La reconstrucción de Urrutikoetxea

Iker López, junto a Mikel Urrutikoetxea, durante un entrenamiento la semana pasada./pankra nieto
Iker López, junto a Mikel Urrutikoetxea, durante un entrenamiento la semana pasada. / pankra nieto

Iker López, preparador físico del vizcaíno, relata la recuperación del pelotari desde que la mononucleosis le hizo parar hace casi un año

JUAN PABLO MARTÍN

A principios de julio de 2018 saltó la noticia. Mikel Urrutikoetxea tenía que parar por culpa de una mononucleosis. No podía realizar actividad deportiva alguna por riesgo a que el virus que llevaba incubando desde marzo se despertara. El golpe fue muy duro para el pelotari y su entorno. Casi un año después el delantero de Zaratamo vuelve a ser el de antes de aquella enfermedad y está a cinco días de jugar la final del Manomanista. Su preparador físico, Iker López, ha sido uno de los que ha seguido más de cerca todo el proceso y el encargado de narrar la reconstrucción del vizcaíno.

Para ello hay que remontarse a los cuartos de final del Manomanista frente a Altuna III en San Sebastián disputados el mes de mayo. «Ya sospechábamos algo. En abril decía que se levantaba cansado y no tenía buenas sensaciones. Los entrenamientos que hacía eran buenos, pero al día siguiente estaba roto. No tenía ganas de salir de casa», recuerda. En un principio pensaron que podía tratarse de los nervios de la competición o de la alergia que habitualmente sufre en primavera, «pero veíamos que le faltaba algo». En noviembre de 2017 cuando perdió la final contra el de Amezketa por un tanto en la 'jaula', Urrutikoetxea estaba mejor que nunca a nivel físico, y la idea era preparar el mano a mano de igual manera, «pero su cuerpo no reaccionaba».

Su entorno fue con «muchas dudas» aquel partido en el Atano III frente al guipuzcoano. «A pesar de empezar ganando 7-0 y 14-9 vimos que era otro. Sin restar méritos a su rival, no le veíamos ganador». Aquello hizo saltar las alarmas. «Le dimos muchas vueltas y lo pasamos muy mal, a lo que hay que sumar las críticas que recibimos». Urrutikoetxea se fue de vacaciones y a la vuelta las sensaciones eran las mismas. Analizaron los síntomas y surgió la posibilidad que de fuera una mononucleosis. Le hicieron los análisis pertinentes y salió. «Los médicos diagnosticaron que desde marzo el virus estaba en el cuerpo y que, aunque había disminuido, había peligro. «Para que se durmiera tenía que estar dos o tres meses sin hacer nada».

Todo el físico que había ganado desapareció. «Estar un verano sin jugar para un pelotari es muy duro y esta época es clave porque con los torneos consigue un punto de cara al Cuatro y Medio», señala López. Pero lo pero es la incertidumbre, «porque a algunos deportistas les ha costado mucho superarlo». A finales de agosto las analíticas fueron cada quince días y, vistos los resultados, comenzaron muy despacio. «Perdió toda la masa muscular, pero por el trabajo realizado anteriormente costó menos recuperarla por la memoria que tiene el cuerpo».

Los resultados obtenidos hasta el momento «son muy buenos» y todo marcha según lo previsto

Gestión del cansancio

Entre los meses de septiembre y octubre constataron definitivamente que el virus estaba dormido «y no despertaría». «Empezamos algo más fuerte, pero con los pies en el suelo». Alcanzó el Cuatro y Medio del año pasado con un punto de juego aceptable aunque todavía lejos de su mejor versión, pero la tercera plaza cosechada fue importante «para quitarle presión». Para el Parejas, Urrutikoetxea mantuvo su evolución, pero le faltó la fortuna necesaria por las lesión de su zaguero y la de su izquierda al final de la liguilla de cuartos, por lo que no pudieron pasar a semifinales. Esta circunstancia hizo que aprovecharan para prestar más atención a la preparación del mano a mano. Sin obsesionarse. «Muchas veces se dice que si estás mucho tiempo preparándolo llegas sin chispa, pero todo es cuestión de gestionar el cansancio».

Porque la preparación para el Parejas y para el Manomanista es bastante diferente, «sobre todo en los desplazamientos y en el golpeo». La resistencia tampoco tiene nada que ver. Con un zaguero detrás, el delantero participa en el partido en momentos más puntuales y la intensidad cuando está solo en el frontón es muy superior y mucho más explosiva. «Este último aspecto se trabaja en la cancha, en el espacio natural del pelotari, y teniendo en cuenta cómo se da durante un partido», analiza.

Recuperación

Los resultados obtenidos hasta el momento «son muy buenos» y avalan que Urrutikoetxea llega a la final del domingo en el estado deseado. Todo ha salido como estaba planificado. Incluso la recuperación dentro del propio partido en la que se tienen en cuenta los esfuerzos que realiza tanto el vizcaíno como el rival que toque en cada tanto, «por lo que la vuelta para efectuar el saque siguiente puede ser más rápida o más lenta. Si el que ha dominado ha sido él, deberá procurar realizar la siguiente jugada inicial lo antes posible y viceversa», explica.

En estos casos también hay que tener la cabeza fría. En la actualidad los pelotaris no tienen botilleros por lo que la toma de decisiones a la hora de gestionar el cansancio es suya. «Hay que ser listo en el partido, analizar la influencia que puede tener un tanto y no dejarse llevar por los impulsos», añade. López ve «muy duro» el choque cumbre contra Irribarria y espera la mejor versión del guipuzcoano. Esta última semana lo que buscarán para Urrutikoetxea será un entrenamiento de calidad en el frontón como el que tratará de realizar hoy, que también le servirá para calibrar otra vez el estado de su zurda. El resto del trabajo físico ya está hecho.