El deporte de Harry Potter da alas a las chicas en Euskadi

Blanca Brenez, durante un partido con la selección española en el Mundial de Florencia, que se disputó el año pasado/
Blanca Brenez, durante un partido con la selección española en el Mundial de Florencia, que se disputó el año pasado

En el quidditch no puede haber más de cuatro jugadores del mismo género ni está permitido decir palabrotas. «Aquí no somos menos por ser mujeres», dicen las jugadoras

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

El deporte que descubrió Harry Potter hace dos décadas se juega en Euskadi. Desde hace tres años, 89 personas, hombres y mujeres en su inmensa mayoría estudiantes, practican el quidditch, el juego de las bolas y las escobas voladoras de la serie de novelas fantásticas de J.K.Rowling. Y lo hacen organizadas en tres equipos:el Bizkaia Boggarts, el Gasteiz Gamusins y el guipuzcoano Golden Dragons. Como disciplina deportiva, nació en Estados Unidos en el año 2005 en la Universidad de Middlebury, se propagó rápidamente (al último Mundial acudieron 29 países, todos ellos aficionados al deporte pero no necesariamente a Herry Potter) y llegó a España en 2012. Las diferencias entre el quidditch que ideó la escritora inglesa y el de la vida real están determinadas por la propia naturaleza de la realidad. Las escobas voladoras son sustituidas por palos que respetan la gravedad de la Tierra y los aros que sirven como metas de anotación están cerca del suelo. Los jugadores no visten capas para evitar tropiezos, sino uniformes deportivos y no es necesario prohibir conjuros ni hechizos. El quidditch se rige por un reglamento deportivo desarrollado por la International Quidditch Association (IQA), que es la organización de mayor importancia a nivel internacional dentro de la comunidad de personas que lo juegan o que colaboran en el desarrollo del mismo. En el apartado 1.1 de dicha normativa se describe esta disciplina como «un deporte de contacto e integración de género con una mezcla única de elementos de rugby, balón prisionero, lucha libre, flag football, y otros deportes». «Mientras que el juego puede parecer caótico para un observador casual, una vez familiarizado con las reglas básicas, es un deporte excitante para ver y más excitante aún para jugar», continúa.

Alba Romero, integrantes de Bizkaia Boggarts, en la Copa de España de Quidditch 2017
Alba Romero, integrantes de Bizkaia Boggarts, en la Copa de España de Quidditch 2017

En el quidditch se utilizan tres tipos de balones diferentes, juegan siete contra siete y cada jugador debe llevar un palo entre las piernas, todo un hándicap, y una cinta o banda de color en la cabeza que determina su posición. La del guardián es verde. Su misión es defender los aros de su equipo, evitar que los jugadores del otro equipo marquen y participar en los ataques de los cazadores, que son tres por equipo y llevan una banda blanca. Estos marcan goles pasando la 'quaffle' a través de los aros. Dos golpeadores por equipo –llevan una banda negra– utilizan las 'bludgers' para eliminar temporalmente del juego a jugadores del equipo contrario. Por último está el buscador, que sale a partir del minuto 18. Hay uno por equipo. Lleva una banda amarilla y deben capturar una bola que guarda en una funda un árbitro imparcial. Si la atrapa, puede tardar varios minutos y eso alarga el partido, suma 30 puntos para su equipo y finaliza el partido. Pero aún más llamativo que el desarrollo del juego es que el quidditch es mixto. Una de las grandes aportaciones de este juego que cada vez cuenta con más adeptos en España y aspira a ser federado es que, a la hora de configurar la alineación inicial, rige la denominada 'regla del máximo cuatro', que establece que cada equipo no debe alinear a más de cuatro jugadores del mismo género al mismo tiempo. «Lo que se pretende es tener diversidad en el terreno de juego», explica Andoni Aranguren, cazador en el campo, entrenador de la selección española de quidditch y portavoz de la Asociación Euskadi Quidditch. «El quidditch es un medio para dar más visibilidad a la mujer en el deporte, ya que en otras disciplinas no se las ve, y también a las personas no binarias, que no se identifican con los géneros tradicionales masculino o femenino», subraya.

Yaiza Hermoso, durante las jornadas de la Liga vasca de Quidditch.
Yaiza Hermoso, durante las jornadas de la Liga vasca de Quidditch.

Yaiza Hermoso, Blanca Brenez y Alba Romero son tres jugadoras vascas de quidditch. Es Yaiza, del equipo Bizkaia Boggarts, que suele entrenar en el Parque Tellaetxe de Barakaldo, la que arranca: «En el quidditch no eres menos por ser mujer. Yo he hecho placajes con auténticos armarios, hombres y mujeres, y me los han hecho a mí. Soy bastante bajita y se me da bien precisamente por mi estatura y porque tengo mucha fuerza bruta. El quidditch demuestra que cada uno es capaz de sacar rendimiento a sus cualidades». Otra de los preceptos que deben seguirse en el quidditch es el respeto al contrario. «No está permitido hablar mal en el campo. Ni insultar ni decir cosas como 'mierda', 'joder' o 'mecagüenlamar'. Para eso hay tres tarjetas: una azul, para las faltas leves, la amarilla para las intermedias y la roja, que dicta la expulsión del jugador. Al banquillo también se le puede castigar con ellas. Y cuando terminamos los partidos, los integrantes de los dos equipos nos vamos a comer juntos o salimos de noche. Puede que haya habido piques en el transcurso del partido, pero al final el ambiente es buenísimo», concluye.

Integrantes del equipo vizcaíno, Bizkaia Boggarts, desprovistos de los palos y los balones.
Integrantes del equipo vizcaíno, Bizkaia Boggarts, desprovistos de los palos y los balones.

En referencia al buen ambiente que se respira en el quidditch, Blanca Brenez, estudiante de ADE y jugadora en Gasteiz Gamusins, señala que «cuando eliminas los insultos y los malos tonos de raíz en el deporte, en la grada no se ve tampoco nada de esto». Lo que a Blanca le atrajo del quidditch fue la posibilidad de «medirme con hombres a un nivel de competición». «Yo he jugado a fútbol toda la vida y siempre me daba rabia que las chicas jugaran por un lado y los chicos por otro. Si todos los deportes fueran mixtos como este ayudaría a que las mujeres pudieran desarrollarse más como deportistas», sostiene. Blanca Brenez se ha habituado a que le pregunten «y en el quidditch, ¿cómo voláis?», en referencia a la películas de Harry Potter. «Entonces les enseño un vídeo de un placaje o de un mate y la gente se sorprende», indica. Alba Romero, por su parte, lleva cuatro años vinculada a esta disciplina, ahora en el Golden Dragons de Gipuzkoa. En su primer partido se hizo un esguince leve, recuerda, «pero seguí jugando». «El quidditch es un deporte de verdad. Deberían fijarse más en él», dice. Las tres jugadoras invitan a comprobar cómo el universo mágico de Harry Potter se ha adaptado a la realidad muggle (como los magos llaman a los humanos en los libros de J.K.Rowling) el próximo 27 de abril en el campo de La Vitoriana, en la capital alavesa, cuando los equipos de la Liga Norte se disputarán el torneo.