Lecturas

Las nueve críticas literarias de la semana

El escritor venezolano Ednodio Quintero. /efe
El escritor venezolano Ednodio Quintero. / efe

En esta recopilación de todos los cuentos del escritor venezolano, lo más valioso es el discurso realista de la vida de sus personajes, en cuyos rostros a menudo asoma el del autor en primer plano

Ednodio Quintero y el autobiografismo lúdico

Iñaki Ezkerra

El mejor escritor será aquél que se avergüence de ser un hombre de letras». La cita pertenece al Nietzs- che de 'Humano, demasiado humano' y expresa muy gráficamente el manoseado litigio entre el intelectual y el hombre de acción. El esfuerzo del filósofo por personificar a este último fue poco más lejos de unos magnificados escarceos sexuales con prostitutas, por los que contrajo la sífilis que le conduciría a la locura y a la tumba. Pero lo filosóficamente relevante de la conmovedora pretensión nietzscheana es que plantea de una manera explícita un reto que se ha presentado como un hecho al menos problemático en el hombre contemporáneo: el de la superación de esa dicotomía opcional entre la literatura y la vida. Hasta que llegó Roberto Bolaño para ignorarla con su 'teoría infrarrealista' y una escritura que viene a ser una insatisfactoria fusión de contrarios, una flagrante y no resuelta contradicción. Y es que, si resulta ya de por sí difícil conciliar en la vida ambas opciones (la aventura de la acción y la de los libros), en un texto metaliterario se excluyen mutuamente.

Bolaño soslaya esa contradicción, no la supera. 'Los detectives salvajes' fue la plasmación novelesca de una imposible empresa: la de hermanar lo que denominó 'realvisceralismo', y que no era sino una propuesta existencial de signo ultravitalista, con un culturalismo, que era la suma expresión de lo antivital.

En esos parámetros hay que situar 'Cuentos salvajes', volumen que reúne toda la narrativa breve del venezolano Ednodio Quintero y que ofrece rasgos innegablemente comunes con la de Bolaño. Más aún, cabe decirse que el propio título parece aludir de una forma intencionada a aquel presunto 'salvajismo ilustrado' del chileno, resaltando un aspecto de la obra de Quintero que no es el más valioso.

Lo valioso en estos textos de extensión y envergadura variables, en los que caben desde los brillantes microrrelatos que lo emparentan con Monterroso hasta las narraciones de distancia corta, media y larga, es cómo se cuela el discurso realista de la vida de sus personajes, en cuyos rostros en primer plano a menudo asoma el del propio autor. 'Viajes con mi madre', la narración con la que se cierra el libro y probablemente la más conseguida, es directamente una prosa autobiográfica y una verdadera 'nouvelle', en la que no faltan dos de las claves fundamentales que se repiten a lo largo de toda la 'producción quinteriana': la ironía no exenta de expresivo desenfado y la confidencia cargada de convincente erotismo. Otro aspecto valioso de la escritura de este autor, sobre todo de los cuentos de extensión reducida, es la estructura, unas veces circular y otras paradójica, en la que se advierte la mejor y más destilada herencia de la literatura del 'boom' y de autores tan dispares como Borges, Carpentier, Cortázar o Donoso. En este sentido, un cuento modélico de circularidad narrativa sería 'La muerte viaja a caballo', en el que un anciano, atemorizado por la cercanía de la muerte, dispara con su escopeta desde una ventana de su casa a un jinete que se revela como un fantástico desdoblamiento de sí mismo. Como ejemplo de estructura paradójica, cabe señalar el microrrelato 'Muñecas', en el que el carácter transgresor y macabro del tema no desluce la brillantez del resultado.

La verdad es que son, curiosamente, las concomitancias con el hiperculturalismo bolañesco las que deslucen levemente el conjunto, que, por lo demás, es sobresaliente. Así por ejemplo, los breves textos que abren el volumen serían perfectamente prescindibles en tanto que solo muestran cómo el autobiografismo lúdico, que a menudo es un logro en este escritor, puede devenir en un narcisismo metaliterario y casi colegial, cuando busca citas infantilmente epatantes que pueden significarlo todo o no significar nada como esta de William Blake: «El que desea y no actúa engendra la peste». Otro ejemplo todavía más gráfico de esta desafortunada índole lo hallamos en el inicio de 'El corazón ajeno', en el que, ante la noticia de la muerte de su madre, no se le ocurre otra cosa al protagonista y narrador que citar el comienzo de un libro de Camus: «'Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer.' No sé por qué recuerdo la primera página de 'El extranjero'… » La alusión literaria resulta afectada empezando porque es obvio por qué puede acordarse de tal cita dicho personaje que se enmarcaría dentro de un tremendismo cultista que no es el rasgo más loable de Quintero.

Breves milagros cotidianos

J. Ernesto Ayala

Los que conocen a la escritora inglesa, aunque criada y educada en EE UU desde muy pequeña, Jhumpa Lahiri, por sus novelas escritas en inglés tendrán que acostumbrarse a leer su nueva obra traducida del italiano, 'Donde me encuentro'. Esta autora tiene muchos lectores en todo el mundo, sobre todo después de publicar libros como 'El buen nombre' (2003) y 'La hondonada' (2013). Ahora se nota el cambio de registro idiomático. Su escritura se hace más leve y concisa. Como si manejara su nuevo idioma para la ficción con cierta prudencia. Desde hace unos años, Jhumpa Lahiri vive en Roma con su marido y sus dos hijos.

Este libro está compuesto de cuarenta y seis capítulos muy breves. Pequeñas estampas humanas llenas de vida y a la vez de cierto desasosiego. Los conduce una voz en primera persona, como si se tratara de una autobiografía, no de la autora sino de la narradora que nos cuenta su vida en una ciudad de provincia. Nunca se nos dice el sitio real desde donde se narra. Sabemos que es una mujer de unos cuarenta años, que vive sola y es profesora. Su padre ya ha fallecido, pero no su madre, a la cual va a ver dos veces al mes al pueblo donde reside. El sistema narrativo que emplea Jhumpa Lahiri aparentemente es muy sencillo. Narrar casi su vida cotidiana. Sus encuentros en la calle con un amigo, alguna referencia como de pasada a algún amante (generalmente tiene relaciones con hombres casados), una comida con amigos en la casa de alguno de ellos, un café en el bar de siempre, un encuentro con un desconocido en el ascensor de un hotel que los conduce a cada uno a su habitación. Todo transcurre así en la vida de esta mujer independiente, tal vez demasiado independiente para su gusto, pero con ese tipo de inteligente resignación que casi la pone en el territorio de una compleja felicidad. Solo voy a contar uno de los capítulos que conforman este libro que bien podría tambien ser una novela. Un día llegan a la casa de la narradora (o protagonista) una amiga suya con su marido y su hija de pocos años. Las amigas apenas pueden hablar porque el que habla hasta los codos es el marido, un tipo fanfarrón y maleducado. Cuando se marchan, la narradora descubre que la niña había hecho una raya con un bolígrafo rojo en su sofá de color blanco, sin que sus padres se lo reprocharan.

Lean este maravilloso libro. Háganme caso, por favor.

Isla trágica

Pablo Martínez Zarracina

La última novela de Philippe Claudel comienza con un narrador omnisciente y enigmático interpelando a los lectores. «Codiciáis oro y sembráis ceniza», dice una voz que se presenta como «quien os lo recuerda», y continúa: «Soy el que molesta». Lo siguiente que hace es explicar que él ha sido testigo de lo que va a contar, pero que nosotros también lo hemos sido, o lo somos. Poco importa que la isla donde se sitúa la acción no parezca existir –está dominada por un volcán llamado Brau que no aparece en ningún mapa– y su situación apenas se nos describa como «no muy alejada del país de que depende, pero que la olvida, y próxima a un continente distinto de aquel al que pertenece, pero al que ella ignora».

En ese lugar pequeño y poco acogedor no hay demasiados habitantes. Se dedican en su mayoría a la pesca y tampoco andan sobrados de nombres. El narrador se refiere a ellos con un apodo o por su ocupación. Seis de ellos –La Vieja, América, El Emperador, El Cura, El Alcalde y El Maestro– se verán involucrados en el suceso sobre el que gira el libro. Los cuerpos de tres jóvenes negros aparecen una mañana flotando en un playa. Nadie duda de que provienen «de allí abajo», o sea, de África. Las corrientes del océano, o el destino a la manera desencadenante de la tragedia griega, traslada a la isla una realidad que allí solo se conoce por los medios de comunicación. El Alcalde decide lo que hay que hacer, que no es avisar a las autoridades, sino ocultar lo ocurrido. Su futuro depende de un importante proyecto turístico y sería muy inconveniente recibir de pronto «la atención malintencionada del mundo».

La decisión de las fuerzas vivas empuja al pequeño grupo involucrado en el descubrimiento de los cadáveres a un dilema moral. Y traslada al mismo tiempo la narración hacia ese territorio alegórico, tan característico, que prefiere Philippe Claudel. Como en ese territorio no escasean los accidentes, hay que decir que 'El archipiélago del perro' está más cerca de cuentos filosóficos y edificantes como 'El informe de Brodeck' que de pesados sucedáneos kafkianos como 'La investigación'. Algo de la oscuridad de este último libro llega sin embargo hasta la isla del Mediterráneo, favoreciendo que una historia que parece prometer limitarse al género negro termine entre redobles de tragedia, con el volcán funcionando como un expendedor de simbolismo y los personajes transformados en máscaras al servicio de los grandes temas. La corrupción del alma humana y lo poco que hace falta para que un grupo sea una jauría son algunos de ellos. De fondo, una realidad tan actual como la transformación del mar en un cementerio de migrantes desesperados.

Es curioso comprobar cómo la novela sortea con habilidad los clichés hacia los que ella misma parece muchas veces acelerar. En esta ocasión Philippe Claudel consigue que el duelo entre el narrador y el preceptor que en cierto modo define su literatura se incline lo suficiente del lado del primero. También por el suave humor que consigue recordarnos que la realidad humana puede ser trágica, pero es extraño que deje de ser ridícula. El Cura de esta historia opina seriamente que el salto de altura es un deporte que está relacionado con la Asunción de la Virgen y fue creado por Dios para que «los pecadores y las pecadoras se acercaran a Él».

Una idea de Europa

Elena Sierra

Este no es, seguramente, el mejor libro de Ivan Jablonka. 'Historia de los abuelos que no tuve' y 'Laëtitia o el final de los hombres' fueron, como investigación y como ensayo, más completos o más profundos, o puede que desarrollaran temas de mayor enjundia... O que optara por desarrollar más los temas. Al historiador Jablonka le gusta excavar, unir, analizarse mientras expone y analiza la sociedad de su tiempo –a personas de su tiempo, herederas de otros tiempos–. Este que publican ahora Anagrama y libros del Zorzal no será, seguramente, el mejor... pero aun así pone sobre la mesa, en las cabezas de quienes leen, un buen montón de temas y de cosas en las que pensar. Pensar, sí, pensarse; repensar y repensarse, eso propone el autor francés.

Aquellas vacaciones en furgoneta adaptada –el camping-car del título– que los padres de Jablonka les regalaron a su hermano y a él en los años ochenta, cuando eran un par de críos, representan una manera de entender Europa que ya no existe, o que está tocada de muerte: la idea de lo común, de las raíces compartidas, de la construcción de algo más que una serie de países que se suceden en el mismo continente, de la superación de guerras y 'adns' (a los abuelos del historiador los mataron los nazis y ellos viajan en una Volkswagen). Hablan de universalidad, de derribar fronteras, de ampliar horizontes, de comunidad supranacional. Hablan también de una cuenca mediterránea que tiene una larguísima Historia común, de civilizaciones y culturas que se expandían y contagiaban valores.

Hablan de la conexión de uno mismo con tantos otros. Y de practicar y entender la libertad, propia y ajena. No será el mejor, pero no está nada mal.

Un adiós estremecedor

Íñigo Linaje

Decir que Ignacio Carrión es el diarista más audaz y honesto que han dado las letras españolas estas últimas décadas no es una exageración. No lo es si tenemos en cuenta el alcance de un proyecto autobiográfico que abarca más de cincuenta años de vida y una escritura tan directa como sincera.

Donostiarra de nacimiento, aunque valenciano de adopción, el escritor publicó a lo largo de su carrera –aparte de artículos y novelas– cuatro volúmenes de diario. El primero de ellos, el monumental 'La hierba crece despacio' (2007), fue el más polémico de todos por su desnudez emocional y por los personajes públicos que retrataba y quedaban en entredicho. Ahora, dos años después de su muerte, aparece póstumamente este cuaderno que recoge anotaciones de sus últimos días: un auténtico dietario (en el sentido etimológico del término) en tanto que sirve de registro cotidiano de su lucha contra el cáncer.

Vitalista a la fuerza pero irremediablementre atroz, el libro mantiene las constantes de los tomos anteriores: inmediatez, precisión y gusto por la frase corta y la reflexión austera, un estilo narrativo aprendido en la disciplina del periodismo. «Hago lo posible por romper el cerco de la depresión. No es fácil pero he de intentarlo. Al menor contratiempo mi sistema nervioso salta y me incapacita para afrontar el tiempo que me queda».

Si la prosa de Carrión fue siempre prodigiosa por su falta de pudor, aquí lo es hasta el límite de reseñar los aspectos más escatológicos de su enfermedad, lo que convierte 'Diario último' en un testimonio devastador de la decadencia de un hombre: palabra eternamente viva que no descansará nunca en paz.

El sueño de la razón

Berna González Harbour inauguró la serie de novela negra protagonizada por la comisaria Ruiz con 'Verano en rojo'. Le siguieron 'Margen de error' y 'Las lágrimas de Claire Jones'. Ahora llega 'El sueño de la razón', una cuarta entrega en la que la heroína se enfrenta a una amenaza tan grave como huidiza que empieza a insinuarse con la aparición de unos animales muertos y se concreta en el hallazgo de un cadáver encadenado a la barandilla del Manzanares. La víctima es una becaria de Historia del Arte de la Complutense y la comisaria Ruiz tendrá que ponerse a investigar ese caso, que la llevará del Madrid actual al de Goya, en unas circunstancias excepcionales. Expedientada y pendiente de un juicio por insubordinación, sin placa, sin equipo, sin uniforme y sin pistola.

El artesano

'El artesano' es la última novela de la británica Sharon Bolton y en ella plantea el clásico caso de los crímenes que llevan la impronta de un asesino ya fallecido. Este era Larry Grassbrook, un fabricante de ataúdes de la localidad inglesa de Sabden, y sus víctimas fueron niños a los que enterró vivos. Florence Lovelady resolvió brillantemente el misterio cuando era una novata y aquel éxito la promocionó profesionalmente. Han pasado 30 años y Grassbrook ha muerto entre rejas, pero Lovelady se encuentra de nuevo con aquel criminal modus operandi. El dilema es obvio: o estuvo errada y detuvo a un inocente o alguien se ha propuesto copiar a aquel asesino en serie. Las cosas se complican más cuando es su propio hijo el que desaparece en circunstancias similares.

Simone de Beauvoir

En 1949, Simone de Beauvoir publicó 'El segundo sexo', un ensayo de referencia básico para el feminismo en el que reflexionaba, con una ambición enciclopédica y sirviéndose de conceptos existencialistas, sobre los factores artificiales que han modelado la identidad de la mujer en la sociedad y en la cultura occidentales, pero que, de modo erróneo e interesado, se toman por naturales y biológicos. Especialista en Teoría Feminista contemporánea, Cristina Sánchez Muñoz aborda en este ensayo subtitulado 'Del sexo al género', esa aportación fundamental que quedó ejemplificada en el célebre lema de 'no se nace mujer: llega una a serlo' y cuya tesis se resume en que la condición femenina es un producto cultural construido socialmente y susceptible de modificación.

Shakespeare llega a España

Catedrático de la Universidad de Murcia y gran estudioso del teatro shakespeareano, Ángel-Luis Pujante es el autor de este ameno estudio crítico sobre el enconado rechazo que encontraron las obras del genio británico para ser reconocidas en nuestro país. Shakespeare fue objeto de todo tipo de objeciones y dificultades por parte de los clasicistas, hasta el Romanticismo, en el que finalmente se aceptó y admiró esa obra después de unas cuantas décadas de recelos, desdenes y encendidas polémicas. Desde ese reconocimiento que le profesaron de forma pionera los románticos, ese legado ha ido creciendo en importancia, como lo prueban la gran cantidad de estudios, traducciones, producciones teatrales y cinematográficas que hoy se le dedican.

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