Mundial 2018

Rusia 2018

Antoine I de Francia

Griezmann se dirige a lanzar un córner. /AFP
Griezmann se dirige a lanzar un córner. / AFP

Con un gol y una asistencia, Griezmann lleva a 'les bleus' a semifinales por primera vez desde la retirada de Zidane

MIGUEL OLMEDA

Cada partido de Francia parece un 'All-Star' de videoconsola. Sobre el césped se juntan los gallos con más cresta del corral y en el banquillo aguarda su oportunidad un combinado de fantasistas de la pelota, velocistas de contragolpe y mediofondistas con alma de pulpo. Entre tanta purpurina la determinación eleva a Antoine Griezmann a una categoría superior, capaz de ganar un Mundial con su pierna izquierda.

Hasta ese 'stage' donde sólo están los futbolistas de época aspira a llegar más pronto que tarde Kylian Mbappé. En octavos de final ante Argentina arrancó de cuajo la aguja del velocímetro con dos carreras en homenaje al olimpismo y dos latigazos a la red que rememoraron a Ronaldo Nazario, el padre de todos los 'nueves'. Luego llegarían los cuartos y una defensa sin tiempo para formalismos ni miramiento para las amistades.

A Francia le esperaban Godín y Giménez con tres millones de uruguayos a sus espaldas, y nadie mejor que un 'hermano' como Griezmann para resquebrajar el muro de la 'doble G'. Opacado por el brillo y los goles de Mbappé, quién sabe si también descentrado por el revuelo de su futuro que él mismo se encargó de provocar, el caso es que Antoine apenas había incidido en Rusia hasta cuartos de final. ¿Acaso había momento más oportuno? Una asistencia por aquí, un zapatazo por allá, al final 0-2 y 'les bleus' en semifinales de una Copa del Mundo por primera vez desde que se retirase Zidane.

El plan de Tabárez, maestro en el arte de limar canillas, estaba funcionando a la perfección en la primera parte. El reparto de patadas se cobró una falta lateral en tres cuartos de campo a falta de cinco minutos para el descanso y nadie en Uruguay pareció darle importancia: a priori inofensiva para el coto privado de Giménez y Godín. Se acercó Griezmann a colgar el golpe franco, amagó una primera vez y centró a la segunda, casi sin carrerilla, porque tampoco le hacía falta. Tenso y apenas bombeado, el balón atravesó cual cuchillo el área charrúa hasta encontrar la cabeza de Varane. Siguiendo la hoja de ruta que durante tantos años le ha marcado Sergio Ramos, el '4' de Francia conectó el testarazo a la cepa del poste, inalcanzable para Muslera.

Asiste, golea... y corre como el que más

Recién cumplida la hora de partido volvió a aparecer en escena la zurda de Griezmann, certera como pocas en el planeta fútbol. Está la de Messi y para de contar. Como para dejarle al 'Principito' una pelota suelta en la frontal del área, ¿verdad? Pues así se lo permitieron el interior y el lateral diestro charrúas. El '7' atlético apretó el gatillo y el zurdazo, centrado, se coló en la red de un desconcertado Muslera. Más que el balón hiciera un extraño, el extraño lo hizo él al intentar pararlo.

Engatusado por la 'Doctrina Simeone', a Griezmann no hay quien le borre el chip rojiblanco ni cuando escucha La Marsellesa. No en vano, fue el segundo futbolista francés que más lejos llevó el cuentakilómetros contra Uruguay: 10.270 metros recorrió antes de ser sustituido -en el último minuto- por quinta vez en lo que va de Mundial. Sólo su compatriota Kanté (10.47 kilómetros) y los charrúas Torreira (también 10.47) y Vecino (11.21) corrieron más que el goleador galo en Nizhny Novgorod. También en ese aspecto brillan los focos de Antoine.

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