EE UU y China abren un nuevo frente de guerra con la detención de la financiera de Huawei

Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei./Efe
Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei. / Efe

Acusada de haber violado las sanciones contra Irán, Meng Wanzhou, hija del fundador de la marca, ha sido arrestada en Canadá y podría ser extraditada a Nueva York

Zigor Aldama
ZIGOR ALDAMA

Parecía que las aguas volvían a su cauce en la guerra económica y política que enfrenta a EE UU y a China. Pero las dos principales potencias del mundo han abierto un nuevo frente, y lo han hecho en un tercer país. Canadá confirmó este jueves la detención el pasado día 1 de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, por haber violado las sanciones dictadas contra Irán al venderle productos con componentes estadounidenses. Y este viernes la directiva se enfrentará a una vista judicial para determinar si es extraditada a Nueva York para su procesamiento.

Su caso puede terminar siendo la pieza clave de las investigaciones que el Departamento de Justicia de la superpotencia americana abrió en abril para esclarecer la naturaleza de los negocios de Huawei con Teherán, y amenaza con provocar una nueva tormenta diplomática entre Washington y Pekín. Sobre todo, porque Meng no es una empleada cualquiera, sino hija de Ren Zhengfei, el fundador del gigante tecnológico chino.

Como era de esperar la reacción de Pekín ayer fue contundente. La Embajada de China en Canadá publicó un comunicado oficial en el que criticó que se haya arrestado a una ciudadana «que no ha violado ninguna ley ni en Canadá ni en Estados Unidos». Convencida de ello, la legación del gigante asiático mostró su «firme condena a estas acciones que violan los derechos humanos de la víctima». Y urgió «a la inmediata liberación de Meng».

No obstante, y aunque tanto Huawei como China reiteran que no hay ninguna prueba que incrimine a Meng en delito alguno, el diario de Hong Kong 'South China Morning Post' publicó extractos de la transcripción de una reunión que tanto Meng como su padre mantuvieron con empleados de la empresa, y en la que afirmaron que en algunas ocasiones se podrían incumplir las sanciones decretadas si el beneficio supera a los posibles riesgos.

De hecho, según el rotativo chino, en esa conversación Meng delineó unas líneas rojas que en ningún caso se podrían rebasar, y otras líneas amarillas en las que la empresa podría considerar un incumplimiento temporal de las reglas. En caso de que se confirme la autenticidad de esa conversación, tanto Meng como la empresa podrían sufrir consecuencias graves.

Su competidora ZTE sabe bien a qué se enfrenta Huawei, porque también fue acusada –y castigada– por haber hecho negocios tanto en Irán como en Corea del Norte. Estados Unidos prohibió incluso la venta de componentes americanos a la empresa de telecomunicaciones china, y eso provocó que tuviese que echar el cierre durante meses. El asunto escaló al máximo nivel y, finalmente, Donald Trump logró levantar el veto. Pero, no obstante, ese fue un duro toque de atención para China porque evidenció la dependencia tecnológica del gigante asiático.

Ahora habrá que ver si Huawei, que también utiliza componentes americanos, corre la misma suerte. Si lo hace, el golpe podría ser tremendo, porque refrendaría los temores que han llevado a Australia y a Nueva Zelanda a rechazar los equipos de la tecnológica para desarrollar las redes 5G, una tecnología en la que China quiere llevar la voz cantante. Y, aunque 2018 tiene ya los días contados, también podría evitar que Huawei alcance los ingresos de 100.000 millones de dólares (88.176 millones de euros) que se había puesto como objetivo para el conjunto del año.

Por si fuese poco, este nuevo caso también amenaza con echar más leña al fuego de la guerra arancelaria que protagonizan ambas potencias desde que Trump decidió gravar con aranceles innumerables productos chinos. Según el mandatario americano, el gran déficit comercial que escora hacia Oriente la balanza comercial entre ambos países no es fruto de una competencia limpia, razón por la que ha aprobado numerosos impuestos para detener las exportaciones chinas y crear puestos de trabajo en casa. No obstante, ambas partes continúan negociando y hace unos días acordaron una tregua de 90 días cuyas condiciones China comenzó a implementar ayer.

El plan que irrita a Trump

China se ha convertido en la segunda potencia mundial gracias la fuerza económica de sus exportaciones, que también ha permitido incrementar notablemente el bienestar de la población. Pero, ahora, para evitar lo que se conoce como 'la trampa de las rentas medias', el gigante asiático busca dar un salto cualitativo. Necesita innovar y ponerse a la cabeza del desarrollo tecnológico.

Para lograrlo, los líderes comunistas tienen un plan que irrita a Donald Trump: 'Made in China 2025'. La meta que se propone es en superlativo: convertirse en uno de los mayores fabricantes de manufacturas avanzadas en 2025 y liderar el mundo en 2049, coincidiendo con el centenario de la proclamación de la República Popular. Para ello, el Gobierno ha identificado diez sectores diferentes en los que busca avanzar rápido gracias a la multiplicación de la inversión en I+D: desde la inteligencia artificial, hasta la tecnología agrícola, pasando por la biomedicina, la ingeniería aeroespacial o la robótica.

Pero lo que parece un plan industrial como cualquier otro levanta ampollas en el ámbito internacional. Sobre todo, en las relaciones con Estados Unidos. En parte, eso se debe a que 'Made in China 2025' también tiene un marcado carácter proteccionista: uno de los objetivos es lograr que el porcentaje de los materiales y componentes autóctonos utilizados en esta tecnología punta alcance el 40% en 2020 y el 70% un lustro después. Pekín considera que la autosuficiencia es clave para tener éxito en un mundo hostil que amenaza a empresas como Huawei, pero para muchas compañías extranjeras que se sienten excluidas del proyecto esa es una invitación a marcharse.

Por otro lado, Trump señala que los avances tecnológicos chinos se basan, demasiado a menudo, en el robo de propiedad intelectual. No es que el presidente estadounidense acuse a 'hackers' chinos de rebuscar en los servidores de empresas extranjeras, que también, sino que ve injusto el sistema que el gigante asiático utiliza para permitir el acceso de las compañías foráneas en el mercado interno, y que en muchas ocasiones fuerza la transferencia tecnológica.

En este último punto, Trump no está solo. Las empresas europeas también critican la falta de reciprocidad: empresas como Huawei se han extendido por el mundo y han podido competir en igualdad de condiciones con sus homólogas extranjeras. Sin embargo, en el camino contrario, las compañías foráneas tienen que sortear multitud de barreras para entrar en China. Australia y Nueva Zelanda también han rechazado que Huawei desarrolle sus redes 5G porque consideran que pueden albergar una puerta trasera para que el régimen de Pekín espíe, un temor que muchos comparten en Estados Unidos.

Heredera del mayor imperio tecnológico chino

Huawei fue fundada en 1987 y se presenta como una empresa propiedad de sus trabajadores, pero nadie sabe concretamente cómo se reparten sus acciones. De lo que no hay duda es de que su fundador, Ren Zhengfei, sigue teniendo el control. Y de que, a pesar de que haya dicho lo contrario en alguna ocasión, su plan es ceder sus poderes a la directora financiera y vicepresidenta de la empresa, Meng Wanzhou. Aunque su nombre no lo revele, porque decidió adoptar el apellido de su madre, Meng también es la hija mayor de Ren.

Que haya sido detenida en Canadá puede trastocar esos planes, pero Meng no se va a dar por vencida fácil. Nacida en 1972, quienes la conocen se refieren a ella como una profesional seria y sólida, a pesar de que apenas tiene experiencia fuera de la compañía: su único trabajo fuera de Huawei fue en una oficina del China Construction Bank. No obstante, ella también ha sido artífice del espectacular crecimiento de una compañía que nació como una pequeña empresa familiar y que se ha convertido en un gigantesco imperio tecnológico. En las pocas entrevistas que ha concedido, Meng se ha enorgullecido de haber ido escalando posiciones desde lo más bajo, dando a entender que nadie le ha regalado nada.

Ahora, tanto ella como su padre, que es miembro del Congreso Nacional del Partido Comunista de China, pertenecen a la elite económica del gigante asiático. Su arresto puede provocar una escalada en la tensión diplomática que ya enfrenta al gigante asiático con Estados Unidos, algo que ayer se pudo atisbar cuando Pekín criticó el «despreciable hooliganismo» de Washington.

Por su parte, la prensa china sacó la artillería pesada para asegurar que la potencia americana quiere acabar con Huawei a toda costa porque le preocupa la expansión de su tecnología, que es más competitiva. Independientemente de lo que diga el aparato de la propaganda, ahora Meng tendrá que convencer a los investigadores norteamericanos de que Huawei no vendió a Irán nada que tuviese componentes estadounidenses.

 

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