Deporte y emociones

Cuando la depresión impide entrar a la pista

Arriba a la izquierda, la remera Anna Boada. A la derecha, la lanzadora Sabina Asenjo. Abajo, la tenista Paula Badosa, quien ya ha regresado de su retiro. /MURAD SEZER / ANDY RAIN / LUIS TEJIDO
Arriba a la izquierda, la remera Anna Boada. A la derecha, la lanzadora Sabina Asenjo. Abajo, la tenista Paula Badosa, quien ya ha regresado de su retiro. / MURAD SEZER / ANDY RAIN / LUIS TEJIDO

La tenista Paula Badosa, la remera Anna Boada o la lanzadora de disco Sabina Asenjo se han retirado de sus deportes por esta enfermedad en los últimos meses. Veteranas como la judoca vizcaína Leire Iglesias o la entrenadora de balonmano Montse Puche la sufrieron tras su retirada

Judith Romero
JUDITH ROMERO

En ocasiones, la gran presión a la que están sometidos los deportistas de élite y las expectativas que tienen de sí mismos terminan separándoles del deporte que más quieren. Cada vez más promesas del deporte femenino están dando el paso de retirarse temporalmente para cuidar de su estado emocional antes de regresar a las pistas. «Perdí la ilusión de hacer muchas cosas, y sobre todo perdí la ilusión de jugar al tenis. No disfrutaba nada, sentía una presión y una obligación», ha explicado la catalana Paula Badosa. A sus 21 años, la exitosa tenista -se encuentra entre las 100 mejores jugadoras del mundo- ha salido de este bucle gracias a su nuevo entrenador y ha roto el tabú al explicar con naturalidad el proceso por el que ha pasado.

«No soy, ni seré, la única deportista que necesita ayuda», afirmó la remera barcelonesa Anna Boada en un discurso con el que anunció su retirada en una gala del Comité Olímpico Español. Apenas tiene 26 años y el pasado mes de septiembre conquistó el bronce en los mundiales de remo de Plovdiv. Poco después, la plusmarquista leonesa de lanzamiento de disco Sabina Asenjo anunciaba un «parón indefinido» por falta de motivación y ansiedad. «Con cada entrenamiento la bola se hacía mayor y suponía una angustia porque no era feliz, tenía miedo a competir», explicó antes de marchar a Nueva Zelanda para recuperarse.

Que las mujeres deportistas compartan estas situaciones no es habitual, pero que lo hagan cuando aún no se han retirado debido a lesiones físicas o a la edad lo es aún menos. «Lo que han hecho es muy valiente, cuando a mí me ocurrió no quería que se supiera y decía que me había retirado por una lesión o cualquier cosa», confiesa la judoca portugaluja Leire Iglesias. Quinta en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y medalla de plata en el Europeo de Judo de 2008 en Lisboa, sabe de primera mano lo que es pasar por una crisis estando en activo.

Leire Iglesias compite contra la francesa Gevrise Emane Ekpwa en Pekín 2008.
Leire Iglesias compite contra la francesa Gevrise Emane Ekpwa en Pekín 2008. / TOSHIFUMI KITAMURA (AFP)

«La primera vez me llevé un batacazo porque no di el peso de la categoría para el Campeonato de España. Me confié, otras veces había bajado de peso rápido, pero logré ver las cosas de otra forma gracias a mi familia y amigos», explica Iglesias. Por aquel entonces tenía 19 años y, aunque estuvo en activo hasta los 34, sufrió otra crisis que casi le hizo retirarse en 2003. «Antes no se daba importancia a la gestión emocional de los deportistas, parecía que si no tenías algo roto estabas bien. Pero yo sentía que no había dado todo lo que podía dar, incluso me negué a clasificarme para Pekín 2008», recuerda.

Vuelta a la «vida real»

Un golpe de suerte le permitió vivir el sueño olímpico -la mujer que había sido seleccionada para ir decidió que no acudiría-, y su retirada llegó dos años después, en 2010. «Tenía 32 años y me rompí los dedos de la mano, a esa edad ya o entrenas mucho o te lesionas. Estuve bien, en el Programa de Ayuda al Deportista... pero al año y medio me dio un bajón. De repente, me di cuenta de que vivía en un mundo distinto», revela. ¿Cómo volver a llenar una vida fuera de lo común? Hoy Iglesias es una enfermera afincada en Alicante que logró recuperar su estabilidad emocional. «Pensaba que lo que necesitaba era una vida normal, pero me aburría, estaba desilusionada. La terapia me ayudó a tener una relación distinta con el deporte», explica. Ahora describe el remo, deporte que practica por afición, como «su tercera opción». «Primero están la vida personal y el trabajo, y después el deporte. Por fin siento que lo tengo todo», celebra a sus 41 años.

La exjugadora de balonmano y entrenadora madrileña Montse Puche también experimentó dificultades cuando, a los 36, se rompió el ligamento cruzado por tercera vez y se vio forzada a dejar un deporte al que había dedicado tres décadas de su vida. Pese a haber jugado 196 partidos con la selección española y representado al país en Barcelona y Atenas, su retirada en 2008 la llevó a un sitio oscuro. «Me retiré con la intención de tomarme un año sabático tras 20 años sin dedicarme tiempo a mí misma, pero al final pasé dos años mal. No salía de casa, no me relacionaba, no veía una salida. Entré en un bucle», confiesa la entrenadora del balonmano Morvedre, en Sagunto.

Montse Puche compite contra Rusia en el mundial de Zagreb, en 2003.
Montse Puche compite contra Rusia en el mundial de Zagreb, en 2003. / Davor Kovacevic (REUTERS)

Licenciada en Educación física y Educación infantil, mandó cientos de currículums en vano. «Nadie contaba conmigo porque no tenía experiencia laboral. Lo sacrificas todo con gusto por el deporte que amas, pero sólo se fijan en que no tienes nada cotizado», lamenta. Tras dos años, sus amigas pidieron ayuda al Comité Olímpico Español. «Se volcaron conmigo, me inscribí en una de sus ofertas de trabajo para transmitir valores olímpicos como el esfuerzo, el compañerismo y la cooperación en los colegios y me cambió la vida», sonríe.

La terapia ayudó a Puche, que nunca se desvinculó del balonmano. En 2015 recibió una llamada del Bera Bera para ser su entrenadora y desde entonces no le han faltado equipos a los que dirigir. «Cuando juegas a un nivel de élite o profesional piensas que te echarán una mano para integrarte en la vida normal y después sientes rabia. En países como Italia, Dinamarca o Rusia los atletas tienen una salida asegurada», valora. Ahora, esta entrenadora escucha y atiende a sus jugadoras para que no pasen por lo mismo y no teme relatar su experiencia. «Si puede servir de ejemplo para alguien que se encuentre en mi situación, quiero que sepa que este es un pozo del que se sale», anima.

Gestionar la presión

Por fortuna, cada vez más equipos y deportistas asumen que la salud emocional y mental son tan importantes como la física para tener un desempeño y una vida sana. La coach vitoriana Iciar García Peña prepara a las chicas del club de baloncesto Araski ante posibles lesiones o su retirada. «Si la presión inherente al deporte no se gestiona los deportistas terminan machacados, y el estrés aumenta la posibilidad de sufrir lesiones. Es natural pasar por un pequeño proceso de duelo en la retirada, pero hay que prepararles para este momento de la vida», recomienda. «Los deportistas somos personas y no debemos tapar lo que nos ocurre con más medallas. Puede que alguien parezca estar en la cima y cueste entender que por dentro no está bien, pero es algo que ocurre. Los entrenadores deben prevenir estas situaciones para que podamos seguir disfrutando del deporte», pide Iglesias.