Un trabajo con mucha carga

Zeuko, especialista en sistemas de elevación, nació para mantener las grúas de industris, puertos y astilleros./
Zeuko, especialista en sistemas de elevación, nació para mantener las grúas de industris, puertos y astilleros.

La firma vizcaína Zeuko realiza desde 2005 la adecuación a las más estrictas normas de seguridad de las grúas de carga crítica de las centrales nucleares españolas

IRATXE BERNAL

Sólo los preparativos para visitar al cliente en su lugar de trabajo, para ofrecer un presupuesto, ya implican realizar cursillos de seguridad y hasta aprender a leer el sistema de dosimetría individual con el que se miden las radiaciones ionizantes a las que puedas estar expuesto. Toda precaución es poca cuando se entra a una central nuclear. Más aún cuando tu tarea es asegurarte de que parte de la equipación con que se trabaja en ellas cumple con todos los requisitos de seguridad como hace desde hace ya casi quince años la ingeniería vizcaína especializada en sistemas de elevación y maquinaria especial Zeuko. Esta firma, nacida en origen para ofrecer sus servicios en empresas industriales, puertos o astilleros, desde 2005 también cuenta entre su clientela con todas las centrales nucleares españolas. Aunque en distintas fases de su ciclo de vida y para distintos usos, para todas ellas ha realizado la puesta a punto de sus grúas, que para cargar con seguridad el combustible (generalmente uranio) han de cumplir con una estricta normativa, denominada Nureg.

La firma acaba de finalizar la adecuación a esta normativa de dos grúas de la central de Almaraz que, partir de ahora, la planta podrá emplear no sólo para manejar cargas convencionales sino también para trabajar con carga crítica, la que al ser manipulada podría emitir radioactividad ya sea directa o indirectamente. «Es decir, que la grúa ha de someterse a esa normativa tanto si trabaja con esa carga como si simplemente opera una zona donde esté depositada, donde exista por tanto el riesgo de que algo pueda caer sobre ella y provocar la emisión de radioactividad. Además, las grúas que trabajan en este tipo de instalaciones deben poder soportar determinados seísmos sin que la integridad de la grúa ni de la carga se vean comprometidas y han de ser de seguir funcionando en caso de fallo simple. Es decir, garantizando que, si tienen una avería, aún son capaces de trasladar y depositar esa carga crítica a una posición segura», explica Calixto Fernández, consejero delegado de la firma. En el caso de Almaraz (junto con Ascó, la única que tiene dos unidades gemelas y, por tanto, dos reactores) la solución ha pasado por la sustitución de los viejos carros de las grúas por otros de 56 toneladas de peso cada uno que garantizan elevar con seguridad hasta 130 toneladas a 22 metros de altura.

Desmantelamiento de Zorita

La primera central que se puso en contacto con ellos fue la central nuclear José Cabrera (más conocida como Zorita, por situarse en Almonacid de Zorita, Guadalajara) con los preparativos para su cese de actividad, ejecutado en 2006. Tres años antes, la planta empezó a organizar el traslado del combustible gastado. Cuando una central está en activo el combustible usado, el ya no es útil para mantener una reacción nuclear pero aún libera radioactividad, se va almacenando en una piscina dentro de la propia central. Allí, sumergido en agua pesada, va liberando esa radioactividad de manera controlada durante años. Para hacer el traslado del reactor a la piscina, la central ya contaba con una grúa, pero ésta sólo estaba preparada para levanta 78 toneladas de carga convencional.

«Para trasladar esas barras desde la piscina al Almacén Temporal Individualizado (ATI) fuera de la planta se diseñan unos contenedores de forma cilíndrica en los que se deposita ese material con su blindaje y se sellan. Estos contenedores pesan entre 65 y 120 kilos, cargas que exceden la capacidad habitual de las grúas que las centrales tienen en el reactor, que es lo que pasaba en Zorita. En aquel caso se cambió el carro de la grúa por uno que permitía una carga crítica de 70 toneladas y 78 de carga de diseño, para manejar otras cargas que no requieran tanto nivel de seguridad», explica Fernández.

Fueron dos años de trabajo, un período que no es tan largo si se tiene en cuenta lo delicado del proceso y que ha de realizarse ajustándose al calendario de actividad de la central. «Lo primero es hacer un informe de cumplimiento de la normativa, ver cómo es la grúa que tiene la planta y qué necesita para ajustarse a las exigencias Nureg. Tras ese análisis se determina cómo emprender esas modificaciones, si se opta por aumentar el nivel de seguridad de un componente o por sustituirlo, que suele ser lo más económico. Sólo la fase de realización del informe, de definición del alcance de la intervención, suele llevar cinco o seis meses. Después, la fase de ingeniería, de diseño de componentes, es de cuatro o seis. Este período a veces se solapa un poco con el de fabricación porque hay elementos que se pueden ir realizando mientras se ultima el diseño de otros, pero lo normal es que otros seis u ocho meses se dediquen sólo a la fabricación. La última parte es la del montaje, que puede ser de cinco o seis meses», detalla Fernández.

Maniobras muy precisas

Esta fase del montaje es especialmente delicada porque a veces el espacio en el que sus técnicos maniobran para, por ejemplo, sustituir componentes de una grúa junto a un reactor es mínimo. Tan mínimo que, como recuerda Fernández, en Ascó sobraban 15 milímetros a cada lado de la puerta cuando metieron en el edificio el nuevo carro de 45 toneladas. «Son espacios muy restrictivos que requiere maniobras muy complicadas precisas. En algunos casos hay diseñar utillajes especiales para realizar algunas sustituciones piezas o incluso abrir en el techo para meter el material y trabajar por arriba. En Almaraz tuvimos que cortar el carro viejo por la mitad y mediante unas grúas auxiliares y unos gatos hidráulicos especiales levantarlo y girarlo para extraerlo. Y después, lo inverso para colocar el nuevo; subirlo en dos partes ya diseñadas para ser unidas in situ con tornillos de alta resistencia», describe el responsable de la ingeniería.

A todo ello hay que sumar que el personal que Zeuko manda a las plantas antes de entrar en ellas sólo a realizar el informe previo ha de formarse para poder ser considerado 'trabajador profesionalmente expuesto' y ha de contar con un carné radiológico con el que el Consejo de Seguridad Nuclear hace un seguimiento de las radiaciones ionizantes que el trabajador pueda recibir o propagar. «Para trabajar pueden parecer medidas engorrosas, pero cuando hablas de seguridad nada es suficiente», subraya Calixto Fernández.