'One In Ten': soy un parado, soy un mendigo, soy una estadística

'One In Ten': soy un parado, soy un mendigo, soy una estadística

En esta canción de 1981, inspirada por la tasa de desempleo de Birmingham, el grupo británico UB40 recordaba a ritmo de reggae que los desfavorecidos son personas, no números en una tabla

CARLOS BENITO

A menudo se cataloga el reggae como música puramente festiva, un ritmo hipnótico y amable que permite al oyente evadirse mentalmente hacia alguna playa del Caribe. Se trata, por supuesto, de un zafio reduccionismo: resulta evidente que el estilo jamaicano es particularmente eficaz a la hora de generar ese ánimo de despreocupación y hedonismo, pero también es cierto que, como corresponde a una música nacida fuera de eso que llaman Primer Mundo, a lo largo de su historia han abundado las letras reivindicativas y las llamadas a la rebelión. Las encontramos en poetas del activismo como Linton Kwesi Johnson, pero también en la discografía del mito global Bob Marley o en los 'hits' transversales de UB40, el grupo que supo hibridar de manera más exitosa el reggae y el pop de radiofórmula. Al fin y al cabo, la multicultural banda británica eligió para su bautismo el nombre del impreso del paro (UB son las siglas de 'unemployment benefit', el subsidio de desempleo, y el formato del documento inspiró la portada de su primer álbum), haciendo gala de una conciencia política que no se ha disipado en cuatro décadas de carrera.

Ya en aquel primer álbum, cantaban sobre asuntos como la hambruna en Etiopía y arremetían contra la primera ministra Margaret Thatcher. 'One In Ten' pertenece a su segundo elepé, de 1981, y también se enmarca en la complicada situación económica que atravesaba el Reino Unido en tiempos de la 'Dama de Hierro'. La recesión de principios de los 80 disparó el desempleo (que se elevó al doble en cuatro o cinco años), desbarató el comercio y dio lugar a inquietantes tensiones sociales y raciales. El título de la canción, que se puede traducir por 'uno de cada diez', alude al porcentaje de la población activa de West Midlands (el condado al que pertenece Birmingham, la ciudad de origen de la banda) que demandaba el subsidio de paro, aunque la letra va más allá de ese asunto concreto, en un intento de recordar que todos los desfavorecidos son personas y no simples cifras en una tabla.

La promesa rota

«Soy uno de cada diez, / un número en una lista. / Soy uno de cada diez, / aunque no existo. / Nadie me conoce, / aunque estoy siempre ahí, / una estadística, un recordatorio / de que al mundo le da igual. / Abrazo la cola del paro, / la desnutrición quita el brillo a mi pelo, / tengo los ojos negros y sin vida / con la mirada de los desamparados. / Soy el mendigo en la esquina, / ¿nadie tiene algo suelto? / Soy el niño que nunca aprende a leer / porque nadie le dedicó tiempo», van enumerando. En su repaso de las heridas abiertas en la sociedad, también se acuerdan de la «señora triste llena de cardenales», del «suicida adolescente en una calle sin árboles», de «la famélica madre del Tercer Mundo», del «pensionista que está solo», del «refugiado sin hogar» y del «ama de casa enganchada al Valium».

El saxofonista Brian Travers evocaba hace unos años en la BBC el espíritu que guiaba al grupo en aquella época. «Creo que formábamos parte de la primera generación para la que las promesas, de alguna manera, se habían roto. Lo de 'si te esfuerzas en la escuela y te portas como debes, conseguirás un buen empleo y la vida te irá bien'. Quizá fuimos la primera oleada que se dio cuenta de que eso no era verdad. Los chavales de hoy ya saben que no hay nada para ellos. No queda ninguna promesa, la promesa ya no existe». La voluntad de denuncia y el compromiso político sobrevivieron al éxito masivo de la banda y se prolongan hasta la actualidad: su álbum de 2005, por ejemplo, fue un artefacto particularmente politizado que se manifestaba contra la guerra de Irak y las disputas por el petróleo, y en los últimos años UB40 han apoyado de manera pública al candidato laborista Jeremy Corbyn, que se ha referido a ellos como una «voz auténticamente socialista» y les ha agradecido aquellos discos de los ya lejanos 80. «Brindaron esperanza a millones de personas -ha comentado- cuando cantaban, con rabia justificada, sobre los efectos devastadores del gobierno de Thatcher en la comunidad».