Sánchez explota su perfil institucional y busca crecerse en el todos contra uno

Pedro Sánchez, durante el mitin que dio este jueves en la localidad sevillana de Dos Hermanas. / Reuters

El jefe del Ejecutivo recorrerá 17.000 km para convencer a los indecisos de que con un pequeño impulso podrá prescindir del secesionismo

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

En el cuartel general del PSOE -o para ser más precisos, en La Moncloa, que es donde tiene su despacho el principal estratega de los socialistas, el consultor político Iván Redondo- tenían claro hace ya varias semanas que podrían sacar provecho del punzante clima de «todos contra Sánchez» alimentado entre PP y Ciudadanos, y agudizado por la irrupción de Vox. «El ambiente es muy parecido al de las primarias», decían. Del mismo modo que los militantes de base percibieron los continuos ataques de Susana Díaz al que había sido su secretario general como una muestra descarnada de su ambición de poder, los socialistas creían que las críticas hiperbólicas de Pablo Casado y Albert Rivera, contribuirían a generar una reacción defensiva no ya en el electorado progresista sino en el moderado. A la vista de las encuestas se sienten ratificados.

La lectura de la situación explica en buena medida la decisión estratégica anunciada ayer por el partido gubernamental justo en el inicio oficial de la campaña: la participación de Sánchez en un único debate electoral entre cinco candidatos organizado por Atresmedia. No es sólo que con ella prive a Pablo Casado de una herramienta muy valiosa para elevarse sobre Albert Rivera y Santiago Abascal como única alternativa de Gobierno, es que el formato le permitirá situarse, o eso asumen los suyos, en una posición de centralidad desde la que explotar otra de sus ventajas, estar en el Gobierno.

Sánchez tratará de rentabilizar su posición institucional durante toda la campaña. No es casual que algunas de las entrevistas que ya ha ofrecido como candidato hayan tenido como marco no su despacho en la sede del PSOE, sino el Palacio de La Moncloa, y tampoco lo es que, más allá de las 101 propuestas que presentó en un acto en un teatro con sus ministros como asistentes, no haya publicado programa electoral. Su carta de presentación son los Presupuestos Generales del Estado y las medidas sociales planteadas desde el Ejecutivo en los últimos meses y que no pudieron ver la luz.

Con el aval que, a su juicio, le otorgó el no haber logrado el apoyo de los independentistas a las cuentas públicas -según el relato de La Moncloa por su negativa a ceder en el reconocimiento del derecho de autodeterminación-, el PSOE construyó el otro pilar de su estrategia.

Tirón final

Tras una intensa precampaña en la que ha dedicado buena parte de su tiempo a la España rural, en los próximos quince días recorrerá 17.000 kilómetros centrado en el voto urbano más indeciso con un mensaje claro: que está en condiciones de prescindir del apoyo de los independentistas con un pequeño empujón más (lo apuntó el CIS) y que sólo él puede frenar un Gobierno con Vox.

La carrera empezó ayer en un lugar para él emblemático, el mismo recinto de Dos Hermanas (cuna 'antisusanista') en el que se lanzó a la reconquista de la secretaría general del PSOE en un pugna de la que salió ampliamente victorioso. Tanto, que le valió el sobrenombre de 'el renacido'. Hasta el 27 de abril, participará en una veintena de actos, esta vez sin el váculo de sus mayores Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero porque no cree ya necesitarlos. Ha creado su propia marca.