Agot, la versión vasca del delicado whisky de malta

José Luis Navarro cata su whisky, el Agot, en el pub Soho 'de Vitoria. /RAFA GUTIÉRREZ
José Luis Navarro cata su whisky, el Agot, en el pub Soho 'de Vitoria. / RAFA GUTIÉRREZ

Los vitorianos Basque Moonshiners ganan prestigio internacional con su primer single malt

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

Somos costa, montaña y llanada. Huerta, viñedos y cereal. Vino, sidra y cerveza artesana. El País Vasco es uno y muchos a la vez. Sobre todo cuando de comer y beber se trata. Y ahora, además, somos whisky. Single Malt. El más apreciado por los entendidos. El más difícil de producir.

Hace cuatro años que Basque Moonshiners empezó a producir licor en Vitoria. José Luis Navarro y Carlos Ortiz de Zárate convertían en profesión una afición heredada de los abuelos y montaban una coqueta destilería en Ali. El vodka Basmoon, su primera receta, les dio a conocer a nivel internacional. Los destilados de patata premium son muy valorados en el norte de Europa.

Casi a la vez, de manera discreta, pusieron a criar el whisky de malta, de doble destilación, al que querían dar un toque diferencial en barricas de Rioja alavesa. Un single malt. Aquel que se produce de principio a fin en unas mismas instalaciones, controlando cada detalle del proceso. Nadie en Euskadi hace algo parecido. Para poder etiquetar una botella de whisky como single malt, todos los procesos se deben elaborar dentro de la destilería y tiene que estar elaborado 100% con malta. Además, se tiene que destilar en alambique tradicional de cobre y pasar al menos tres años en barricas de madera. Finalmente se embotella sin filtrar.

«El vodka o la ginebra que elaboramos nos dio a conocer el mercado, pero es el whisky el que te abre las puertas a otra dimensión. Demostrar que sabemos hacer licor nos brindó una oportunidad. Hacer whisky a este nivel es lo que genera prestigio para una marca», comenta Navarro.

Web
http://basquemoonshiners.es/

Charlamos con él en el pub Soho, uno de los locales de Vitoria en el que encontrar Agot. Así se llama el primer single malt whisky vasco. «Es un guiño a los agotes navarros. En la etiqueta le hemos dado un toque picasiano, pero todo guarda referencia a aquel grupo social». El primer lote de Agot –de unas 900 botellas– ya está casi todo vendido. «La mitad en el extranjero», explican sus creadores. Navarro lleva la parte más comercial de la empresa. Ortiz de Zárate es el maestro destilador.

«Un distribuidor internacional quiso comprarlo todo cuando lo probó, pero nos negamos. Queremos que se pueda probar y opinar sobre él también en el País Vasco y en el resto del Estado. Conocer lo que les parecen nuestras creaciones a nuestros vecinos es algo que nos interesa especialmente». En Bilbao, el Residence es el lugar de referencia para catarlo. El bartender Manu Iturregi es el brand embassador de los Basque Mooshiners y ha aprobado cada una de las botellas numeradas que han salido al mercado.

Se trata de un whisky sin turba, sin filtrar con color ambarino y tanto oscuro por el uso de maltas Pils y Munich. Puro caramelo. Todo natural. «Los scotch malt suelen rondar los 42 grados. Nosotros lo hemos dejado en 46. Es fácil de beber y muy meloso y así soporta mejor una o dos piedras, para lo que gustan de beberlo frío».

La personalidad propia la adquiere en las barricas utilizadas. «La edición de 2019 es un coupage de barricas de roble francés usadas en su día para la crianza de tintos de rioja alavesa; barricas de roble americano que añejaron bourbon y otras de nuevas de esa misma madera. Para la edición de 2020 estamos valorando usar el whisky que lleva cuatro años madurando en botas de Pedro Ximenes», aventura Navarro.

Lúpulo para las ginebras

Y es que más allá del vodka y el whisky, la empresa no deja de investigar nuevas recetas. «Acabamos de elaborar varias ginebras con lúpulo», desvela. Básico en la cerveza, esta planta no se ha utilizado tradicionalmente entre los botánicos que se maceran para conseguir dry gin. En la 'Iradier y Bulfy IPA', por ejemplo, los lúpulos no peletizados le dan un olor y sabor al licor que recuerda a la lima y que «la hace perfecta para combinarla con tónica».

También están investigando junto a la Universidad del País Vasco la recuperación de cáñamos autóctonos y su uso como base en la creación de bitters para coctelería. «Cuando se termine el trabajo académico que se está realizando en el campus de Álava de la UPV podremos concretar más, pero se está tratando de recuperar una especie de la que se guardan semillas salvajes, que se recogieron en Peñacerrada en el siglo XVIII. Al parecer era común en nuestro territorio y se usaba para la elaboración de textiles».

Por ahora, la novedad es el whisky. Un licor para disfrutar sin prisas. Una vez que se acaba, no se embotellará más hasta enero.