Gilbert levanta otro monumento en Roubaix

Gilbert, con el trofeo de la París-Roubaix. /Afp
Gilbert, con el trofeo de la París-Roubaix. / Afp

Con su triunfo en 'El Infierno del Norte', el belga suma cuatro de las cinco grandes clásicas, a falta de la Milán-San Remo

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

El infierno existe. Menos mal. Ocupa 257 kilómetros entre Compiege, al norte de París, y el viejo velódromo de Roubaix. A ese infierno mineral fueron antes los mineros y luego, sobre los mismos adoquines, rodaron los ciclistas, que cada año se pelean por ser el primero en cruzar ese umbral. Philippe Gilbert es belga, pero no flamenco. Nació hace 36 años en la Bélgica francófona, en uno de los pueblos por los que pasa la Lieja-Bastogne-Lieja. Se hizo fuerte y ciclista. Y ganó todas las clásicas de las Ardenas, la 'Lieja', la Amstel Gold Race y la Flecha Valona. También el Mundial y el Giro de Lombardía. Hace dos años saltó la frontera. Se metió en la Bélgica del pavés y triunfó en el Tour de Flandes. Con un palmarés así, más que subir al cielo merecía entrar en el 'infierno' ciclista. Lo acaba de hacer con su triunfo en la París-Roubaix por delante del alemán Politt. De los cinco monumentos ciclistas (San Remo, Flandes, Roubaix, Lieja y Lombardía) sólo le falta la Milán-San Remo. Gilbert es un campeón monumental.

Sin lluvia ni barro, la París-Roubaix tuvo viento y polvo. El Deceuninck, el equipo de Gilbert, metió en una fuga a Lampaert. Primer movimiento. A casi 100 kilómetros de la meta, en el Bosque de Aremberg, uno de los favoritos, Van Aert, rompió el cambio de marchas. Mientras trataba de remontar, patinó. Aun así, enlazó. Tremendo. Los tramos adoquinados se sucedían. Gilbert y Sagan se movieron. El eslovaco controlaba la clásica. Parecía tener bien agarrado por el cuello al 'infierno' cuando Gilbert le atacó en una carretera de asfalto a 23 kilómetros del final. Sólo el alemán Politt tuvo piernas para seguirle. Sagan, Vanmarcke y Lampaert les vieron irse. No les vieron más.

En el velódromo, Gilbert impuso su mayor pegada. Ya tiene un hueco en la hitoria del mejor 'infierno' ciclista. «Todavía mantengo el sueño de ganar los cinco monumentos. Es un sueño un tanto loco que me ha inspirado durante diez años y poco a poco me voy acercando», declaró emocionado en Roubaix.