Danel Elezkano

«Nunca he vivido un momento tan bueno»

Rezusta simula que coloca bien la txapela a Elezkano II, ayer en el frontón Astelena de Eibar. / Ignacio Pérez

El vizcaíno cree que la txapela del Parejas «es fruto del trabajo», y le ha permitido «sentirse querido», por lo que se siente «un afortunado»

JUAN PABLO MARTÍN

Danel Elezkano era ayer un pelotari feliz. Se le notaba en la cara, incluso a la hora de expresarse. El torrente de emociones que vivió el domingo todavía estaban presentes en su cabeza. Llegó puntual a la cita en el frontón Astelena de Eibar donde, junto a su compañero Beñat Rezusta, habían convocado a la Prensa el día después de llevarse la txapela del Parejas. Había cumplido su sueño. «Siempre he dicho que el sueño de un chaval que juega a pelota es ser un día profesional y solo por eso me siento un afortunado. Una vez que lo eres, sueñas con conseguir algún día un título y nunca pense que pudiera tener esta oportunidad», admitió.

Tiene claro que la txapela «es el premio al trabajo». No solo de esta temporada. «El año pasado hicimos un grandísimo campeonato y quizá quedó la imagen de una final en la que no dimos lo nuestro. Pero hemos vuelto a demostrar mucha regularidad y como pareja nos merecíamos algo así». Tras el triunfo llegó la celebración conjunta en el frontón de Dima, en el que se reunieron 180 comensales entorno a una mesa y que incluyó fuegos artificiales, musica de trikitixa, el aurresku de honor y hasta algún bertso. «Se juntó todo lo mejor. La cuadrilla, los amigos de Zaratamo y Dima, las escuelas de pelota de ambas localidades y Lemoa. Fue emocionante. Te sientes querido y me siento un afortunado. Eso es lo importante», admite.

La noche fue larga y durmió mal. Más que por la fiesta, porque «soy muy exigente y me tomo todos los partidos con la misma tensión. Y después de cada encuentro es cuando peor lo paso». Pero tuvo tiempo de repasar el choque que había disputado pocas horas antes en el Bizkaia. «Lo que importó fue el resultado porque las finales se juegan para intentar ganarlas», destaca. Sin embargo admite que no fue un «partido exquisito para el público». Hubo muchos fallos, «pero resultó duro y de mucho trabajo, con mucha defensa. Rezusta y Zabaleta le dieron mucho y nos obligaron a entrar desde muy lejos. Fue complicado».

Le costó reaccionar

Disfrutó a rachas. «La sensación cuando sales a la cancha y ves el frontón a reventar es para hacerlo, pero estás centrado en el encuentro». Luego en el partido hubo de todo. «Situaciones en las que había mucha tensión y en las que acerté un poco más al final». Tras el empate a 16 los dos tantos que consiguió, uno de volea y otro de paradita, fueron «su mejor momento del encuentro» a los que hubo que unirles un dos paredes del delantero de Arama que se fue fuera. «Cuando faltan un par de tantos lo ves cerca y lo único que quieres es que el partido se acabe el partido». El último saque no lo hizo bien y sus rivales se acercaron porque Irribarria arriesgó. Reconoce que vio peligrar el título hasta el final. «No sé lo que hubiera pasado si llega a entrar la última pelota». No lo hizo y la gloria fue suya.

– ¿Qué pensó en aquel momento?

– Me tiré al suelo porque por unos segundos no me creía que habíamos ganado la txapela. Me costó un poco reaccionar, pero fue una alegría terrible.

– Levantó las manos hacia el cielo.

– Aita fue el primero que se me vino a la cabeza. Cada partido y cada pelotazo es para él. Fue el que más me ayudó en la pelota y esta txapela es suya. Pero también me quiero acordar de toda la familia, mi chica, mis amigos, que me han ayudado un montón cuando he estado mal, y de todos los entrenadores y preparadores que he tenido como Jokin Etxaniz, Aitor Erauskin, Mikel García y Mikel Etxegia, porque me siento un afortunado y me han enseñado un montón.

– ¿Qué se siente desde los más alto del podio con todo el frontón en pie?

– Jamás pensé en que podía vivir ese momento. Me hacía más ilusión por la gente que me rodea que por mí mismo, porque se merecían disfrutar de un día así. Ver todo el frontón Bizkaia hasta arriba es una sensación increíble. Has conseguido algo que no te esperabas y es muy bonito.

El torrente de sensaciones siguió con el abrazo con su hermano Ander visiblemente emocionado que, junto con su aita, «es el que mejor me conoce. Me ha ayudado un montón en este camino sobre todo cunado más bajo me ve porque sabe que me está costando». Pero Danel también lloró. No delante de los amigos porque en ese momento «estás de cachondeo, pero luego lo piensas y te emocionas». «Un momento tan bueno como éste no lo he tenido nunca. Nunca pensé que pudiera conseguir una txapela, pero he trabajado todos los días con el objetivo de mejorar y es lo que voy a seguir haciendo».

Hoy cumple 25 años y el regalo llegó con anticipación. Sin embargo, el título ya es pasado. Ahora le toca marcarse nuevos retos. Esta mañana se presenta el Manomanista y tras su gran actuación del año pasado partirá desde cuartos. Llega con una inyección de moral grande, «pero tampoco sabes cómo acertar. El año pasado perdimos la final y sin tiempo para entrenar me toco entrar e hice un buen papel. Esta vez lo tengo más tiempo para preparar, vengo con la txapela, y tranquilamente me puedo ir para casa».