Análisis de la NBA

Becarios que serán doctores

Blanco y delgado como un junco. Una de las sensaciones de esta temporada, el rookie Lauri Markkanen, es todo lo contrario de lo que uno imagina en un jugador NBA. /EFE
Blanco y delgado como un junco. Una de las sensaciones de esta temporada, el rookie Lauri Markkanen, es todo lo contrario de lo que uno imagina en un jugador NBA. / EFE

Tras un decepcionante 2017, la añada de novatos presenta los vinos selectos de Tatum, Simmons, Mitchell y Markkanen

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Los expertos en catar la calidad de los vinos estabulan las producciones por añadas. Hablan de cosechas excelentes, de pulgar hacia arriba o peores según cómo se haya ensañado o no la meteorología con las cepas. Pues aprovechando que California produce caldos de categoría y que Gregg Popovich muestra un paladar envidiable a la hora de beberlos tomo la metáfora de la vid para explicar la actual camada de novatos en la NBA. Sí, esos seres de aspecto más o menos tierno con los que gastan escasa condescendencia los árbitros, ‘rookies’ en el lenguaje del baloncesto estadounidense, becarios a los que zarandea verbalmente Josep Pedrerol.

Hay cosechas como en botica. Temporadas lacias de debutantes, la anterior sin ir más lejos, y otras donde el talento florece como los cerezos del Jerte en primavera. Esta que vivimos, por ejemplo. Hace nueve meses, el tiempo de la gestación humana, asistimos a la embarazosa elección de Malcolm Brogdon (base de Milwaukee) como mejor hombre de primer año. Se trata de un base correcto, autor de un ejercicio pasado notable y un presente inferior a cuanto demostró en la campaña de su advenimiento profesional. Tampoco había mucho más que mover dentro de una recolección escasa porque quien debía levantar la estatuilla, el fenomenal pívot Joel Embiid (Philadelphia), vio más partidos con la americana puesta que disputados en camiseta de tirantes.

Los sixers tienen un trio de jóvenes notable. Simmons y Embiid (arriba) y Fultz (izquierda) son algunos de los llamados a dominar la NBA en unos años. Junto a ellos, la potencia de Donovan Mitchell. / EFE

Sin embargo, esta vez se han debido de reunir las mejores condiciones ambientales para deparar un vino joven magnífico que envejecerá estupendamente en caras barricas de roble americano hasta protagonizar el porvenir del campeonato. Me asaltan cinco nombres de rango mayor, incluido el alero Kyle Kuzma (Lakers) pese a sus problemas de lesiones. Y reparo en otro paquete de nueve, donde figura Markelle Fultz, líder del último ‘draft’ a quien los problemas físicos apenas dejan lucir. Así que vayamos por partes, centrando los párrafos siguientes en las muy serias candidaturas de Ben Simmons (Sixers), Donovan Mitchell (Utah), Jayson Tatum (Boston) y Lauri Markkanen (Chicago).

Estadísticas

Si el jurado otorga méritos especiales al hecho de contribuir desde el principio a un club legendario y aspirante a todo, Tatum lleva unos cuantos boletos de éxito en la mano. Alero centrado, elegante y completo (muy ‘made in’ Boston o San Antonio), forma una pareja juvenil enorme con Jaylen Brown. El ‘tres’ de los Celtics apuntala con su valentía y notables porcentajes el liderazgo de un equipo empeñado en sustituir al muy tocado Cleveland en la final del torneo. Por impacto inmediato y capacidad de asombro tal vez Simmons, base de última generación con sus 2,08 metros, le discuta el galardón. Los Sixers pelean por no abandonar las últimas plazas que devolverían al conjunto de Pennsylvania a la postemporada tras cinco años lindantes con el bochorno. El ‘uno’ australiano pertenece a la añada anterior, pero se perdió la temporada entera. Ahora muestra su don ambidiestro, un físico privilegiado, soberbia facilidad de manejo con la pelota pese a su altura y puntos de afuera a adentro. Sus estadísticas son la cola desplegada de un pavo real: 16 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias.

Jayson Tatum (arriba) brilla en los Celtics, Kyle Kuzma mantiene a los Lakers en su paso por el desierto y el finlandés Lauri Markkanen es el presente y futuro de unos Bulls desahuciados. / EFE

Claro que tampoco resultaría injusto conceder la figura que Pau Gasol recibió en 2002 a dos chicos que nada más llegar a equipos debilitados sustentan la competitividad de ambos. Me refiero a Donovan Mitchell, una máquina de anotar (tiro exterior y entradas hasta la cocina) que lidera en puntos a los defensivos Jazz. El cuadro de Utah –amante del ritmo lento, el baloncesto en media pista y la contención como filosofía vital– delega en su novato el papel de primera referencia ofensiva. Y qué elogios añadir a la figura imperial del finlandés Markkanen, una especie de escolta en el cuerpo de ala-pívot (2,13 metros), rápido pese a su talla de junco, veloz al contragolpe y pieza sobre la que Chicago debe –en compañía de otros– fundar su reconstrucción. La excelente mano de Lauri para la larga distancia ha hecho saltar las alarmas de los parecidos razonables. Hay quienes le comparan con Dirk Nowitzki, aunque este nórdico bastante más atlético aún debe de caminar mucho para seguir los pasos texanos del alemán por la alfombra roja de los Bulls.

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