Boston deja a Rahm sin golpe de efecto

Jon Rahm sigue el vuelo de la bola tras golpearla con la madera 3./EFE
Jon Rahm sigue el vuelo de la bola tras golpearla con la madera 3. / EFE

Buen trabajo en la línea y mejoría en el green, virtudes que no le bastan al de Barrika para la recompensa que ayer dibujaba su valiente y eficaz inicio de vuelta

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Ciclos. Los hay en el golf. Durante una vuelta, o en jornadas alternas. Con la que se despidió ayer Jon Rahm del TPC Boston recordó mucho a la que propuso como arranque el viernes. Explosividad en los tacos, cual velocista, aunque la carrera acabaría pasando factura camino del final. Si entonces descerrajó un birdie y un eagle con sólo cuatro banderas computadas, esta vez en las cinco primeras había dibujado ya tres círculos encarnados en su tarjeta. Tenía licencia para pensar en escalar posiciones, mejorar sensaciones y esperar que su nombre se codeara con otros tan reconocibles entre los que menean el cotarro en esta recta final de la temporada americana. A la vez, este itinerario le recordó aspectos del juego que debe seguir tratando de pulir. Oscilan, cambian, mutan. El más reconocible ahora es llegar a green sin tantas urgencias traducidas en metros de más.

Ponerse en marcha con dos birdies es para enmarcar, el efecto soñado en uno mismo y la competición. Un buen putt de casi cuatro metros y una opción de eagle desde nueve. El mando a distancia en el green se antojaba como el palo clave, porque siguió atinando desde dos metros, se le escapó uno de tres y medio y clavó la tercera pica casi a cinco pasos de bandera. Se trataba de mantener esa rutina y pareció incluso mejorarla dado que estableció un idilio con las calles y greens en regulación conquistados que supone la base de poder aspirar a algo importante. La archicomentada búsqueda del juego recto fue una misión cumplida en su actuación. Y sin renunciar al riesgo. Libró un búnquer en el 6 dándole emoción y aterrizó en green pese a que la vista se escapaba hacia el agua. Esa vez no atinó desde menos de dos metros y el castigo incluyó la penitencia cuando en la siguiente bandera se le fue la mano camino del trapo y tuvo que regresar 13 metros desde el rough en el fondo de green para acabar vencido por un tripateo para culminar únicamente seis metros en la alfombra verde. Y le pasó factura.

A partir de ese momento la tónica se estableció en un juego notable en las salidas y correcto de camino al green. La bola ya no se acercaba al agujero con el metraje idóneo y la ecuación era sencilla. A más distancia más potencia en el toque con el putter, crece el riesgo porque no hay nada que esconder o conservar, y si la bola pasa de largo que se detenga es casi una quimera proporcional a la ambición con que fue teledirigida.

Zapatero a tus zapatos

Tampoco ayuda en esos casos que uno sienta que la fortuna es complejo que acuda al rescate de los dos jugadores que comparten un partido. Le quedó muy claro a Rahm en el hoyo 10, de ciencia ficción. Porque Berger -hijo del seleccionador de tenis del USA Team en los Juegos de Londres 2012- le sacó casi 45 metros en la salida, sin que fuera manca la del vizcaíno. Y tras ese mamporro el de Florida atinó para eagle desde 95 metros. Zapatero a tus zapatos, pensó el de Barrika y a ello se dedicó.

Traspasó el ecuador del recorrido fuera de rango para sumar birdies. La distancia crecía desde los siete metros a los once. La trayectoria, intachable. Línea recta a la bandera, conquistando calles y asegurando greens. Pero para alcanzar la recompensa quedaba demasiado espacio para una bola rodona sin garantía de freno. Había que intentarlo, claro. Salvó dos pares de metro y medio, pero el tercero se le escurrió. Repitió bogey en el 14, en la única calle que dejó de pisar, y lo enmendó a renglón seguido con un putt de dos pasos y medio con el que anunciaba que iba a por la traca final. En el lote, otro asalto sin red al 18. Tercera bola con penalización de la semana al convertir el tercer tiro en injugable y aún así salvó el par y se quedó desde 65 metros a dos palmos de birdie.

Recogió la bolsa y al avión para desplazarse a Pensilvania donde el jueves arrancará el BMW Championship, tercer play-off de una FedEx Cup en la que la buena noticia es que sólo ha cedido dos plazas tras pasar por Boston y ahora es decimonoveno. No es baladí porque sólo los 30 mejores al acabar el próximo domingo llegarán a la finalísima de Atlanta. Y sabe, además, que una posible victoria esta semana le permitiría llegar a East Lake entre los cinco primeros, que dependerán de sí mismos para einar en el Circuito Americano.

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