Mercedes García Rupérez: «Hice una cata vertical de vinos antiguos y aluciné»

La enóloga soriana, en la sala de catas de Montecillo./
La enóloga soriana, en la sala de catas de Montecillo.

La enóloga pasó de Finca Malpica, la bodega que Osborne tiene en Toledo, a Montecillo en La Rioja. De elaborar vinos modernos a buscar la limpieza y la finura

ELENA SIERRA

La enóloga Mercedes García Rupérez está ligada al vino desde pequeñita porque cerca de San Esteban de Gormaz, en Soria, su familia ha estado elaborándolo desde la época de los tatarabuelos. «Ciento y pico años» tendrán esas viñas sorianas que dan «como mucho 1.500 kilos al año» y alrededor de las cuales tienen lugar todas las celebraciones. «He mamado la vendimia, el cuidado de la viña, la fiesta del pueblo se hacía con el vino familiar, pisar la uva era una fiesta. Y estudié para agrónoma, que era lo que me permitía seguir los pasos de mi señor padre». Hizo el Master en Enología y elaboró vino en Valladolid, en Chile, en Cuenca... hasta llegar a Toledo, a la Finca Malpica de Bodegas Osborne. En 2008 pasó a La Rioja, a Montecillo.

Montecillo (Navarrete)

Dirección
Ctra. Fuenmayor Km. 3.
Web
bodegasmontecillo.com.

–Cuando le dijeron que viniera a Rioja, a una bodega del siglo XIX, ¿qué pensó?

–Cuando entré en Osborne mi perfil era de una elaboradora de estilo moderno. La de Malpica, en Mancha, era una finca en la que se trabajaba esto, con muchas hectáreas. Pero no solo me cogieron por esta razón, para el puesto al que yo optaba se había abierto el proceso de selección tres veces y nunca habían encontrado a la persona adecuada. Ya se tenía en mente que con el tiempo esa persona pudiera subir a Rioja. Se buscaba lo moderno y el respeto por la tradición.

–Y llega a Montecillo, fundada en 1870.

–Era todo un reto. La primera vez que hice una cata vertical de vinos antiguos, aluciné. Yo no tenía ese conocimiento y estos vinos eran una sorpresa continua. Recuerdo que estuve dos días enteros con las botellas abiertas y volvía y volvía sobre ellas, como loca, emocionada, diciendo «dios mío, esto qué es». Fue ahí cuando me abrí al mundo de los vinos viejos, en 2009, un año después de estar aquí. Ahí fue cuando dije «qué maravilla» y cuando me enamoré del todo de un estilo de vinos más pulidos, más finos, grandes reservas.

–El auténtico vino de Rioja, presumen en esta bodega. ¿Cómo es?

–Rioja no tiene un único estilo y ha cambiado mucho en los últimos tiempos, centrándose más en el de parcela, de 'terroir'. Pero sí se mantiene que se cuida mucho que el vino sea eso, vino. Nos hemos puesto en la vanguardia de vinos con fruta y con la madera muy limpia, para poder disfrutar de ellos. Y para mí los vinos de Rioja deben seguir teniendo mucha clase y potenciando mucho la limpieza. Se cuida la elaboración y se mima la viña.

El potencial de los viñedos

–Pero ustedes tienen viñedos en distintas ubicaciones.

–El vino 22 Barricas de 2008, el primero mío, fue desde el primer momento la apuesta por ver el potencial de viñedos distintos de variedades distintas y de las mismas variedades en diferentes suelos, con diferentes climas, observando lo qué ocurre por ejemplo con el tempranillo en viñedos distintos. Para elaborar vinos así, el conocimiento de las viñas es fundamental.

–¿Cuándo se sintió preparada para experimentar con ese trabajo en la viña?

–En el 2011 ya tenía claro que ciertos viñedos podían dar cosas muy buenas y muy distintas. Pero es a partir del 2015 cuando creo que hemos dado un paso más: nos hemos atrevido a elaborar varietales por separado, que saldrán en breve, y eso ha sido el salto definitivo.

–En 2020 se cumple el 150º aniversario de la bodega. No puede quedarse solo con el legado, ¿no?

–Por supuesto. Intentamos ir de la mano, aunar ese legado y la modernidad. Queremos ir a un estilo borgoña, que quede muy claro el 'terroir', separar una finca de otra, pero la elaboración no tiene nada que ver. Sacar color, respetar fruta, tener estructura, todo en un proceso ayudado por tecnología en bodega. Todo empieza y termina en los vinos, que están controladísimos desde el primer momento, y para ello no puedes quedarte anclado en el pasado. Tienes unas raíces que puedes vestir y que tienen que estar trabajadas con una tecnología puntera y adecuada al mercado. Si no, te quedas atrás.

–Esa tecnología les permite el control absoluto del proceso.

–No enseñamos el laboratorio en las visitas, pero ahí se ve esa tecnología aplicada precisamente para lograr el máximo control. También en el control de sanidad de todas y cada una de las cajas de cada remolque que entra. No es visual, tenemos aparatos que miden la podredumbre. Todo es analítica y cata.