Las nueve críticas literarias de la semana

Paz, amor y deth metal

Iñaki Ezkerra

El 13 de noviembre de 2015, sobre las diez de la noche, un grupo yihadista irrumpió en la sala Bataclan del bulevar Voltaire de París y abrió fuego sobre las 1.500 personas que escuchaban un concierto de la banda estadounidense de rock Eagles of Death Metal. El dramatismo de lo que estaba sucediendo en aquel recinto cubierto y diseñado para espectáculos musicales tenía algo en común con el del asesinato de Miguel Ángel Blanco: la muerte anunciada. No la muerte que ya se ha producido una o varias horas atrás, sino la que va a tener lugar en eso que llaman 'tiempo real'. Los medios de comunicación informaban en directo de que los terroristas «habían empezado a ejecutar» a las personas que se hallaban en el interior de aquel teatro. Este hecho, el de saber que se iban a suceder los asesinatos, pero que «nadie podía hacer nada en esos momentos para evitarlo», ese sentimiento de impotencia que unía de modo fatalmente empático a quienes sufrían la amenaza con quienes la percibíamos a través de las radios o las televisiones en aquella inolvidable noche, es lo que ha sabido contar, transmitir, reproducir exactamente Ramón González en 'Paz, amor y death metal'.

Ramón González es un español que nació en 1984 en Daimiel, una localidad de la provincia de Ciudad Real, y que llevaba ocho años viviendo en París, donde trabajaba como consultor informático. Ese día, acudió con Paola, su novia de nacionalidad argentina, y con otra pareja, Lucía y Carlos, a aquel concierto que terminó en un baño de sangre. Leer las páginas de 'Paz, amor y death metal' es algo más que introducirse con una cámara en medio de aquella matanza. Es ponerse en la piel de quien pudo ser una de sus víctimas mortales. Del reto de hacer partícipe al lector de esa sensación insoportable de que una bala pudiera acabar con su vida en cualquier instante, este autor de 34 años sale absolutamente victorioso porque no cae en ningún momento ni en la contención ni en la sobreactuación. No hay una sola palabra de más en un relato que se narra en un pasado de primera persona y que, al centrarse en los momentos más críticos, se lee como el mejor y más conseguido 'thriller', porque, además del carácter autobiográfico, posee un valor exclusivamente literario. Quiero decir que Ramón González podría haber fracasado en esta difícil empresa de contar unos sucesos que lo implicaban de forma extraordinaria y por esa razón misma. Podría no haber tenido la inteligencia precisa para hacer con esa dura vivencia un texto literario; haber incurrido en la afectación estilística, la torpeza efectista, el trascendentalismo pedante y en mil vicios que acechan en la selva de la escritura. Se ha dicho que esta experiencia traumática lo convirtió en un escritor, pero esa afirmación no es exacta. El escritor estaba ahí antes de que ocurriera lo que se cuenta en este texto. Lo está en el modo en que lo cuenta, sin distraer al lector de lo importante, y también en lo que su mirada pudo seleccionar de aquella caótica y excepcional situación.

Y así lo vemos con una lograda sensación de realismo moverse entre el gentío antes de que llegara el horror, pedir unas bebidas para su chica y sus amigos, bailar, considerar la posibilidad de irse a otros puntos de la sala. Y así también lo vemos cubrirse la cabeza con las manos cuando comienzan las detonaciones o contemplar como la peor posibilidad que un tiro le alcanzara en otro lugar del cuerpo y se prolongara su agonía. Y así, en medio de las carreras y los empujones por la supervivencia, que él confiesa honestamente haber dado a los otros, surge un chusco mensaje en el móvil ajeno a la tragedia: «Hola. La fusión jurídica de las tres sociedades acaba de concluir. (…) Mañana volvemos al trabajo. Buenas noches a todos».

Ramón González cuenta en esta novela testimonial cómo al día siguiente no volvió al trabajo; cómo en realidad no volvió nunca al trabajo que había tenido hasta entonces porque no le satisfacía y cómo acabó buscando una rutina más gratificante en dar clases en un centro de enseñanza secundaria al noroeste de la ciudad del Sena para la 'Éducation Nationale'. Cuenta su convalecencia, su alejamiento de la música o cómo en un principio ocultó a su familia lo que había vivido aquella noche porque su madre tenía problemas de corazón y podía ocasionarle un infarto; cómo su novia tardaría meses en contárselo a los suyos; cómo recibió la ayuda de una psicóloga, madame Girard, que le aseguró que olvidaría en diez días el rostro del terrorista que recordaba de aquella noche. Un pronóstico que no se cumplió.

Estamos en la era de la narrativa de autoficción. Sé que hay críticos muy severos con esta tendencia, otros indulgentes y los hay también jaleadores. Luego están, entre los que me cuento, los eclécticos en la materia. Si el libro funciona, bienvenido sea. Aquí no hay espacio para hacer una reflexión, pero me atrevería a decir que mientras la vida de uno tenga algo interesante que aportar a ese gran misterio que es la psicología profunda de la especie humana, la autoficción nos puede ser tan beneficiosa y útil ética y estéticamente como una historia inventada. Sobre esto he pensado leyendo la novela de la escritora norteamericana Alexandria Marzano-Lesnevich, 'Nada más real que un cuerpo'. Un asesinato y unas memorias. Conviene decir que la autora es abogada y preside una fundación para la lucha contra la pena de muerte en su país. Es casi una tradición en la narrativa donde los autores son abogados penalistas y parte de su experiencia la trasladan a sus libros de ficción. Daré un ejemplo. El creador del célebre Perry Mason, paradigma del abogado defensor por antonomasia, fue abogado él mismo y acérrimo defensor de inocentes.

Nada más real que un cuerpo | La novela es una indagación implacable en torno a un cuerpo humano ofendido

J. Ernesto Ayala

'Nada más real que un cuerpo', como indica su subtítulo, conjuga dos historias. Una profesional y otra personal. Alexandria Marzano-Lesnevich sigue el caso de un pedófilo que asesina un niño de siete años. El relato se bifurca en dos direcciones que se van cruzando hasta que al final confluyen. En realidad son dos historias. En una la autora, cuyos padres también son abogados, destripa el caso de la pedofilia, entrando en su entramado familiar y social. Este asunto, casi sin quererlo, la lleva hasta el seno de su familia. Aquí se desgranan momentos difíciles de asumir desde la distancia, por la gravedad de los hechos mismos y por la necesidad de asumir que algo terrible sucedió en su pasado. La autora rastrea la historia familiar del pedófilo. Necesita saber si todo lo que ocurrió pudo haberse evitado. Necesita saber si el acusado de tan abominable crimen tiene algo a lo que aferrarse para exigir el perdón. En lo que respecta a su historia personal, la autora necesita saber qué sabe el resto de la familia. Cuándo lo supieron y por qué lo callaron. Y una vez sabido lo casi inasumible, qué se puede hacer con esa información para que la vida no se convierta en un infierno.

'Nada más real que un cuerpo' es un viaje a lo indecible. Pero también es una indagación implacable en torno a un cuerpo concreto, a un cuerpo humano ofendido. Y sobre todo una interrogación crucial al cuerpo social.

Una boda francesa | Antes que la Houellebecq, esta novela ya planteaba la llegada de un musulmán al Elíseo

Pablo Martínez Zarracina

Sarkozy llega a la segunda ronda de las elecciones francesas enfrentándose a un rival inesperado. Se llama Idder Chaouch, es el candidato socialista y los sondeos van a su favor. «Guapo, carismático y competente, eurodiputado, alcalde de una ciudad del extrarradio», Chaouch es el hombre de moda; le apoyan «los famosos y los intelectuales, Zidane y compañía». También es el primer político francés de origen árabe que puede alcanzar la presidencia de la República. Es el candidato de la diversidad. Son las elecciones de siglo.

La víspera de la jornada electoral, los Nerrouche celebran una boda en Saint-Étienne. Se trata de una familia amplia y bulliciosa que responde a un patrón habitual en el país: los abuelos llegaron de Argelia y dos generaciones después sus nietos son franceses de pleno derecho, pero en cursiva. Esos jóvenes han corrido suertes muy distintas. Uno de ellos, Faoud, vive en París y protagoniza la serie televisiva del momento. Su primo Krim, furioso y desubicado, es en cambio un pequeño delincuente en la 'banlieue'.

'Una boda francesa' es la primera entrega de una trilogía titulada 'Los salvajes' y abarca las horas en las que el destino de Francia choca contra el de los Nerrouche. Al estar ante una novela que se sostiene sobre la pura intriga, no revelaré detalles. Solo diré que, en torno a la página 250, los Nerrouche se reparten entre el hospital y la comisaría. Y Francia se precipita en una crisis política sin precedentes.

Parece que 'Los salvajes' ha tenido un gran éxito en Francia y es comprensible: estamos ante un 'thriller' capaz de enganchar al lector, eso que suele llamarse un 'best seller' de calidad. Sabri Louatah plantea una hipótesis política llamativa, pero plausible, y amplía a su alrededor el foco para iluminar un retrato general de la sociedad francesa, desde los traficantes de barrio hasta los altos poderes del Estado. Todo termina resultando más impactante que revelador, pero el autor maneja muy bien el ritmo del libro, evitando de un modo notable los adornos y las digresiones, manteniendo una tensión constante y una seriedad suficiente.

Resulta inevitable pensar que 'Los salvajes' coincide en su presupuesto central con 'Sumisión', la novela de Houellebecq. Ambos libros se plantean la posibilidad de que un político musulmán llegue al Elíseo. Hay que decir que la novela de Sabri Louatah es anterior. Y que sus propósitos no pueden ser más diferentes. Si Houellebecq perseguía la transformación de la crónica del fin de una civilización en una parábola cultural, Louatah persigue más bien una historia compacta, significativa y emocionante que pueda convertirse en la serie del año en la HBO. Atendiendo a ese propósito, la primera entrega de 'Los salvajes' es un buen trabajo. Sus debilidades literarias tienen que ver con ese mismo propósito. Por ejemplo, la escasa densidad de la mayoría de los personajes, que es algo que compensarán sin duda los actores con su presencia imponente y sus tonos de voz atormentados. Hay, sin embargo, algo injusto en recriminarle a un autor que no consiga lo que no pretende conseguir. 'Una boda francesa' es un texto hábil, seductor y trepidante: la novela perfecta para devorar en un largo viaje de avión sin tener que añadirle al 'jet lag' la sensación de haber perdido el tiempo.

La mirada de la ausencia

Elena Sierra

Hay autores locales que tienen a Bilbao como escenario principal de sus tramas, eso ya no es cosa rara. Lo raro es remontarse en el tiempo hasta, por ejemplo y como ha hecho la escritora Ana Iturgaiz, la tercera guerra carlista, casi en el último cuarto del siglo XIX. Del asedio, los bombazos y los edificios que se caen –sobre las personas de a pie que sufren la guerra, en una época en la que la mayoría de la gente tampoco lo pasaba muy bien en momentos de paz por mucho que el dinero fluyera– se hace eco 'La mirada de la ausencia', una novela histórica y de amor (el que viven Inés y Javier) que para los lectores bilbaínos tiene sobre todo el aliciente de imaginar esa Villa mucho más pequeña, casi casi limitada a las Siete Calles y sus inmediaciones, y el día a día de quienes la habitaban.

La autora ha hecho un buen trabajo de documentación, dejándose guiar por los textos de Unamuno y de algunos aficionados a la Historia local que han volcado en sus blogs lo que saben del sitio de la ciudad y de las batallas de los alrededores, como esas de Somorrostro que parece mentira que se hayan perdido en el olvido. Lo mismo ha hecho para construir al principal personaje masculino, Javier, un fotógrafo con afán de reportero, capaz de meterse de cabeza en una de espías para hacer su trabajo y labrarse un nombre. La parte técnica del manejo de las cámaras de entonces tiene su aquel, como toda la descripción costumbrista de los trabajos, las miserias y los paseos de los bilbaínos de 1874.

China fast forward

Zigor Aldama

China no es un país. Es un complejo universo paralelo que funciona con sus propias reglas. Entenderlo primero, y explicarlo después, es la misión imposible a la que nos enfrentamos los corresponsales que vivimos en las entrañas de un gigante que, para complicar aún más la labor periodística, cambia a velocidad de vértigo. Con 'China Fast Forward', Sergi Vicente se convierte en el informador español que ha compuesto el retrato más completo y mesurado de este mosaico aparentemente contradictorio. A todo se acerca sin el sesgo político que empaña la visión de quienes alaban o denigran sin matices el régimen comunista que gobierna el país. Le importan las personas, y el abanico de las que ha conocido abruma. El relato se convierte también en una lección magistral de periodismo. Porque Vicente no pertenece a la tribu de quienes escriben sus crónicas desde la habitación de un hotel. Mete su cámara en manifestaciones a las que nadie más logró acceder, en manicomios que se utilizan para acallar a peticionarios, en las ruinas que dejó el terremoto de Sichuan, o en las fábricas que producen los objetos de deseo de Occidente.

En el libro también cuenta cómo lo hizo, las artimañas que se vio obligado a utilizar, y las consecuencias que tuvo cuando fue descubierto. A Vicente las autoridades chinas lo han detenido casi una veintena de veces, pero eso no le impide ver las bondades de un país que está cerca de erradicar la pobreza y que ha protagonizado el proceso de desarrollo más fascinante de la historia. 'China Fast Forward' es un libro que cualquiera interesado en China debería leer. Es más, harán bien en leerlo también quienes no se vean atraídos por el país, porque lo que suceda aquí les va a afectar.

Fuego en la montaña

Edward Abbey (1927-1989) es un mítico referente de la contracultura y el ecologismo en EE UU. El sello Erata Naturae recupera ahora una de sus novelas, 'Fuego en la montaña', que tiene como protagonista a Billy, un muchacho norteamericano que cada verano deja atrás a sus padres y la vida urbana para meterse en un tren, cruzar el país y visitar el rancho de su abuelo en Nuevo México donde le espera un caballo para recorrer un inmenso y yermo territorio salvaje bajo el sol ardiente. Cuando cumple 12 años, se topa con la noticia de que el Gobierno planea expropiar las tierras de su abuelo para instalar un campo de pruebas de misiles de la Fuerza Aérea. La novela relata la lucha del anciano y su nieto por defender las tierras que la familia de ambos arrebató a los indios.

El secreto del Rey Alquimista

El 'Códice Voynich', también llamado 'Códice Ochavado', es un manuscrito cifrado del s. XV que hoy se conserva en la Biblioteca Beinecke de libros raros de la Universidad de Yale y del que se ignora todo, tanto su contenido como la identidad de su autor. En torno a esta enigmática joya bibliográfica pivotan los pasos de los personajes de 'El secreto del Rey alquimista', la nueva novela del donostiarra Álvaro Bermejo: el Felipe II que encarna a una corona arruinada y que ha trasladado hace diez años la Corte de Toledo a Madrid; su primo Rodolfo II de Habsburgo, que vive entre la alucinación y la bancarrota del Sacro Imperio Romano Germánico del que es cabeza visible, un hidalgo sin fortuna, el matemático John Dee, el pintor Arcimboldo, el rabino de Praga Judá León, que creó el Golem…

Peces de colores y hormigón

'Peces de colores y hormigón' es un relato de la escritora holandesa Maartje Wortel (Eemnes, 1982) que carece del clásico esquema de planteamiento, nudo y desenlace; una especie de oda a sus padres y a la ciudad de sus padres, Tilburg, municipio situado en el sur de los Países Bajos, en la provincia del Brabante Septentrional. Ilustrado con dibujos abstractos de Janine Hendriks, el texto es de una prosa poética que oscila entre el lirismo intimista y el carácter experimental. El título alude a una vivencia de la autora, a un pez que colocó en cierta ocasión sobre una superficie hormigón, junto a una vía de tren, para comprobar que aceptaba su suerte sin moverse. El destino es una de las claves de este libro desde su inicio: «Mi padre dice que acabó en Tilburg porque un día se metió en un coche».

El libro Pussy Riot

El 21 de febrero de 2012, Nadya Tolokonnikova, una joven rusa de 23 años cofundadora del grupo feminista Pussy Riot, fue detenida por protagonizar una canción-protesta contra Putin en una iglesia de Moscú y pasó en prisión un año y medio que la convirtió en un símbolo internacional de la denuncia radical de la represión antidemocrática y la corrupción político-económica en su país. 'El libro Pussy Riot' es un alegato contestatario de 264 páginas en defensa de los derechos y libertades individuales. En él, Nadya cuenta su historia y expone sus principios en los que la ideología se confabula con el arte fusionando la estética punk con la ética testimonialista, la acción directa con el discurso filosófico, el compromiso subversivo contra el autoritarismo con la alegría y el optimismo creativos.