Música económica

'Coplillas de las divisas': «Americanos, vienen a España gordos y sanos»

Lolita Sevilla, entre Manolo Morán y José Isbert, en la película./
Lolita Sevilla, entre Manolo Morán y José Isbert, en la película.

El inmortal pasacalle-tanguillo de 'Bienvenido Mister Marshall', interpretado por Lolita Sevilla, refleja con cáustica ironía las expectativas de un país empobrecido y atrasado ante la ayuda estadounidense

CARLOS BENITO

El título tal vez despiste un poco, porque las 'Coplillas de las divisas' son más conocidas, simplemente, como 'Americanos'. El inmortal pasacalle-tanguillo de la película 'Bienvenido Mister Marshall' se ha incorporado a la memoria colectiva con tal fuerza que, nada más leer cualquier referencia a la canción, el cerebro se activa de manera autónoma para reproducir algún verso de su estribillo y ya no hay quien consiga hacerle parar. Normalmente, se trata de «os recibimos, americanos, con alegría», pero la 'jukebox' mental también puede elegir el más cáustico «americanos, vienen a España gordos y sanos». Las 'Coplillas de las divisas' son obra de uno de los grandes equipos de la copla, el formado por los letristas Xandro Valerio y José Antonio Ochaíta y el músico Juan Solano, de quienes todos conocemos otra creación conjunta, la rumba 'El porrompompero'. En menos de tres minutos, los autores (uno de Huelva, otro de Guadalajara y el tercero de Cáceres) lograron resumir a la perfección el meollo del largometraje de Luis García Berlanga: la ilusión desmesurada hasta lo patético de un pueblo de la España de los 50 por hacerse con una porción de la prometida ayuda estadounidense.

«El Plan Marshall nos llega del extranjero pa'nuestro avío / y con tantos parneses va a echar buen pelo Villar del Río, / traerán divisas pa'quien toree mejor corrida / y medias y camisas pa'las mocitas más presumidas», planteaba la canción en su estrofa más realista, porque los sueños se desbocaban hasta aquello de «y a las niñas bonitas van a obsequiarlas con aeroplanos, / con aeroplanos de chorro libre que corta el aire / y también rascacielos bien conservados en 'frigidaire'». El 'frigidaire' (es decir, el frigorífico) era una aspiración tan inalcanzable para buena parte de los hogares españoles como los aviones a reacción: hablamos de un país atrasado y empobrecido, aislado del comercio internacional y los adelantos de la modernidad, con la mitad de la población empleada en el sector agrario. «La ficción esbozada por Berlanga y Bardem es solamente un pálido síntoma de la vida y sociedad de la época, incapaz de retratar con toda su crudeza el dramatismo de estos sombríos años. Porque España es, por aquel entonces, un país marginal en Europa, cuyas manifestaciones públicas van desde lo cómico a lo surrealista o rozan incluso el delirio», escribe José Vicente Santamaría en el volumen colectivo 'Bienvenido Mister Marshall... 50 años después'. Ni siquiera tiene mucho sentido hablar de España profunda, porque solo mínimas porciones de las clases privilegiadas escapaban cultural y económicamente a esa definición.

Leche en polvo y queso de lata

En una maniobra liderada por el alcalde y un avispado mánager (inolvidables Pepe Isbert y Manolo Morán), Villar del Río se traviste de escenario cañí para impresionar a la caravana de estadounidenses, pero todos sus desvelos resultan baldíos, ya que los yanquis pasan por el pueblo sin siquiera detenerse. También en la España real la ayuda americana, que no se encuadraba en el Plan Marshall, resultó menos generosa de lo previsto, aunque cayó como maná providencial sobre un país tan necesitado. El profesor Carlos Barciela López la cuantifica en unos 1.500 millones de dólares entre 1953 (el año que se estrenó la película de Berlanga) y 1963, una cantidad muy inferior a la recibida por otros países europeos y sujeta a muchas más contrapartidas. De hecho, las donaciones que marcaron los recuerdos de toda una generación ni siquiera formaban parte de la ayuda oficial: la famosa leche en polvo y el queso americano de lata procedían de organizaciones católicas de Estados Unidos.

Los vecinos de Villar del Río no fueron los únicos que se quedaron decepcionados por la descacharrante peripecia de 'Bienvenido Mister Marshall'. La intérprete de 'Coplillas de las divisas', una jovencísima Lolita Sevilla, también tuvo que resignarse a que la producción musical que esperaba protagonizar fuese en realidad una película satírica, heterodoxa, en la que sus líneas de diálogo se limitaban a breves interjecciones y sus canciones eran interrumpidas casi con malignidad. Lola, fallecida en 2013, acumuló repetidos éxitos a lo largo de su carrera, pero su fama ha quedado ligada de manera inevitable a aquellos versos aviesamente castizos de Valerio y Ochaíta y a la melodía contagiosa del maestro Solano: «¡Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía».

 

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