Teresa Pérez ingresa en el club de honor de los jarreros centenarios

Teresa posa con el Jarro de Haro junto a sus familiares y los responsables municipales./ E. C.
Teresa posa con el Jarro de Haro junto a sus familiares y los responsables municipales. / E. C.

La histórica docente de Haro, que ha dedicado su vida a ayudar a los más necesitados, acaba de cumplir 100 años

Daniel Ortiz
DANIEL ORTIZ

Somos muchos quienes nos hemos preguntado alguna si nos gustaría vivir hasta los cien años. Y no somos pocos quienes encontramos una respuesta 'a lo gallego' a esa misma cuestión: pues depende. Porque alcanzar ese hito de longevidad solo al alcance de unos privilegiados aparece condicionado al estado de salud con el que se sumen los tres dígitos al DNI.

Eso sí, cualquiera firmaría alcanzar esa edad si en la meta uno se encuentra tan bien como Teresa Pérez, que ayer recibió el Jarro de Haro como regalo de cumpleaños de parte del Ayuntamiento de la ciudad. Teresa es una de esas personas que cada vez que suman años la cifra se multiplica. Porque añade la nueva cifra a su edad, pero también a la de todas esas personas a las que ha ayudado a vivir un poco mejor.

Vinculada a la docencia –no solo en la capital riojalteña–, ha estado ligada durante toda su existencia al tejido asociativo. Sin ir más lejos, es una de las socias vivas más antiguas de Cruz Roja y presume de serlo. Ayer, precisamente, aprovechó la visita de los representantes municipales para desempolvar su viejo álbum de fotos y mostrar con orgullo los recuerdos de su generosidad, como cuando asistió como enfermera a los heridos de la Guerra Civil en el antiguo hospital de Haro.

«Me gustaba mucho tratar con los niños, a los que daba caramelos, sobre todo cuando se caían o magullaban», rescató la jarrera centenaria de entre sus recuerdos como profesora, subrayando que «tenía ocasión de estar allí dónde se me requería, como la Escuela Nocturna o Acción Católica, ya que no tenía nada mejor que hacer».

Porque Teresa Pérez da claras muestras de su lucidez cada vez que tiene ocasión de ello. No se resigna a existir, sino que vive con intensidad. Tanto, que ayer no dejó pasar la ocasión de expresar su opinión sobre las obras de la Plaza de la Paz, tema de conversación recurrente en el día a día de los jarreros. Pese a que los tirones de orejas suele recibirlos aquellos que cumplen años, la centenaria aprovechó para dedicarle el suyo particular a Rivado: «Más jotas durante las fiestas, para así poder dormir mejor».

 

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