Una Blanca de contrastes

Bengoetxea VI e Imaz levantan el trofeo en presencia de Ezkurdia y Martija./Igor Martín
Bengoetxea VI e Imaz levantan el trofeo en presencia de Ezkurdia y Martija. / Igor Martín

Tino Rey
TINO REY

La feria de La Blanca de pelota a mano profesional de 2019, que ha resultado tan efímera como insustancial, ya ha pasado a formar parte de la historia. La esperada final no puso de manifiesto lo que siempre se espera de este tipo de partidos. Aquellos pelotazales insaciables se fueron para casa desilusionados. No hubo competencia ya que Bengoetxea VI e Imaz se deshicieron con facilidad (22-13) de Ezkurdia y Martija.

La pelota ha dado un giro copernicano. No es lo que fue. No hace mucho era otra cosa distinta. Y es que los tiempos cambian una barbaridad. Hoy no se respiran aquellos aromas que embriagaban a los aficionados. La antesala del frontón y el bar era un hervidero de comentario, discusiones y apuestas. Hoy se habla de cosas totalmente ajenas a este deporte. Hasta la forma de acceder al frontón ha cambiado. Les dan a los aficionados en vez de una entrada un pergamino donde se podría escribir una novela. Cosas de las nuevas tecnologías.

Ya en el recinto se observa que la gran mayoría del personal no son unos eruditos pelotísticos. Aplauden hasta las escapadas. Y en el transcurso del peloteo hay un mar de murmullos, gritos, cánticos y otros ruidos. Antaño reinaba en el transcurso del tanto un silencio sepulcral. No se oía nada más que los corredores de apuestas y el zumbido de algún moscardón. Ahora se han multiplicado los decibelios.

¿El partido? En primer lugar subrayar que el cestaño desempeñó un papel transcendental. El lote de pelotas se dejaba acariciar y jugar. Normales y sin ningún tipo de estridencias. De buena salida de frontis y su resbalada por el suelo de la cancha no atropellaba al pelotari. Con este tipo de material fluye habitualmente el ingenio y la pillería. Y eso es lo que aconteció.

El VI de los Bengoetxea, que parece ser que le han leído la cartilla, tiró de chistera y desparramó sobre el Ogueta toda la magia que almacena entre su genética. Hubo cinco ganchos, todos ellos lejos del frontis, que fueron muy hermosos por su ejecución y belleza. El último tanto lo rubricó con esta misma jugada. También le anoté tres paraditas al 'txoko' para enmarcar.

Oiñatz llevó a cabo una actuación impecable. Fue el verdadero protagonista de la noche. Se solidificó en defensa y en ataque estuvo inconmensurable. Se movió con la prontitud de un lince y se echó sobre sus anchas espaldas la final. Fue proclamado el mejor pelotari del certamen. Su compañero en la zaga jugó muy suelto y en el cuerpo a cuerpo con su oponente le ganó la partida con creces.

Joseba Ezkurdia no me gustó. Padeció lo indecible sin el sustento de la pelota. Maniobró con lentitud y no estuvo a la altura de otros días. Le costó un mundo adaptarse a un material nada propicio para sus intereses. A él le gusta la pelota con mucha salida de frontis y de peso para romper las defensas de sus contrarios y está vez no la hubo. Martija fue un espejismo del zaguero de la semifinal. Desdibujado, muy desdibujado. Tuvo un problema serio durante el partido. Nunca se puso a la pelota. Y colorín colorado....