Nos veíamos en Marte en pocos años

El segundo hombre. Buzz Aldrin fotografiado por Neil Armstrong, reflejado en el centro del visor, en el Mar de la Tranquilidad el 21 de julio de 1969./NASA
El segundo hombre. Buzz Aldrin fotografiado por Neil Armstrong, reflejado en el centro del visor, en el Mar de la Tranquilidad el 21 de julio de 1969. / NASA
PEDRO DUQUEMinistro de Ciencia

Vi a Neil Armstrong pisar la Luna en una televisión en blanco y negro en la pensión Errazti de Zestoa, donde estábamos porque mi madre tenía que tomar las aguas. Tenía seis años y me impactó profundamente. Nos impresionó a todos. A los niños en especial. Creo que todos los niños del mundo soñamos entonces con participar en la conquista del espacio cuando fuéramos mayores. Millones quisimos ser astronautas, aunque en la España de finales de los 60 y principios de los 70 era algo impensable, fuera de nuestro alcance.

Años después, conocí a Armstrong en Washington. Es algo que nunca olvidaré. Me lo presentó John Glenn, con quien yo había viajado al espacio en el Discovery. Estuvimos hablando un rato, de ingeniero a ingeniero. Le pregunté por aquellos tiempos en que introdujo los simuladores de vuelo eléctricos en Occidente. Antes del éxito del 20 de julio de 1969, él creía que tenían un 90% de probabilidades de volver con vida y un 50% de alunizar. Lo del Apolo 11 fue algo heroico. Después de que Armstrong dijera «Houston, aquí Base Tranquilidad. El 'Águila' ha alunizado», le respondieron desde el Control de la Misión: «Tenéis a un montón de tíos aquí a punto de ponerse azules. Respiramos de nuevo». «A punto de ponerse azules...» es una expresión que tengo grabada y demuestra lo arriesgado de la apuesta. Habían aterrizado con los últimos 30 segundos de combustible.

Aquella noche hizo que todos, niños y adultos, creyéramos que veríamos a un ser humano pisar Marte en unos pocos años. Es muy triste ver cómo ya aquel mismo año el presupuesto estadounidense para vuelos tripulados descendió bruscamente, cómo siguió cayendo en los años siguientes... y cómo todo dejó de ser posible. Y, al otro lado del Telón de Acero, pasó lo mismo con la Unión Soviética, una vez fue derrotada en la carrera a la Luna.

Cincuenta años después, hay que reivindicar la inversión económica y en talento que hizo EE UU en el programa Apolo. Más de 400.000 personas llegaron a trabajar directamente en él. Hay momentos en la Historia en que, como dijo Kennedy, los pueblos toman decisiones difíciles y se meten en proyectos de resultados inciertos que les dan el impulso para ser líderes. El Imperio español basó su éxito en la mejor tecnología naval y de armamento de la época. Los pueblos prósperos son los que antes han invertido en tecnología y conocimiento.

La UE debería tener a largo plazo objetivos visionarios, como el del programa Apolo. Son una acicate de mejora para los pueblos. Europa debería pensar muy seriamente si puede permitirse el lujo de no ponerse un objetivo ambicioso en lo que se refiere a los vuelos espaciales tripulados, como, por ejemplo, convertirse en un socio preferente de manera que tengamos a alguien en la primera misión a Marte.