quienes se suministraban vestidos y manutención. Ésta consistía «por la mañana en una taza crecida de sopa, á medio dia media libra de pan, una taza de habas y como un quarteron de carne, por la tarde una racion proporcionada de pan y por la noche una taza de sopa» (sic).

Hace poco encontré navegando por internet un documento que nos permite saber un poco más detalladamente qué se comía en la Casa de Piedad y sobre todo cuánto costaba, asunto pecuniario que era de suma importancia para la administración del hospicio. Con el presupuesto que tenían debían alimentar a todas las personas a su cargo y esto se conseguía a través de una dieta, si no muy suculenta o variada, sí bastante completa.

Detalle de los gastos en comida del hospicio vitoriano, principios s. XIX.
Detalle de los gastos en comida del hospicio vitoriano, principios s. XIX. / TODOCOLECCIÓN

Tal y como recoge la nota de gastos estaban recogidos en aquel momento en la Casa de Piedad 85 adultos y 135 menores de edad, una cifra bastante inferior a la proporcionada en 1827, así que podemos elucubrar que este manuscrito es anterior a esa fecha, posiblemente de finales del siglo XVIII o los primeros años del XIX. La cuenta, recogida en maravedíes, registra lo que costaba dar de comer a los hospiciados «sopa por la mañana, potaje o arroz a mediodía y sopa por la noche», un menú de sota, caballo y rey en el que se gastaban diariamente sesenta libras de pan (27 kilos), una libra de aceite (460 gramos), seis celemines de habas o dieciocho libras de arroz (más de 8 kilos) y cincuenta libras de carne (23 kilos) para el guisado, que podía ser hecho con cabezas o casquería.

Eran desde luego las partes menos nobles de los animales y las que menos costaban, pero había que ahorrar. A estas raciones había que añadir una libra de pan al día por adulto, repartida entre comida y cena (cuatro libras para cada cinco niños) y medio cuartillo de vino (unos 300 mililitros) además de la leña, sal, ajo y pimentón requeridos para cocinar. Puede que esta dieta, repetida día tras día, nos parezca un suplicio en el que brillan por su ausencia tanto la variedad como las verduras o pescados, pero seguramente para los que no tenían otra cosa que llevarse a la boca fuera casi un milagro.