Mandar trabajadores al extranjero es cada vez más complicado

Las principales preocupaciones de los 'expatriados' se centran mayoritariamente en su adaptación y la de su familia al país de destino./
Las principales preocupaciones de los 'expatriados' se centran mayoritariamente en su adaptación y la de su familia al país de destino.

Las empresas deben extremar el cuidado, tanto en cuestiones profesionales como de índole personal, a la hora de expatriar a empleados

Jorge Murcia
JORGE MURCIA

La creciente internacionalización de las empresas ha normalizado la expatriación de trabajadores. Las 'misiones' en el extranjero encomendadas a los empleados han perdido mucho de ese halo de aventura que tenía hace unas décadas, cuando la economía y el mundo de la empresa no estaba tan globalizada como hoy. Sin embargo, enviar a un trabajador a otro país es una tarea que ha ganado en complejidad. La necesidad de cumplir con cada vez más aspectos regulatorios, controlar riesgos, contener costes y, no menos importante, lograr un equilibrio entre la vida profesional y personal del expatriado son algunos de los desafíos a los que se enfrentan las empresas.

Aspectos recientemente debatidos en dos seminarios que de forma simultánea organizaron en Bilbao y Vitoria la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) y EY Abogados. En representación de la firma consultora tomaron la palabra Henar González de Buitrago y Sara López Carballo, manager y senior manager respectivamente. Ambas reconocieron que la internacionalización constituye un factor clave para las compañías gracias a las grandes oportunidades que genera. Pero al mismo tiempo «presenta una serie de nuevos retos a los que hacer frente tanto en la gestión como en los desplazamientos de los trabajadores que tienen un especial impacto en la toma de decisiones a nivel de recursos humanos».

En su opinión, el contexto global de la economía requiere un mayor conocimiento de las distintas normativas existentes a la hora de «minimizar los riesgos y contingencias», que pueden tener «un elevado impacto económico y reputacional para las empresas». Cuestiones «clave» son, por ejemplo, los aspectos fiscales o aquellos relacionados con la Seguridad Social que impactan en la movilidad internacional de los trabajadores. Las empresas se enfrentan a «un aumento de la complejidad en la regulación de los países extranjeros», así como en un incremento «de información económica, financiera y fiscal a nivel internacional». Por tanto, cobra una mayor importancia conocer «las diferentes normativas existentes para minimizar los riesgos y contingencias».

No sólo eso. A causa de la «alta competitividad en el mercado laboral», las empresas deben realizar una gestión adecuada de los desplazamientos internacionales «desde el punto de vista de la gestión del talento». En concreto, prestar una mayor atención al impacto sobre el desarrollo de la carrera de los empleados durante todo el ciclo de la expatriación. Y, por supuesto, «una correcta implantación de sistemas retributivos que compensen la movilización y estén alineados con el mercado».

Las expertas de EY creen que una de las mayores dificultades para las empresas es hallar un equilibrio entre «una gestión adecuada de los desplazamientos internacionales» -garantizando el control de riesgos- con la necesidad de «contener los costes y satisfacer los tiempos de reacción de las unidades operacionales o de negocio de la propia organización».

Por supuesto, en el proceso de expatriación, el trabajador también tiene mucho que decir. Y cada vez más. Los obstáculos más relevantes a la hora de afrontar un desplazamiento internacional son los cambios, tanto de índole personal como profesional a los que debe hacer frente. No obstante, las abogadas de EY advierten de que las principales preocupaciones de los expatriados «se centran mayoritariamente en el aspecto personal de adaptación al país de destino y, de forma más acusada, en la adaptación de su familia».

De «acompañante» a «actor relevante»

Porque el trabajador desplazado ya no ve a su cónyuge como un acompañante, sino que ha pasado a ser «un actor relevante» en la expatriación, de manera que se pide más atención «para el desarrollo de su carrera profesional». Por todo ello, los «aspectos de índole exclusivamente profesional y de elevada importancia» no deben menoscabar «el cuidado de la esfera más personal del trabajador, convirtiéndose en un elemento crucial para garantizar el éxito de las expatriaciones».

Los nuevos tiempos también han favorecido «la aparición de nuevas y múltiples formas de movilidad internacional adicionales a los desplazamientos de más larga duración y tan comunes hace tiempo». No hay que olvidar que la globalización «ha reducido las distancias y ampliado las oportunidades», al tiempo que la mejora en los medios de transporte y los avances tecnológicos «han flexibilizado la gestión» de esos desplazamientos. Se están desarrollando modalidades «más flexibles y ágiles, normalmente con periodos de desplazamiento más cortos, incluso rotatorios». De ahí el auge de los llamados «viajeros frecuentes, o los 'commuters' o viajeros entre semana». Nuevas figuras que facilitan la atención de las necesidades de negocio y corporativas «sin que sea necesario un desplazamiento tan estructurado o con tanto impacto en la esfera profesional y personal de los trabajadores».

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