Música económica

'Marketplace': el evangelio del pobre que obtendrá su recompensa

Imagen de portada del sencillo de 'Marketplace'./David Henry
Imagen de portada del sencillo de 'Marketplace'. / David Henry

En plena era Reagan, el grupo The Proletariat denunció desde una perspectiva marxista la indiferencia hacia los desposeídos y rechazó la economía que «llenaba los bolsillos de los capitanes de la industria»

CARLOS BENITO

En el entorno del hardcore estadounidense de la primera mitad de los 80, el grupo The Proletariat se distinguía por un par de cosas. La primera, muy evidente, era que no sonaban hardcore en absoluto, sino más bien en la línea del post-punk anguloso de grupos británicos como Wire o Gang Of Four, aunque ese rasgo no les impedía compartir cartel con sus contemporáneos de estilo más acelerado y rabioso. La segunda diferencia era que sus letras, aunque estaban en sintonía con el tono reivindicativo de la escena, mostraban una preocupación evidente por la economía y sus repercusiones en la sociedad, mucho más específica que las arengas más o menos grandilocuentes e inconcretas de tantos compañeros de generación. Al fin y al cabo, se habían bautizado The Proletariat, y durante su breve existencia lucieron con orgullo la etiqueta marxista tan apropiada a su nombre y su actitud.

Su segundo álbum, 'Indifference', de 1985, tenía algo de conceptual, aunque ese término tan característico del rock progresivo habría espantado a muchos punks. Tanto la imagen de su portada como la que ilustraba el sencillo de adelanto, 'Marketplace', formaban parte de la serie que el fotógrafo David Henry había dedicado a las personas sin hogar de Boston. La del 'single' resultaba particularmente reveladora de las intenciones de la banda: en ella se veía a un hombre tendido en lo alto de unas escaleras de la estación de Boylston, mientras varios transeúntes pasaban apresurados, sin prestar atención al caído. El primer corte del elepé, 'Indifference', abordaba de manera directa ese frío desdén por los desheredados: «Vi a un hombre mendigando para comida, / tú me dices que lo ignore, que ya recibe su parte, / estás así de insensibilizado y endurecido por la indiferencia de los titulares».

Ni codicia, ni envidia

También 'Marketplace' tiene que ver con abismos sociales, a través de una reflexión sobre la distancia insalvable que separa a los ricos de los más pobres. Como era habitual en la banda de Massachussetts, la letra se articula en una serie de sugerentes pinceladas. «Créeme, no es la codicia ni una mezquina envidia / lo que me hace despreciar el estilo de vida de decadencia y riqueza. / Es cierto, puede que ellos estén a resguardo y no hayan visto / las calles de las zonas marginales o la pobreza rural». El título y el estribillo, si es que se le puede llamar así, hacían referencia al 'mercado' como concepto que tranquiliza la conciencia de los privilegiados, convencidos de que la propia mecánica de la movilidad social acabará aupando a todo aquel que lo merezca. Era lo que ocurría con los protagonistas de las novelas decimonónicas de Horatio Alger, jóvenes humildes que lograban medrar gracias al esfuerzo y la honestidad, pero The Proletariat discrepaban de esa idea de recompensa justa y espontánea: «El mito de Horatio Alger todavía se encuentra en los libros / y las élites afortunadas lo toman como un evangelio. / Si yo tuviera una oración, rezaría para pedir una voz, / y, si tuviera voz, pediría un cambio en el mercado».

The Proletariat, con su lema 'empathy over sympathy' (es decir, la empatía por encima de la compasión), estuvieron activos desde 1980 hasta 1985, en plena era de Ronald Reagan y de la 'Reaganomía' que redujo los impuestos y el gasto público. La banda se reunió en 2016 y sigue tocando unas canciones que considera plenamente vigentes: «Nuestras letras son tan relevantes hoy como en 1983 -ha declarado el vocalista Richard Brown a 'Cvlt Nation'-. Lo que sucedía en este país en los primeros 80 era la primera salva de la contienda de clases en la que llevamos metidos casi cuarenta años. La economía de la oferta funcionó para lo que estaba diseñada: bajó los impuestos para las corporaciones y los ricos y eliminó las regulaciones y restricciones que protegían a los consumidores y el medio ambiente. El resultado de todo esto fue más dinero en los bolsillos de los capitanes de la industria de nuestra nación».