Tour Francia

Trabajo para Castroviejo antes del sprint

La cuarta etapa, entre Reims y Nancy, es larga y está hecha para que los velocistas

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

El Tour, recordado sobre todo por sus montañas, no se olvida nunca del sprint. La velocidad forma parte de la esencia de este deporte, tanto como la resistencia. Y la cuarta etapa está hecha para eso, para que los más rápidos junten sus codos a 70 kilómetros por hora en la recta de kilómetro y medio que da a la meta de Nancy. La etapa parte desde Reims, entre viñedos cargados de oro, de champán, y recorre 213 kilómetros hasta la región de Lorena. Sin más dificultad que un par de cotas de cuarta categoría, a los ciclistas les espera la meta en la bella Nancy, donde Coppi ganó en dos de las tres ediciones del Tour que disputó. Sus triunfos allí fueron en 1949 y 1952 y, en ambas ocasiones, anunciaron su victoria final en París.

A Jonathan Castroviejo, ciclista vizcaíno del Ineos, le tocará escoltar a Egan Bernal y Geraint Thomas. Colocarles, cuidarles. Que nada les perturbe. El corredor de Getxo, cinco veces campeón de España de contrarreloj, es también un dorsal resistente en la montaña. Vale para todo y para casi todos los días. Como si fuera una navaja suiza. «Bueno, algún día sí que me dejan descansar, ja, ja», se ríe. Son pocos. Fue uno de los motores en la contrarreloj por equipos, estará pendiente de sus líderes en el llano y, si Bernal o Thomas se visten de amarillo, tirará de ellos en las cuestas. Castroviejo es un especialista en casi todas las disciplinas. El gregario perfecto.

Hoy, entre Reims y Nancy, tendrá trabajo para quitarles estrés a sus líderes hasta la entrada en los tres últimos kilómetros. Tras esa frontera, el Tour será para las liebres, Viviani, Ewan, Groenewegen, Matthews, Demare, Sagan... La Grande Boucle también se emociona al sprint, la única modalidad que no domina Castroviejo.