De Edgar Allan Poe a The Clash

Retrato de Borja González y portada y páginas interiores de su libro./
Retrato de Borja González y portada y páginas interiores de su libro.

En 'The Black Holes' Borja González plantea una reflexión sobre las formas de percibir el tiempo, con ecos de romanticismo oscuro y sonido de música punk

ELIZABETH CASILLAS

Ahora que hemos dado por válida la definición de sociedad líquida de Zygmunt Bauman y que hemos asimilado que la vida de nuestros abuelos será a nuestros ojos cada vez más marciana –con sus trabajos fijos, sus bodas de oro–, adentrarse en la nueva novela gráfica 'The Black Holes' de Borja González (Badajoz, 1982) se antoja una tarea más natural, más fluída. Un relato en paralelo que narra las vidas de dos adolescentes, Laura y Teresa, donde las diferentes percepciones que cada una de ellas tiene del tiempo son el eje vertebrador de la historia.

Teresa es una joven rebelde de mediados del siglo XIX, capaz de recitar a Edgar Allan Poe de memoria y que trae de cabeza a su familia con sus escritos: poemas sobre vampiros, criptas, bicicletas de fuego y hombres del futuro forman parte de su imaginario. Laura, por su parte, es una chica perdida en pleno siglo XXI que tararea canciones de The Clash y quiere montar una banda punk junto a sus amigas Gloria y Cristina. La llamarán 'The Black Holes', y aunque no tienen formación musical alguna, les sobra actitud. Por extraño que parezca, las vidas de Teresa y Laura están destinadas a encontrarse.

'The Black Holes' (Ed. Reservoir Books) es una historia de viajes emocionales en el tiempo que poco tiene que ver con clásicos de la ciencia ficción como 'El tiempo en sus manos' de George Pal, en la que el dibujante quería enfrentar dos visiones diferentes sobre el tiempo y la manera en que reaccionamos a él. «Por un lado, Teresa se mueve bien entre las distintas capas de realidad que componen su día a día, es perfectamente capaz de introducir esa experiencia en sus ficciones y todo eso le da fuerzas para mirar al futuro o incluso obviarlo. Laura es todo lo contrario, y recurre al pasado continuamente para construir su imaginario, su propia realidad», apunta el autor. Así, en el cómic se dibuja una dicotomía que, si bien no tiene por qué representar a toda una generación, da una idea aproximada de cómo el miedo es el motor principal de los 'millennials' y el escepticismo su actitud fundamental, tal y como apuntaba Meredith Haaf en su ensayo 'Dejad de lloriquear' (Ed. Alpha Decay).

Sus personajes sin rostro tienen reminiscencias del teatro de sombras

Cuestión de estilo

'The Black Holes' tiene ese punto nostálgico de Laura, su añoranza vive en sus paredes de las que cuelgan pósters de bandas como The Damned y películas de serie B estrenadas mucho antes de su nacimiento como 'El ataque de la mujer de los 50 pies' de Nathan Juran, y se debe a la gran influencia que la cultura pop tiene en el artista. «Influyen tanto o más que el propio cómic. Cierta literatura de ciencia ficción o sobrenatural tienen un gran peso en mi trabajo, como 'Un fragmento de vida' de Arthur Machen, la obra de J. G. Ballard, Philip K. Dick o Thomas Pynchon, por poner ejemplos. También el cine y, en los últimos años, la narrativa fragmentada de los videojuegos. Hay mucho de todo eso en este cómic», explica el dibujante.

Teresa, por su parte, le aporta ese romanticismo oscuro de Poe, que es captada de forma magistral por el ilustrador. Con un dibujo preciosista, que encaja perfectamente con su narrativa bidimensional, González regala unos personajes sin rostro de una belleza fantasmagórica que tiene una reminiscencia de teatro de sombras, pero también de Mike Mignola, y un uso del color delicado y ligero. Llegar hasta este estilo pulido y cuidado ha sido un proceso que comenzó por la simplificación. «Trabajaba en blanco y negro y lo llenaba todo de detallitos y tramas. Fui sintetizando mi estilo, e introducir el color fue fundamental. Al principio era una cuestión meramente estética, pero poco a poco eso se mezcló con ciertos temas que me interesaba tratar. Forma y fondo se mezclaron en algún momento, y lo cierto es que ahora estoy muy cómodo trabajando», asegura.

'The Black Holes' es la segunda novela gráfica del autor extremeño. Antes había publicado 'La Reina Orquídea' (2016), recibiendo una gran acogida por parte de la crítica. A ambas obras les une que los personajes femeninos tienen especial relevancia y copan todos los papeles protagonistas. Al preguntarle sobre si existe algún motivo concreto, el dibujante se muestra dubitativo: «Hay más de uno, en realidad. Pienso mucho en ello, en las razones para hacerlo y en la manera en que los lectores lo entienden, pero es algo en lo que sigo trabajando. Por eso tengo problemas para ser concreto con este tema, porque yo mismo sigo intentando entenderlo o razonarlo. Pero opino que el feminismo es, entre otras muchas cosas, un cambio de mentalidad importantísimo y una oportunidad para los hombres a la hora de recuperar una parcela sentimental que nos hemos vetado nosotros mismos. Estamos en un momento maravilloso para sentarnos tranquilamente y aprender. Y en esas estoy yo».

Borja González acaba de dar el salto a un gran sello, pero su anterior novela gráfica fue publicada por la pequeña editorial El Verano del Cohete, que él mismo había creado a medias con Mayte Alvarado, también ilustradora y autora del fantástico cómic mudo titulado 'E-19' (2015). Esta experiencia le sirve para mantenerse conectado a la realidad: «Aprendimos muchísimo. Antes de eso, Mayte y yo ya estábamos haciendo fanzines, así que quisimos dar otro paso y aprender a diseñar y maquetar libros, a trabajar con imprentas y libreros. Y con distribuidores también, aunque ahí nunca llegamos a entender nada. Pero en general fue una experiencia fantástica y nos ayudó mucho en todos los aspectos», señala. Sin embargo, compaginar la figura de editor y creador resultaba agotador. «Terminé exhausto tras publicar 'La Reina Orquídea', y eso que en aquel momento la editorial ya la dirigía Mayte casi en solitario. En ocasiones, pienso que los autores están demasiado desconectados de las realidades del mercado, y también que algunos editores olvidan con demasiada facilidad quién está detrás de una obra, el tiempo que le dedica y lo que significa en su vida».

 

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